Miércoles, 14 Octubre 2020 19:02

De la Doctrina Drago a las bufonadas de Alicia Castro - Por Daniel Zolezzi       

Luis María Drago, era nuestro Ministro de Relaciones Exteriores en 1902, cuando buques de guerra de Inglaterra, Alemania e Italia bloquearon los puertos de Venezuela. Lo hicieron, porque dicho país estaba en mora con pagos de su deuda pública. 

En aquella época, las cosas no eran fáciles. No existían el FMI, ni sus misiones.  Se cobraba, cañoneras mediante. Claro que, entonces, la Argentina era la Argentina. Y no toleraba semejantes groserías coloniales. Drago, destacado jurista, fue en esa oportunidad el vocero de nuestro país.

Instó a los Estados Unidos a que se pronunciaran contra esa intervención, recordándoles que la doctrina Monroe, por ellos acuñada, era contraria a ella. Como sagaz diplomático que era, de seguro tuvo en cuenta, también, la potencia disuasoria que podía tener la actitud de los norteamericanos. 

Estados Unidos, entonces, se lavó olímpicamente las manos. Pero eso es harina de otro costal. Lo que hoy interesa rescatar, es la actitud que tuvo nuestro país ante la agresión a Venezuela, perpetrada por algunas de las mayores potencias de la época. Y no está de más agregar, que la Doctrina Drago – aunque pasteurizada por aditamentos introducidos por los Estados Unidos – se incorporó a las Convenciones de La Haya de 1907 (a cuyas deliberaciones asistió el propio Drago).

La actitud de nuestro país, no fue casual. El fraternal vínculo que lo une con Venezuela, se remonta al momento mismo de la independencia sudamericana. De Buenos Aires partió la expedición de San Martín, que llevó la libertad hasta el Perú. Y desde Venezuela salió la que, al mando de Simón Bolívar, culminó esa tarea en esta parte del continente. 

Como no podía ser de otro modo, ese vínculo se mantuvo a lo largo del tiempo.  Y afloró, en un momento dramático para nuestra patria, bajo la forma de la ayuda, más o menos encubierta, que recibimos de Venezuela durante la guerra de Malvinas. Y aflora, hoy en día, en el cariñoso trato que dispensamos a la multitud de exilados venezolanos que han llegado a nuestro suelo.

Recordado esto, vayamos a lo nuestro. La situación imperante en Venezuela, pletórica en asesinatos políticos cometidos desde el gobierno, acaba de ser condenada por las Naciones Unidas.

Como es lógico, la solidaridad de la Argentina fue con Venezuela, no con su corrompido gobierno. Por ello, votó en favor de esa condena. (Y no está de más recordar que las Naciones Unidas se basaron en un informe producido por Michelle Bachelet, ex presidente socialista de Chile y actual Alta Comisionada en materia de Derechos Humanos de esa organización internacional).

Todo lo cual ha provocado que, en nuestro servicio exterior – de algún modo hay que llamarlo – se produjera una bufonesca “rebelión en la granja”. Porque un embajador, y una señora postulada para serlo, se irritaron contra ese voto. Es decir, se alzaron contra lo decidido por el Poder Ejecutivo y, en el camino, contra la autoridad del ministro de Relaciones Exteriores, del cual dependen. 

Resulta que el embajador ante la OEA, un señor Carlos Raimundi, se atribuyó la autoridad suficiente para desautorizar públicamente la posición asumida por nuestro país.  Del mismo modo, actuó la ex dirigente de las azafatas, Alicia Castro, quien había aceptado ser postulada como embajadora ante Rusia. Declinó tal ofrecimiento repudiando, también, al voto argentino en Naciones Unidas. 

Las marionetas menores del teatro K, se alzaron contra sus mandos supuestamente naturales. Demostraron así, que sólo responden a los hilos con los que las mueve la Gran Titiritera.  Desde su lugar partiquino, desairaron a Don Pelele de la Rosada, recordándole que él también pende de esos hilos.

El ministro del ramo, fue incapaz de poner medianamente en orden la cuota de la administración a su cargo. Y Don Pelele extremó su servilismo, pidiéndole a Castro que desistiera de su renuncia.

Moraleja: cuando teníamos un gobierno mal llamado “conservador”, fuimos capaces de gestos – como el mentado en favor de Venezuela – universalmente reconocidos. En cambio, el tinglado político actual, que atrasa, aunque se diga “progresista”, está unido a aquél país por vínculos que hacen a las valijas repletas de dólares que llegan desde él (a cambio de turbios favores). Todo esto, sin beneficio para el pueblo argentino ni para el venezolano. 

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