El documento analiza las prácticas en el último año y medio y señala que la respuesta “a los refugiados y migrantes que intentan llegar a Europa a través del Mediterráneo es uno de los ejemplos más evidentes de cómo las malas políticas migratorias socavan la legislación en materia de derechos humanos y han costado la vida a miles de seres humanos”. Los naufragios en este período suman más de 2.600 muertes.
Para colmo de males, las restricciones y demás violencias impuestas con la excusa de “la pandemia” han tenido un impacto directo en los derechos de refugiados y migrantes, como la flagrante obstrucción de las actividades de rescate de las ONG, junto con las decisiones de retrasar el desembarco y la imposibilidad de asignar puertos seguros por parte de las autoridades.
Según datos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), las autoridades de los países europeos han continuado apoyando a la Guardia Costera de Libia y más de 20.000 personas han sido devueltas a ese país entre 2019 y 2020 y, de este modo, han sido expuestas a horribles vulneraciones de los derechos humanos que, es sabido, allí ocurren.
“Algunas situaciones son críticas, como la de las islas del Egeo y la de Canarias, cuya ruta es particularmente mortífera [más de 600 fallecidos en 2020, según la OIM
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