El recuerdo de las canciones cumplió con la tarea de darle coherencia y expresión a lo que inconscientemente procesaba por haberlo sentido y pensado alguna vez anteriormente. Maravilla obrada como siempre por los artistas usando variantes del lenguaje para expresar aquello que no sabemos cómo decir: lo inefable; aplicable tanto a lo maravillosamente bueno como a lo malo o lo desconocido.
Eso no es todo, porque a veces lo inefable, por su esencia desconocida, expresada como “no tengo palabras”, se degrada a lo que no se puede o debe decir, y entonces en vez de una maravillosa verdad dicha de otro modo, por ejemplo por el arte, aparece la mentira disimulada como eufemismos, lo políticamente correcto, el lenguaje inclusivo y mil expresiones más posibilitadas por el lenguaje, dada la posibilidad de ser usado para decir o interpretar a gusto del consumidor.
Polisemia como la llaman en la academia, que significa multiplicidad de significados. Existe también la palabra vacía de significados; vacío generado no siempre ingenuamente en el origen, o por la ignorancia o el aturdimiento del receptor, acosado por la multiplicidad que incluye términos antagónicos.
Luego la mentira no radica solamente en la intención de quien la dice, sino también en la capacidad de ser detectada por el receptor, con el agravante que quien tiene la intención o la necesidad de ocultar y mentir puede condicionar al receptor en su capacidad de descubrir, dudar, sospechar, indagar, esclarecer.
Educación, propaganda, adoctrinamiento, publicidad son los medios o las estrategias que pueden ser utilizadas a tal fin. Todas comienzan en la manipulación de la atención. Saturarla por la avalancha de estímulos en un corto plazo, desviarla por estímulos potentes pero irrelevantes, disminuirla y anularla por la repetición monótona e innecesaria, forman parte del arsenal.
Anular un debate con la excusa televisiva o radial que “el tiempo es tirano” tras la cual suele esconderse el pagador que lo controla para los avisos comerciales, o para impedir o favorecer intereses ideológicos, son variantes de lo mismo. Se asemejan a tratar un tema complejo dentro de esos márgenes breves y acotados de tiempo.
Surge así otra falacia, la de simplificar para divulgar o mejor dicho la vulgarizar; lo que llevó largo tiempo de aprendizaje raramente puede sintetizarse brevemente. En otra asociación recuerdo a un entrenador decirle al boxeador en su rincón que atacara constantemente para “no dejarlo pensar” a su oponente. Me pareció una traducción de aquel “La mejor defensa es un buen ataque”. Notable diferencia con el ajedrez e inclusive con otros deportes donde el pensar en profundidad queda en manos de los directores técnicos con más tiempo, incluyendo el uso de planillas para dibujar las jugadas recomendadas, en tanto los jugadores ponen la velocidad y los automatismos generados por su talento innato o el entrenamiento sabiamente dirigido.
Me pongo en modo Shakespeare y me sale “pensar o no pensar esa es la cuestión”, tarea que lleva tiempo, esfuerzo, y una forma especial de atención sostenida.
Los magos son expertos en manipularla y recuerdo el experimento realizado por psicólogos induciendo a un auditorio a estar atento a los botes de una pelota realizados por varias personas en un escenario de tal modo que no percibían el pasaje de un actor disfrazado de gorila por el mismo lugar. Por supuesto que la invisibilidad no era del 100% pero superaba el 50%. Si veo creo y si no lo veo no lo creo. Sonrío y ¡Eureka! , recuerdo otra película acerca de un gobernante en problemas que contrata a un experto guionista para crear una guerra ficticia y así conseguir aglutinar el apoyo popular, objetivo que logra manipulando información falsa pero creíble, aderezada con sentimientos provocadores.
Pienso en la “mano invisible del mercado” y en otra película en que un notable abogado confiesa no importarle o interesarle saber si su defendido es realmente inocente o culpable ya que solo le interesa personalmente ganar el juicio y no que se haga justicia.
Me doy cuenta que estoy fastidiado por la realidad de mi país que en plena campaña electoral abunda en estas estrategias de Mentiras Verdaderas, otro título.
Me preocupa el intento reiterado de colocar a mis semejantes como espectadores atrapados por una película burda e inverosímil pero que muchos, demasiados no la detectan como tal. A no dejarse distraer y tomar ficción por realidad o mentira por verdad.
Médico neurocirujano Licenciado en Psicología
Autor de El Niño Problema y La era del NeuroTodo



