Domingo, 23 Abril 2023 18:00

El vergonzoso uso K de YPF - Por Emilio J. Apud

“Para aquellos que dicen que la privatización de YPF es una entrega de la soberanía digo que no hay nada más soberano que conseguir inversiones”, concepto con el que coincido plenamente y que habrá que tener en cuenta para la Argentina que viene, aunque no me pertenece. Son declaraciones de Néstor Kirchner publicadas por el diario La Opinión Austral el 26 de septiembre de 1993.

Sin embargo, luego de ese rapto de sensatez, motivado “solo” por unos USD 600 millones que la privatización de YPF le otorgaba, Néstor en 2008 se pasa a la “argentinización de YPF”, eufemismo de “compartir con amigos, activos de una empresa privada sin poner dinero propio”, sino el de la renta de la empresa destinado a inversión, lo contrario para conseguir inversiones. Además, todo un oxímoron ya que el regalo del 25% de las acciones de YPF a los Eskenazi se hizo a través de dos empresas creadas ad hoc en Australia y Austria, radicadas en España.

“Qué maravilla, hemos argentinizado YPF, sin poner un peso” se vanagloriaba Néstor por entonces ante funcionarios del gobierno de su esposa. Pero omitía que los miles de millones de dólares para esa argentinización eran a expensas del vaciamiento de YPF, que fue obligada a repartir el 90% de la renta en utilidades para que los Eskenazi (¿o para los mentores de esa argentinización?) “pagaran” las acciones. Así, entre 2008 y 2011 YPF se descapitalizó más de USD 6.000 millones. También habría que contabilizar en los costos los gastos administrativos de un oneroso management de YPF a cargo de Sebastián Eskenazi, ignoto en la industria petrolera y sin experiencia en gerenciamiento de empresas de envergadura.

“Es necesaria la sanción del proyecto de ley de privatización de YPF”, exigió vehementemente Cristina el 17/09/92 en la legislatura santacruceña, según consta en actas. Pero 20 años después, al confiscar YPF, trocó el discurso por “hemos recuperado a YPF”. Eso sí, con igual vehemencia.

¿Oportunismo? ¿Falta de escrúpulos? Yo diría, ambos en pos de poder e intereses personales, sirviéndose de y usando a YPF, aunque siempre bajo una pátina de conceptos abstractos y emotivos como soberanía, argentinidad, nacionalismo, etc., que permitieron engañar a buena parte de la sociedad.

Sin embargo, esos artilugios no funcionan en los tribunales internacionales, no los de aquí, claro. Tampoco sirvieron al momento de salir a buscar inversores por el mundo para asociarse con una YPF recuperada “de prepo” por un gobierno poco afecto a respetar normas y contratos.

En 2012, tras el bochorno de la confiscación de YPF y ocupación violenta de su sede central por los muchachos de La Cámpora, Miguel Galuccio, alias el mago, recién nombrado presidente de la empresa, sale de gira frenética por el mundo en busca de inversores para asociarse en la explotación de Vaca Muerta. Solo se animó la petrolera Chevron, una de las grandes, pero exigiendo el cumplimiento de condiciones rigurosas por parte del estado e YPF, proporcionales al enorme riesgo implícito de la operación comercial en la que se metía. Entre esas condiciones cabe mencionar: resolver el pago a Repsol por echarla y arreglar con el Club de París. Lamentablemente la irresponsable y dispendiosa negociación que realizó Kicillof, a cargo de las negociaciones, significó miles de millones de dólares para el país con el beneplácito de la petrolera española y de los banqueros.

Recapitulando, el manejo de YPF por el kirchnerismo en beneficio propio generó pasivos significativos de los que se hicieron cargo la propia YPF, descapitalizándose, y la sociedad toda, por el déficit que se produjo en la balanza comercial energética debido a la caída de la producción petrolera, acciones judiciales y pésimas negociaciones.

Estamos hablando de quebranto superior a los 18.000 millones de dólares en menos de 12 años. USD 3200 millones anuales desde 2011 de déficit comercial, 8000 millones pagados a Repsol por la mitad de su paquete accionario, 3000 millones por la ligera negociación de Kicillof con el Club de París, más de 3500 millones de pasivo judicial por no reconocer los estatutos de YPF al momento de concretar la expropiación, actitud ratificada por Kicillof a viva voz en el Congreso tratando de tarados a los que pensábamos que había que respetar los estatutos.

Es necesario incluir en este resumen uno de los perjuicios colaterales de la permanente intromisión del kirchnerismo en YPF en sus cuatro gobiernos. La regulación del precio de los combustibles y del crudo, ambos productos libres por ley, recurriendo indebidamente a la posición dominante de YPF, cerca del 60% de share en la venta de combustibles y 40% en el upstream o producción, que permitió con fines políticos definir arbitrariamente precios en ambos productos en detrimento del atractivo inversor.

Un sistema capitalista no puede funcionar con monopolios ni con discrecionalidad jurídica, pero el kirchnerismo sirviéndose de YPF se encargó de incentivar esos defectos en el sector.

El pecado original se comete en los 90 al implementar mal el peronismo de Menem la necesaria privatización de YPF. Privatizó un oligopolio que impidió la competencia y transparencia en un sector vital para la Argentina. Y ese defecto de origen puede significar un obstáculo para encarar con éxito las condiciones del nuevo paradigma energético: la abundancia y la transición energética, que nos obliga a ser competitivos en el mercado global, tanto en precio como calidad, cantidad y plazos, condiciones a la que no está acostumbrada nuestra industria, aletargada en un minúsculo mercado local con permanente intervención estatal.

Ante el desafío de nuestro país de abrirse y ser competitivo a nivel mundial en los mercados de crudo y en particular del gas como LNG o gas natural licuado en el plazo impuesto por la transición hacia el “Net Zero” ¿no habría que replantear YPF en cuanto a su rol, su dimensión y la participación accionaria del Estado?

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