Jueves, 26 Noviembre 2020 02:21

La historia detrás de la manipulación política de los restos de Carlos Gardel - Por Adrián Pignatelli (25 de Junio de 2018)

Escrito por Adrián Pignatelli (25 de Junio de 2018)

Al momento del fallecimiento de Gardel, gobernaba el país Agustín P. Justo. Monopolizaba la agenda política de la famosa Década Infame el escándalo del negociado de las carnes, disparado por la firma del tratado Roca Runciman, del 1 de mayo de 1933, en el que Argentina aceptó condiciones humillantes con tal de no quedar al margen del comercio de las carnes. 

El senador Lisandro de la Torre fue la principal voz de denuncia y el que, a lo largo de ásperas y acaloradas sesiones en la cámara alta, fue revelando detalles escandalosos de este negociado, que rebajaba al país como un mero integrante del Commonwealth.

El 1 de septiembre de 1934, De la Torre impulsó la formación de una comisión investigadora que, en el mismo mes de la muerte de Gardel, dio a conocer sus conclusiones, entre las que figuran que los frigoríficos extranjeros manejaban a su antojo las cuotas, que evadían impuestos y que estaban obteniendo descomunales márgenes de ganancias. De la Torre había apuntado sus cañones hacia los ministros de Hacienda y de Agricultura, Federico Pinedo y Luis Duhau, respectivamente.

En la sesión del 23 de julio de 1935 Pinedo, aludiendo a la edad de De la Torre -66 años- y a su soltería, lo calificó de "viejo impotente", a lo que el senador le respondió "pregúntele a su mujer, cornudo, cobarde". Esto provocó un tumulto, en el que De la Torre fue empujado; su compañero de bancada Enzo Bordabehere, cuando fue a auxiliarlo, recibió dos disparos en la espalda y, cuando se dio vuelta, un tercero le impactó en el pecho. El agresor, Valdez Cora, se refugió en la sala de taquígrafos, donde fue reducido por el senador Alfredo Palacios, quien lo entregó a la policía.

Al llamarlo "cobarde", Pinedo no pudo eludir el duelo con De la Torre, llevado a cabo en el Colegio Militar a las 8 de la mañana del 25 de julio. De la Torre disparó al aire pero Pinedo apuntó a la cabeza, y erró.

El escándalo político que se vivía en el país desvelaba al presidente Justo. Con su amigo Natalio Botana, director del diario Crítica, idearon un plan para distraer la atención y encontraron la clave en la repatriación de los restos de Carlos Gardel.

Carlos Gardel, quien había muerto junto a Guillermo Barbieri, Angel Riverol, Alfredo Le Pera y José Corpas Moreno, había sido enterrado en Medellín. No habían pasado cuatro días de su muerte, cuando Uruguay reclamó sus restos. Los autores Barcia, Fulle y Macaggi sostienen que habría habido un intento del propio Aguilar y José Razzano (quien por años integró dúo con Gardel) de depositar los restos en Uruguay.

Sin embargo, primó el deseo de la madre del artista, Berta, quien manifestó que su hijo descansase en Buenos Aires. El gobierno colombiano accedió a la repatriación, a pesar de la ley que establecía que un cuerpo no podía exhumarse antes de los cuatro años.

La pregunta es: ¿por qué la repatriación demoró seis meses?

Justo estaba manejando los tiempos y para ello contaba con la colaboración de Natalio Botana quien, con Crítica, no sólo ofrecería una amplia cobertura al hecho, sino que prepararía sendas notas sobre distintos aspectos de la vida de Carlos Gardel, que ocuparían varias ediciones, un diario muy leído por entonces. Helvio I. Botana, el hijo de Natalio, en "Memorias.

Tras los dientes del perro" sostiene que "el culto a Gardel se inició primero en Lisboa, luego París, Nueva York, Madrid, de donde llegaban avalanchas de noticias sobre homenajes que le tributaban donde no lo veían como un cantor sino como 'el cantor'. Natalio lo comprendió: era el símbolo de la alegría, de la limpieza criolla adecuado para oponerlo a la hora de descrédito y decepción que sacudía a la República. Fríamente, como solo ellos podían hacerlo, analizaron el culto a Gardel y desviaron la mirada de la opinión pública. El Estado puso su parte: Crítica lo suyo".

En la Asociación Argentina de Artistas de Radio y Varietés, se armó una comisión de homenaje, cuya primera resolución fue solicitarle al gobierno la repatriación de los restos de todos los fallecidos; que se le preste los mejores cuidados a Aguilar, el guitarrista sobreviviente, y que se auxilie a las familiares de Riverol, Barbieri y de propio Aguilar. Armando Defino, apoderado de la madre de Gardel, fue el encargado de viajar a Colombia y regresar con los cuerpos.

El 17 de diciembre de 1935 partieron los restos de Gardel de Medellín, con destino a Panamá. El 6 de enero de 1936 llegaron a Nueva York, donde fueron velados durante 8 días en una funeraria del barrio latino. El 31 de enero el barco hizo escala en Río de Janeiro y días después, recaló en Montevideo. Hubo homenajes en todas esas ciudades. Finalmente, el 5 de febrero se arribó a Buenos Aires. El diario Crítica informaba: "Sobrecogidas de emoción, treinta mil almas recibieron los restos de Carlos Gardel…el dramatismo de la escena y la nerviosidad de los amigos y admiradores del malogrado cantor, determinaron episodios tocantes…"

Fue velado en el Luna Park. La gente hizo cola desde temprano, ocupando las calles aledañas. Al otro día el cortejo -que ocupaba diez cuadras- desandó la entonces avenida Corrientes angosta hasta el cementerio de la Chacarita, donde fue depositado en un nicho del panteón de Actores. El cortejo era encabezado por cantantes, actores y actrices amigos de Gardel, figuras reconocidas como era el caso de Libertad Lamarque, Francisco Maschio, Sofía Bozán, Ireneo Leguizamo, Azucena Manzano, Francisco Canaro, Roberto Firpo, entre otros.

A la cobertura de Crítica, se sumaron las de La Nación, La Prensa y Noticias Gráficas. De lo único que se habló durante aquellas semanas fue de Carlos Gardel. La misión había sido cumplida.

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…