Jueves, 01 Octubre 2020 01:04

¿Una grieta en el glaciar? Por Daniel Zolezzi

La Corte falló como tenía que fallar. Lo hizo conforme a su doctrina tradicional: dentro del mismo fuero, con igual competencia y con la misma jerarquía, los traslados de los jueces no requieren nuevo acuerdo del Senado. Sin pronunciarse – aún - sobre el fondo del asunto, la Corte ha vedado al Consejo de la Magistratura innovar sobre la situación de los jueces Bertuzzi, Bruglia y Castelli. Es decir, los jueces ante cuyos estrados se ventilan causas penales, en las cuales el vicepresidente está seriamente comprometida. 

Que la Corte haya hecho lo debido, no quiere decir que, de antemano, ello cayera de maduro. Con unas u otras composiciones y más de una vez, ese tribunal ha atendido a razones “políticas” que obstruyeron el paso del Derecho y de la Justicia.

Ahora no fue así. Y, sin que esté dicha la última palabra, el criterio sentado por la Corte al disponer esta cautelar resulta prácticamente inmodificable para cuando se resuelva la cuestión de fondo. Sentencia que no ha de tardar demasiado.

Sentado ello, veamos el contexto en el cual se dictó la resolución comentada. Este gobierno, desde que asumió, se ha consagrado a levantar un dique de impunidad alrededor de su vice y de la corrupta red de funcionarios de alto rango y de falsos empresarios que la rodeaba y que la rodea.

Esa tarea estuvo muy por delante de otras de envergadura, tales como la renegociación de la deuda externa o el combate contra la pandemia. Por primera vez, un gobierno se traza una ruta semejante. Primero la impunidad, después veremos.

Puestos en ello, la vice y Don Pelele de la Rosada se abocaron a la ofensiva permanente. Tarea que deja poco margen para la reflexión. Desplacemos jueces, transformemos la Corte e invoquemos inconstitucionalidades, aunque sean traídas de los pelos (como la de la ley del arrepentido).

Cuando no hay altos en el ataque, no hay tiempo para evaluar los pasos dados ni los que hay que dar. Además, a retaguardia van quedando heridos y bolsones de resistencia. Al mismo tiempo, el ataque continuo aleja a quienes lo llevan a cabo de sus bases de su sustento. Y aquí hay que pensar que – aunque hasta ahora no haya dicho ni pío – es muy posible que no todo el peronismo quiera inmolarse en un posible Stalingrado. A partir del cual, bien puede comenzar el fatal retroceso.

¿Será del todo casual? Tipeando estas líneas nos enteramos que Casación acaba de confirmar un procesamiento de la vice. Una derrota - o unas derrotas – pueden marcar el final de un ciclo de poder. O, al menos, el de un poder casi omnímodo.

Una grieta, distinta de la habitualmente meneada, ha ganado su lugar en la escena. Se produjo en el dique de la impunidad. O si se quiere -para mejor ambientarnos en la geografía K – se agrietó un glaciar. Como el Perito Moreno de sus pagos. Que cuando se raja, con mayor o menor rapidez, se desploma. 

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