Paradójicamente, dijo: “Hay que investir de poder a las instituciones, éstas, o las que haya que crear”. Acto seguido, insistió con la intención de manipular la Justicia, al calificarla como “instrumento contra los gobiernos nacionales y populares”.
La vicepresidente prescribe una solución radical para los problemas (reales o imaginarios) que la división de poderes adolece: suprimirla sin miramientos. No se conoce en la historia un gobierno que se haya apropiado de todo el poder, lo haya transformado en un instrumento institucional o personal único, y no lo haya ejercido despóticamente.
Fundir el poder político en un solo cuerpo es depravarlo. Suprimir la división de poderes es elegir el camino de una democracia vacía de su esencia republicana, una democracia condenada a destruirse a sí misma.
Club Político Argentino



