Volver a la mesa del AMBA para definir políticas conjuntas para la segunda ola.
Que las clases deben seguir siendo prioridad.
Que hay que hacer algo para acelerar la vacunación a adultos mayores de la Ciudad (donde está la población más "envejecida").
Sobre este último punto, la Ciudad pidió más vacunas para sus adultos. En la charla sobrevoló la idea de que el PAMI tenga vacunas aparte para vacunar a sus afilados. Sería una manera políticamente correcta de descomprimir las necesidades de dosis de la Ciudad sin restarle directamente a otras provincias.
Alarmas encendidas
Pero lo que preocupa son los grandes números. El gobierno de la Ciudad oculta los datos y se limita en estos días a informar la positividad promedio de los testeos. Por ahora da un 15,6%, aunque eso incluye las estadísticas de los mejores días de febrero, donde se testeaba a miles de turistas sin síntomas solo por precaución. No informa la positividad real actual. Hoy, uno de cada dos testeados en la Ciudad es positivo; o sea, 50%. La OMS recomienda que la positividad oscile en el 10%.
Otros datos preocupantes:
El miércoles, último día hábil, la Provincia hizo 19 mil tests también con una positividad de cerca de 50%.
El sistema de salud se empieza a estresar en distintos puntos del país, según revelan actores del sector público y privado. El sistema de testeos también colapsa y con él la capacidad de aislar a los contactos estrechos.
Los datos del fin de semana largo muestran un subregistro de casos del 30% en Provincia. O sea, a los 12.000 del jueves y viernes, por ejemplo, hay que agregarles unos 3.000 más.
No está claro cómo impactó el fin de semana largo en la detección de casos de la Ciudad, pero los números de positivos no bajaron. Es decir, lo peor está por llegar.
El ritmo de vacunación viene lento otra vez a nivel nacional. Esta semana se vacunó a 576.281 personas, poco más de la mitad de lo que habían prometido por semana.
Entre el jueves y el viernes hubo vacaciones, con apenas 123.000 vacunados en todo el país. Ahora no pueden decir que no haya vacunas.
¿Es culpa de las nuevas cepas? ¿Es un castigo divino?
“No hay nuevas cepas. Es un virus sociológico”, aclaró un responsable de la estrategia sanitaria de un importante distrito del país. Se trata de una definición que es más bien una foto. Probablemente en las próximas semanas las nuevas cepas empiecen a circular (con mayor o menor intensidad), pero no son todavía el foco del nuevo rebrote.
Lo que explica el rebrote mayoritariamente es el relajamiento de toda medida de cuidado. La movilidad aumentó. En la Ciudad se acerca al 90% respecto a la vieja normalidad: solo el 10% acata el moribundo #QuedateEnCasa.
La semana del 15 de marzo fue la más fría del año en el AMBA y llovió varios días seguido: la gente se recluyó en espacios cerrados. El 20 de marzo se cumplió un año de la primera cuarentena: para festejarlo, la gente decidió que la pandemia había terminado y relajó todo tipo de medida de prevención.
No es casual que el Ministerio de Salud esté pensando en un nuevo enfoque para encarar la segunda ola. Hace semanas que viene hablando de la necesidad de conformar una mesa con expertos que incluya referentes de las ciencias sociales. Aunque la sistematización de la propuesta viene demorada.
“El cansancio mental, la capacidad de cuidado personal, la sensación de encierro, la necesidad de ver gente, no son problemas biológicos. Son cuestiones de la conducta social”, define un asesor de la Casa Rosada.
De acuerdo con esta definición, la pandemia tiene una dinámica sociológica y antropológica. “Todo depende de la conducta humana: de la sociedad, los jóvenes, las autoridades nacionales, los intendentes, el personal de salud…”.
El problema –cepas al margen- es que ya nadie tiene ganas de cuidarse de nada. “Nadie dejó de fumar porque en el paquete de cigarrillos pongan fotos de pulmones con cáncer”. El concepto describe la impotencia de un funcionario que monitorea el día a día de la pandemia. Nadie sabe qué hacer.
Cada vez más estudios muestran que hay que darle un abordaje social a la situación: "Los aspectos más desafiantes de modelar Covid-19 son los componentes sociológicos", dice Lauren Ancel Meyers, director ejecutivo del Consorcio de Modelización de Covid-19 de la Universidad de Texas en un reportaje publicado por la revista Nature. “Lo que sabemos sobre el comportamiento humano hasta ahora es realmente tirado por la ventana porque vivimos en tiempos sin precedentes y nos comportamos de formas sin precedentes", agrega.
