Viernes, 01 Octubre 2021 10:02

Malestar en democracia: un tema importante, pero descuidado - Por Jesús Rodríguez

Escrito por Jesús Rodríguez

 

Un tema importante pero descuidado, es el título del prólogo del maestro Guillermo O’Donnell en un libro de mi autoría llamado “El Caso Chile”. Recientemente tuve el honor de participar en una jornada homenaje al entrañable politólogo en el marco del ciclo “Ideas, debates y controversias en torno a la teoría de la democracia de Guillermo O’Donnell” organizada por la Facultad de Derecho de la UBA; junto a Karla Valverde Viesca y Ricardo Gil Lavedra conversamos acerca de un tema tan vigente y actual como “El malestar en la democracia: transición, consolidación y disonancias democráticas.”

 

La opinión de un ciudadano 

Pocas veces se cuenta con el privilegio de compartir panel con reconocidos y destacados profesionales y muchas menos en ocasión de homenaje a una mente destacada del pensamiento democrático como Guillermo O’Donnell. Por eso me tomé la licencia de aprender de mis compañeros de panel y opinar inicialmente como un ciudadano, preocupado y ocupado en fortalecer la democracia.

O’Donnell pensó la teoría democrática como pocos, le dio una impronta personal y se destacó por observar la realidad bajo un prisma localista en términos latinoamericanos.

Él, como otros, fue cultor de un pensamiento nacional que explicó una época y marcó un rumbo en la teoría democrática; nos iluminó con sus ideas a quienes en tiempos de recuperación democrática tuvimos que desempeñar algún papel.

O’Donnell supo explicar de forma brillante el concepto “autoritarismo burocrático” para graficar cómo llegan al poder y gestionan las dictaduras de América del Sur en la década del ’60.

Sin embargo, quisiera detenerme en su construcción teórica para explicar las transiciones democráticas de la década del ’80 en la región, ya que en su teoría, podemos encontrar algunas claves que nos servirán para entender nuestro presente y el rol que jugó Argentina en este proceso.

Hoy la democracia es el sistema de gobierno imperante en más de la mitad de la población mundial, sin embargo a fines de la segunda guerra mundial, solo doce países gozaban de un sistema de gobierno democrático.

Cierto es que el impulso democratizante de la Europa mediterránea tuvo su eco en nuestra región y en nuestro país. Me gustaría detenerme en este punto para resaltar la enorme importancia que tuvo la recuperación democrática llevada a cabo por los argentinos de la mano del presidente Raúl Alfonsín.

La democracia recuperada en 1983 generó una onda expansiva que contagió a países vecinos como Uruguay, Brasil, Paraguay y por último Chile. Según la teoría de transición democrática de O’Donnell el periodo de recuperación democrática en América Latina obedeció a decisiones de los diversos actores en respuesta a un conjunto de dilemas fundamentales.

En Argentina, como punta de lanza para la región, el dilema sin lugar a dudas fue ¿cómo realizar la transición? En este punto me urge hacer un reconocimiento a juristas de la talla de Gil Lavedra, mi copanelista, y a todos aquellos que estuvieron a cargo de diseñar y llevar a cabo el Juicio a las Juntas, ya que nuestro país fue el único en tener un proceso de transición democrática con justicia, hito global y orgullo para todos nosotros.

Este proceso de transición democrática con justicia fortaleció institucionalmente al sistema. Sin embargo, a lo largo del tiempo esta fortaleza fue teniendo altibajos, ya no por amenazas autoritarias, sino más por desinteligencias y “relajamientos” del sistema en términos institucionales que también estuvieron presentes en la teoría de Guillermo O’Donnell y quisiera analizar saliendo del papel de ciudadano para opinar como un actor político.

La visión de un actor político

Democracia delegativa. Bajo este concepto, O’Donnell explicaba una forma de gobierno en la que el poder se concentra en manos de un presidente electo acuñando también el concepto de responsabilidad horizontal al que volveremos en breve.

Actualmente en Argentina, y la región en general, vivimos en democracias de baja intensidad y esto no tiene que ver con cuestiones de ideología política en materia económica. Ya en 2017, Latinobarómetro denominaba este fenómeno como “diabetes democrática” para graficar una enfermedad invisible que no alarma a nadie, pero carcome lentamente la vida institucional.

Esta “diabetes democrática” actúa en términos que se volvieron tristemente célebres durante esta pandemia, a modo de “comorbilidades” previas. Pues en la región, la violencia, la falta de institucionalidad y la desigualdad social son bastante pronunciadas y la pandemia las profundizó.

Con todo esto, estamos en condiciones de asegurar que la región vivirá una regresión democrática al salir de esta crisis sanitaria, ya que todos los indicadores en materia económica, social y de desarrollo predicen que saldremos peor posicionados de la pandemia.

Sin ir más lejos, Argentina tardará aproximadamente cuatro años en recuperar el nivel económico pre pandemia. Estas dificultades de desarrollo están, a su vez, ligadas a la calidad institucional, por existir una íntima relación entre calidad institucional y resultados económicos. Estas circunstancias podrían explicar, por ejemplo, las diferencias que existen entre países como Nicaragua y Costa Rica o entre Uruguay y Argentina.

El sistema institucional de toda la región, pero principalmente el argentino, funcionó en esta crisis sanitaria en modo de emergencia. Nuestro país en lo que va de la pandemia de COVID-19, dictó más DNU que leyes sancionadas por el Congreso Nacional.

Comodidad en la emergencia, bajos niveles de consenso político, alta polarización y -más recientemente-, malos resultados electorales para el oficialismo refuerzan la condición de Argentina como una sociedad conflictiva. Es sabido que la calidad institucional debe tener dos dimensiones claves: transparencia y rendición de cuentas.

Con la cuestión de la rendición de cuentas, traigo el de responsabilidad horizontal, mencionado arriba y me gustaría destacar el papel de las entidades que se encargan de controlar las cuentas públicas, como la AGN.

La rendición de cuentas de modo horizontal y, por ende, el control del gasto público que deben hacer instituciones como AGN, es parte de su misión constitucional y esta implícita en el sistema republicano. No obstante, teniendo en cuenta los bajos niveles de confianza y descreimiento en las instituciones que afectan directamente a la democracia generando disonancias en la misma, necesitan sumar la rendición de cuentas vertical.

El mandato constitucional debe ser un piso desde donde construir formas de acercarse a una sociedad apática y descreída. Para eso es fundamental ejercer la rendición de cuentas vertical, es decir, que el diálogo y la rendición no sea entre instituciones solamente, sino, que las instituciones articulen y rindan cuentas con los diversos actores de la sociedad civil.

Reducir la brecha de desconfianza de la ciudadanía con las instituciones es vital para el funcionamiento de la democracia y el desarrollo económico de un país.

Es la razón por la que destaco que la calidad institucional de un país determina su progreso económico, y ésta es más relevante que la propia dotación de todos sus recursos naturales. Dicho de otra manera, no hay progreso posible ni democracia confiable, sin calidad institucional.

Compromiso con un legado

Es difícil resumir el legado de Guillermo O’Donnell. Sin embargo, soy un convencido de que trabajar todos los días para mejorar el vínculo entre instituciones públicas y la ciudadanía, generar confianza, controlar al Estado y fortalecer un sistema institucional debilitado, es la mejor forma de honrar su legado.

Para eso, claro, hace falta debatir ideas, formarse, ampliar consensos, escapar de fanatismos y estar abierto al aprendizaje.

Jesús Rodríguez  
Fuente://www.jesusrodriguez.com.ar/

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…