Varios periodistas lo cuestionaron con diversos contra argumentos, algunos correctos otros sesgados por sus propios intereses o por su orientación política pero con bastante ignorancia. Tomaron como válida la comparación antes citada y la homologaron con existencia de ñoquis en el CONICET o con investigadores de temas para ellos banales por no decir inútiles basados simplemente en el enunciado de los proyectos.
Los defensores de esa institución, en su mayoría investigadores, también cayeron en la trampa y en un caso ofuscándose amenazó no continuar la entrevista cuando una periodista aludió a un subsidio para un proyecto determinado durante la cuarentena.
La discusión incorporaba dos errores. Por parte del investigador enojarse por la alusión al aspecto económico de ese proyecto, y por parte de la periodista criticar ese gasto y ese proyecto por ser hecho durante la cuarentena, época que a su criterio debía dirigir todo gasto a actividades vinculadas solo a esa situación.
La discusión tiene subyacente la controversia entre ciencias mal llamadas duras y blandas. Sería mirada de otra manera si pensáramos en ciencias físicas y humanidades despojándose una latente psicofobia, rival en algunas lides de la biofilia.
Se comete un error al pensar que porque algo tiene expresión matemática es verdadero. La ciencia es un método y las matemáticas son prueba de la corrección del método y no de verdad. Los seres humanos no pueden ser representados ni analizados solo numéricamente. La economía tiene más que ver con la psicología que con las matemáticas
Finalmente La NASA solo se dedica a tareas aeroespaciales, El CONICET a todos los campos de la investigación y del conocimiento. Si le agregaran al NIH (Instituto Nacional de Salud) a la NASA y las múltiples agencias estatales, universitarias y de todo tipo, sumadas dejarían al CONICET como despoblado. Una comparación correcta debería tener en cuenta la población total de cada país sus recursos y sus necesidades.
La libertad de investigar y pensar no puede estar sujeta al costo ni al pagador ni al lucro. Los grandes países apuestan a la buena educación básica y a la creatividad de cada individuo. Los recursos iniciales siempre son estatales o de grandes mecenas o fundaciones. Solo un estado eficiente y honesto “coloca fichas” en todos los casilleros, pues es el único apostador que asume ese riesgo. Las entidades privadas excepto fundaciones y otras ONG sin fines de lucro, invierten sobre seguro y manipulan el mercado. Abundan en el área de salud. Mejorar la eficiencia, la eficacia y el financiamiento del CONICET son necesarios, también prudentemente estimular proyectos prioritarios para el país, según sus necesidades a corto y largo plazo.
No caer en el error de desvalorizar a filósofos y artistas dedicados seriamente a su vocación. Recordar además que lo creó un Premio Nobel (B.Houssay) y auspició a otros más con igual logro, pero M.Bunge, Borges y tantos otros podrían haber engrosado sus filas exitosamente Construir, no destruir. Hacer lo primero es lo difícil, lo otro es fácil y a veces sucede por abandono, incompetencia o intereses mezquinos.
Médico Neurocirujano- Licenciado en Psicología
Director de grupos de investigación y extensión, Facultad de Psicología UNMDP