“Modelar” significa intentar proyectar cómo se va a comportar el virus en una determinada población. Un ejercicio imposible porque no se puede predecir los cambios en los comportamientos, como el uso de máscaras y el distanciamiento social.
Las nuevas reglas
Hasta la explosión de la segunda ola, el Ministerio de Salud estaba preparando un “abordaje integral de segunda ola” que incluía detalles en la prevención ciudadana:
La vacuna no es efectiva si la gente no se cuida por lo menos 3 semanas después de aplicada la dosis.
El tapabocas no sirve para nada si no se usa bien.
Los ambientes tienen que estar ventilados de manera “cruzada” (o sea, abrir dos ventanas).
Si te vas a juntar, distancia de dos metros.
Si te vas a juntar, mantener las burbujas lo más posible (familia, un amigo de la escuela de la misma burbuja).
Reducir encuentros sociales (por ejemplo, una vez por semana y pocas personas).
Reuniones al aire libre.
La gran pregunta es si alcanzan las estrategias de comunicación y prevención sin nuevas restricciones más severas. Y si hay restricciones, ¿alguien las va a cumplir?
¿Qué pueden hacer los gobiernos?
Jorge Geffner, inmunólogo, habla de que hay que tomar medidas cuanto antes: “Tenemos que juntarnos menos. Adentro de los restaurantes no se debería poder estar”, dice.
Entre sus propuestas figura cerrar a las 22 todo -¡todo!- y acotar la extensión geográfica de los cierres a los territorios afectados. El problema es que esa política focalizada es muy complicada para los grandes centros urbanos, particularmente el AMBA. Por más focalizado, se termina afectando a no menos a 6 millones de personas.
Los sectores más blandos del gobierno de la provincia de Buenos Aires están pidiendo un cierre total de 9 días (5 de la semana más cuatro de fin de semana). Los duros hablan de cierres de entre 2 y 4 semanas. Piden recursos (guita) para eso, porque hay que financiar que la gente se quede en su casa. Teléfono para Alberto Fernández.
El infectólogo Tomás Orduna, del equipo asesor de Axel Kicillof, plantea cerrar entre 10 y 14 días con la promesa de abrir inmediatamente para balancear la actividad económica. El tema es que la palabra de los gobiernos está muy devaluada. ¿Quién va a creer que son solo 14 días?
Lo que está claro es que no es posible replicar modelos. “Muchos se preguntan por qué no hacemos lo que hizo China, Japón, Vietnam o Australia… Cada uno de esos modelos implica una cantidad de variables de tal magnitud que no podés trasladar”, dice una persona que integró el comité de expertos del gobierno nacional durante el año pasado.
Carrera contra el tiempo
Dos variables atraviesan las decisiones y ambas tienen que ver con el tiempo.
La primera, corremos una carrera contra el tiempo para ver qué llega primero y más fuerte. Si los casos positivos o las dosis para vacunar.
La segunda es que no se sabe hasta cuándo habrá que hacer esfuerzos. Quizás la gente sería más receptiva si tuviera en claro que el tiempo es acotado. Al no haber una luz al final del túnel, los incentivos para acatar las restricciones son muy bajos.
El desafío es cómo cruzar los aportes desde todas las disciplinas. “Hay elementos de la teoría social que se cumplieron claramente”, dice un hombre que suele participar de la mesa de especialistas del gobierno nacional.
“Más temprano que tarde vamos a tener que reestablecer fase 3 con restricciones adicionales”, dijo el jefe de gabinete de la provincia de Buenos Aires. Coinciden con la mirada en la Casa Rosada: “Restricciones se van a venir. ¿Escalonadas? ¿Por horario? ¿Por distrito? Pero algo habrá que hacer”, dicen. Larreta por ahora resiste. Quiere aplicar restricciones, pero quirúrgicas y focalizadas.
Algunos actores del sistema de Salud critican la inacción de Vizzotti y su falta de coordinación política. “Delega la política en Cafiero y la gestión de la salud en su equipo, y ella se dedica a los medios. Así va a ser difícil encarar esta etapa”, advierten. Se vienen tiempos difíciles.



