Miércoles, 02 Septiembre 2020 21:00

El relato populista vuelve a renacer de las cenizas

Nuestra democracia ya no podrá resistir muchos más golpes a su integridad jurídica. Una vez más los ataques severos del kirchnerismo a su estructura consiguen hacer el daño que buscan y está visto que la consigna cristinista del “vamos por todo” ya casi es una ley de aplicación obligatoria. 

El escándalo en la Cámara de diputados del martes pone al descubierto hasta dónde el oficialismo es capaz de estirar la cuerda. Ya no hay límites y los flancos se abren dejando al descubierto cada una de las maniobras para volver a la sociedad con la que sueña la viuda de Kirchner, es decir, un país donde los delincuentes tienen más derechos que sus víctimas, donde las leyes se aprubean sí o sí aunque haya que saltearse todas las normas tradicionales del funcionamiento del Congreso, donde la Justicia sea un instrumento del Poder Ejecutivo, donde el campo y los empresarios sean los enemigos a castigar, donde los medios de comunicación deben ser amordazados a cualquier precio y ahora se agrega el castigo duro a la clase media, culpable de las protestas callejeras y los cacerolazos que tanto molestan e inquietan a la vicepresidenta. Prueba de todo esto son los hechos vividos por los argentinos en las últimas horas.

En el senado de la provincia de Buenos Aires, el senador Francisco Durañona, es el encargado de hacer ley un proyecto que pretende dejar en libertad a los delincuentes ya condenados, algo así como una amnistía encubierta. La ministra de Justicia de la Nación, Sabina Frederic, mujer de confianza de Cristina Fernández, decidió que los verdaderos delincuentes en la toma de tierras de Parque Nacionales en El Bolsón y Villa Mascardi son un grupo de pseudos mapuches que ya subieron a las redes la venta de terrenos usurpados, eran los vecinos que organizaron un banderazo patriótico contra la toma de las tierras.

La funcionaria no dudo en denunciar penalmente a los manifestantes y pidió que se investigue la posible instigación a cometer delitos, asociación ilícita y apología del crimen. En la denuncia dejo escrito que en la marcha los vecinos “podrían estar excediéndose del legítimo ejercicio constitucional a manifestarse y expresar ideas u opiniones y podrían configurar la comisión de algunos de los delitos”.

Además para defender a los usurpadores aseguró que las tomas “no son un tema de seguridad” sino un “problema de déficit habitacional”. Hoy ya sabemos, porque en la toma se pusieron banderas con las siglas de la “empresa”, que este episodio es parte del negocio inmobiliario que habría montado Juan Grabois junto con punteros políticos y funcionarios municipales.

La puesta en marcha inmediata de la venta de los terrenos ocupados no puede obedecer a otra cosa. Los okupas no tienen idea de cómo se manejan las redes sociales, alguien los maneja y ya sospechamos quienes son. La justificación del delito es parte del espíritu kirchnerista. El penoso espectáculo puesto en marcha y orquestado por Sergio Massa, presidente de la Cámara Baja, es otra muestra del “vamos por todo”. Massa despojado ya de todos sus disfraces y perdiendo tal vez su última oportunidad para ser un político con futuro, se prestó a dirigir un circo no solo defectuoso por la forma sino malintencionado por su fondo. Cuando la diputada Soher El Sukaria le pidió a Massa que dijese si ella y sus compañeros de la oposición, que se ubicaban en su bancada, estaban presentes o no en el recinto, porque el presidente no los reconocía e insistía con que solo tendría en cuenta la presencia virtual cuyo protocolo ya estaba vencido.

Nunca contestó, pero los ignoró e insistió en indicar su ausencia mirándolos a los ojos. Massa prefería que la sesión se hiciera vía internet así podíamos ver al diputado Leopoldo Moreau durmiendo en un cómodo sillón, por ejemplo.

En ese clima el oficialismo pretendía convertir en ley La Reforma a la Justicia y el congelamiento de las tarifas de internet a las empresas privadas. Ambos proyectos son producto de la usina cristinista con dos intenciones, conseguir su impunidad en los procesamientos penales y castigar al Grupo Clarín. El rayo que no cesa diría el poeta Miguel Hernández.

Todo está mal para el castigado Alberto Fernández que también agotó sus disfraces y cedió a la presion de su vice presidenta, al final, la auténtica jefa del estado argentino, con sus caprichos, sus odios y sus ambiciones populistas. La semana pasada desde el corazón más duro del kirchnerismo se decidió que había que “pegarle” a Rodríguez Larreta. Su aumento en imagen positiva inquieta al peronismo que ya ha decidido abrir una pre campaña de cara a las elecciones 2021.

El jefe porteño ya no es un “amigo”, y el propio Alberto Fernández dejó claro cual será su posición de ahora en más con el jefe de la Ciudad. A Cristina, recordemos, la ponen muy nerviosa las encuestas y el cambio de actitud tan brusco del presidente solo puede obedecer a una orden o a una “sugerencia” de cumplimiento obligatorio.

Deicidamente la pandemia ya es en Argentina una cuestión política. Ahora además la realidad obliga al gobierno a admitir el fracaso sanitario de su cuarentena, la más larga del mundo en esta pandemia. La guerra declarada va in crescendo y hace unos días que Alberto Fernández dijo en Santa Fe que Buenos Aires es una ciudad que nos llena de culpa, de verla tan opulenta, tan desigual y tan injusta con el resto del país, Siempre soñé con el momento en que Buenos Aires le devuelva al resto del país todo lo que este le dio”.

Los números oficiales lo desmienten, ya que la Ciudad aporta al Estado mucho más de lo que recibe por coparticipación. Y pensar que al principio, allá por mediados de marzo, nos creímos el cuento.

Es más, la mayoría de los argentinos creyó el relato y confió en el gobierno y en su presidente. Aquella primera imagen de Alberto Fernández rodeado de Horacio Rodríguez Larreta y Axel Kicillof explicando la puesta en marcha de una severa cuarentena, y asegurando que salvaría la vida de miles y miles de compatriotas fue una foto que nos llamaba a pensar en un clima de diálogo y convivencia política. Dijo entonces el jefe de Estado: “Entre la vida y la economía voy a defender siempre la vida”.

Sonó a padre protector, sonó bien. Ya estamos entre los diez países con más casos de coronavirus y los ciudadanos hastiados, hartos, ya no creen ni una palabra de los vaticinios y ni una sola de las cifras que se manejan oficialmente. Como era de esperar, una vez más la política sucia le ganó la pulseada a las buenas intenciones. La carta astral de presidente lo muestra como una especie de Ave Fénix que renace una y otra vez de las cenizas, sin embargo lo que deben querer decir los astros es que el “sueño populista” está echando nuevos brotes y no son verdes.

V. Cordero

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