Sábado, 02 Septiembre 2023 19:38

Cuando la mentira es la verdad - Por Guillermo Javier Nogueira

Resuena en mi mente este fragmento de una canción luego de ver la película Secuestro en Directo. Poco después  se le suma otra canción que dice “señora de ojos vendados –que estás en los tribunales-quítate la venda y mira-cuanta mentira…..

Me pregunto entonces acerca de estas asociaciones que han ido surgiendo en una etapa ulterior al veloz impacto de las imágenes de la película que me dejó pensando.

El recuerdo de las canciones cumplió con la tarea de darle coherencia y expresión a lo que inconscientemente procesaba por haberlo sentido y pensado alguna vez anteriormente. Maravilla obrada como siempre por los artistas usando variantes del lenguaje para expresar aquello que no sabemos cómo decir: lo inefable; aplicable tanto a lo maravillosamente bueno como a lo malo o  lo desconocido.

Eso no es todo, porque a veces lo inefable, por su esencia desconocida,  expresada como “no tengo palabras”, se degrada a lo que no se puede o debe decir, y entonces en vez de una maravillosa verdad  dicha de otro modo, por ejemplo por el arte, aparece la mentira   disimulada como  eufemismos, lo políticamente correcto, el lenguaje  inclusivo y mil expresiones más posibilitadas por el lenguaje, dada la  posibilidad de ser usado para decir o interpretar a gusto del consumidor.

Polisemia como la llaman  en la academia,  que significa multiplicidad de significados. Existe también la palabra vacía de significados; vacío generado no siempre ingenuamente en el origen,  o por la ignorancia o el aturdimiento del receptor, acosado por la multiplicidad que incluye  términos antagónicos.

Luego la mentira no radica solamente en la intención de quien la dice, sino también en la capacidad de ser detectada por el receptor, con el agravante que quien tiene la intención o la necesidad de ocultar y mentir puede condicionar al receptor en su capacidad de descubrir, dudar, sospechar, indagar, esclarecer.

Educación, propaganda, adoctrinamiento, publicidad son los medios o las estrategias que pueden ser utilizadas a tal fin. Todas comienzan en la manipulación de la atención. Saturarla por la avalancha de estímulos en un  corto plazo, desviarla por estímulos potentes pero irrelevantes, disminuirla y anularla por la repetición monótona e innecesaria,  forman parte del arsenal. 

Anular un debate con la excusa televisiva o radial que “el tiempo es tirano” tras la cual suele  esconderse el pagador  que lo controla para los avisos comerciales, o para impedir o favorecer intereses ideológicos, son variantes de lo mismo. Se asemejan a tratar un tema complejo dentro de esos márgenes breves y acotados de tiempo.

Surge así otra falacia, la de  simplificar para  divulgar o mejor dicho la vulgarizar; lo que llevó largo tiempo de aprendizaje raramente puede  sintetizarse brevemente. En otra asociación recuerdo a un entrenador decirle al boxeador en su rincón que atacara constantemente para “no dejarlo pensar” a su oponente. Me pareció una traducción de aquel  “La mejor defensa es un buen ataque”. Notable diferencia con el ajedrez  e inclusive con otros deportes donde el pensar  en profundidad queda en manos de los directores técnicos con más tiempo, incluyendo el  uso de  planillas para dibujar las jugadas recomendadas, en tanto  los jugadores ponen la velocidad y los automatismos generados por su talento innato o el entrenamiento sabiamente dirigido.

Me pongo en modo Shakespeare y me sale “pensar o no pensar esa es la cuestión”, tarea que  lleva tiempo, esfuerzo,  y una forma especial de atención  sostenida.

Los magos son expertos en manipularla y recuerdo el experimento realizado por psicólogos  induciendo a un auditorio a estar atento a los botes de una pelota realizados por varias personas en un escenario de tal modo que no percibían el pasaje de un actor disfrazado de gorila por el mismo lugar. Por supuesto que la invisibilidad no era del 100% pero superaba el 50%. Si veo creo y si no  lo veo no lo creo. Sonrío y ¡Eureka! ,  recuerdo otra película acerca de un gobernante en problemas que contrata a un experto guionista para crear una guerra ficticia y así conseguir aglutinar el apoyo popular, objetivo que logra manipulando información falsa pero creíble, aderezada con sentimientos provocadores. 

Pienso en la “mano invisible del mercado” y en otra película en que un notable abogado confiesa no importarle o interesarle saber  si su defendido  es realmente inocente  o culpable  ya que solo le interesa personalmente  ganar el juicio y no que se haga justicia.

Me doy cuenta que estoy fastidiado por  la realidad de mi país que en plena campaña electoral abunda en estas estrategias de  Mentiras Verdaderas, otro título.

Me preocupa el intento reiterado de colocar a mis semejantes como  espectadores atrapados por una película burda e inverosímil pero que muchos, demasiados  no la  detectan como tal.  A no dejarse distraer y tomar ficción por realidad o mentira por verdad.

Médico neurocirujano Licenciado en Psicología

Autor de El Niño Problema y  La era del NeuroTodo

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