Era medianoche cuando a la vez dialogaba con un primo al que quiero mucho. Obstinadamente va en un ciclo reiterado de esforzada militancia con esperanzas y decepciones repetidas, a veces previsibles. No dejan de hacer mella en su cuerpo pero no en su espíritu. No sé si esto último es un hecho afortunado, real, o el consuelo por el afecto que le tengo como pariente y médico.
La frutilla del postre vino de ver como en otro reportaje a un renombrado “operador político” que funge como asesor de un candidato, el periodista haciendo gala de su experiencia, capacidad profesionalidad y calidad humana, lo interrogaba obteniendo respuestas evasivas, titubeos o argucias del lenguaje para no decir la vedad lisa y llana.
Como diría mi padre enarcando las cejas: ¡está tratando de explicar la cuadratura del círculo! Ya eran como las dos de la madrugada. Hoy me despierto habiendo dormido poco, mi esposa confiesa no haber dormido nada por razones similares. Ahora en este escenario, mi lugar favorito de meditación, estímulo y muchas veces consuelo, irrumpe la figura de mi padre y se hilvana una serie de recuerdos de otros padres- maestros que dejaron profundas y valiosas huellas con esa conducta docente que es el ejemplo o lo que yo remarco como el acto ejemplar.
Año 1945, es un día lluvioso, la maestra no llega y estamos solos en 1º A. Hay un avestruz embalsamado en el aula y los varones (éramos solo 5 por un ensayo en la escuela normal 6, de mujeres) asustábamos a las nenas que llegaban tarde y se topaban con el avestruz.
De pronto, en vez de una nena entró la Señora Regente sorprendiéndonos en plena travesura. Parados en fila nos pregunta qué estábamos haciendo. Respuestas: silencio, nada…. Yo sin saber porque dije la verdad: asustábamos a las nenas…Marchen cuatro a la regencia en penitencia y Guillermo se queda en el aula perdonado por decir la verdad. Valió la pena. Verano del 53/54, después de cenar, Mario mi entrañable amigo pasa por casa y salimos a caminar por la Avenida Santa Fe como lo hacíamos frecuentemente.
Hablábamos largas horas caminando y él fumando. Para Mario era la oportunidad de hacerlo a escondidas de sus padres y de su hermanita que podría delatarlo. Un día mi padre, (siempre me decía ojo, que cuando vos vas yo estoy de vuelta), estando a solas conmigo me dice que se había dado cuenta que parte del objetivo de las caminatas con Mario era fumar. Me sorprende cuando con calma y una sonrisa me dice. “Mirá, si querés fumar podés hacelo sin esconderte, ya que ocultarlo es una tontería; además yo no te voy a prohibir algo de lo que no soy ejemplo”, prosigue: te aconsejo no empezar pues no es bueno, es un vicio del cual cuesta salir y……además tendrás que pensar en ganar tu propio dinero para comprar los cigarrillos, pues yo me hago cargo de todo, en especial mientras estudies y seas bueno en eso, pero no me haré cargo de tus vicios” Nunca fumé, papá fumaba desde los 12 años y murió a los 61 luego de un infarto a los 55. Mario murió a los 50 de un cáncer de pulmón. Buen consejo y enseñanza ejemplar para mí que aún puedo hacer esto mucho más viejo que él. Día del maestro, año 1955, post revolución. Me eligen delegado de 5º2ª para decir unas palabras en el acto. Además soy escolta de la bandera.
Escribo un breve discurso en el que digo que no somos dignos de homenajear a Sarmiento porque no habíamos cumplido con su postulado de educar al soberano. Me presta la máquina de escribir Aurora Bernárdez, la vecina de al lado que lo lee junto con Teresa, hermana mayor en el afecto; lo aprueban sonriendo.
Eran parte de mi familia ampliada y de mis ejemplos, además de mi modesto club de admiradoras. Se lo muestro al rector minutos antes del acto, lo lee, sonríe, me pregunta si yo realmente pienso eso, le digo que sí y con cara mezcla de sorpresa y orgullo me dice ¡pues entonces dígalo!. Silencio y sorpresa al comienzo, fuertes aplausos al final. Triple acto ejemplar: Aurora y Teresa no opinando ni corrigiendo sino dándome ánimo, el rector al acepta la opinión de un alumno y permitirle expresarla libremente y el mío siendo coherente entre mis ideas y mis palabras. Año 1958, Hospital de Clínicas , Cátedra de Semiología.
El Jefe de Trabajos Prácticos José Emilio Burucúa pide que cada comisión mande al aula al alumno de mejor promedio. Allá voy junto con uno 9 o 10 más. Nos recibe y hace entrar un paciente a quien nos presenta y le agradece por permitirnos examinarlo. Nos da dos horas para hacerlo y se marcha. Al regreso despide al paciente reiterando el agradecimiento y nos preguntas a cada uno que habíamos encontrado en el examen físico.
La mayoría repitió la descripción de un examen normal, una copia fiel de lo que estaba en el libro. Unos pocos, entre ellos yo, manifestamos entre temerosos, sorprendidos y avergonzados que no entendíamos nada. Nuestros hallazgos eran desconcertantes: todo parecía estar “al revés” de lo esperado. Silencio, luego Burucúa saca unas radiografías y Eureka, teníamos razón, el paciente tenía una rara anomalía anatómica en la que todos los órganos están “al revés” es decir en el lado opuesto al habitual, un situ inverso total. Corazón a la derecha e hígado a la izquierda. Mirada cariñosa a los que dijimos lo que realmente habíamos observado albergando dudas; sermón para los que habían fabulado un examen normal porque era “lo esperado”. La enseñanza fue: sean honestos y desarrollen la capacidad de pensar y dudar tanto como la habilidad para examinar. Burucúa además era parecido a mi papá. Severo, pero era comprensivo aunque implacable frente a la estupidez o la mentira. Sus ojos brillaban cuando nos veía crecer por el buen camino.
Tuve mucha suerte y podría seguir sumando maestros que predicaban con el ejemplo. Son los que poseen autoridad en vez de poder y nos enseñan a distinguir entre ambos conceptos. Son veraces y confiables y por eso los respetamos. Son coherentes y consecuentes, no hay disociación entre lo que piensan, sienten, dicen y hacen.
Poseen y predican la lógica y el pensamiento crítico, junto con la sinceridad para decir no sé, pero podemos averiguar juntos y así pasar de dudar a conocer y de allí a saber. La sabiduría nunca es total ni absoluta, puede ser duradera pero no es eterna. Llegado a este punto y agotado el café, pienso ir a regar el jardín. Antes me doy cuenta de las razones de nuestra tristeza, enojo, decepción y frustración: no hay maestros ni actos ejemplares a la vista en el escenario de nuestro país con sus dirigentes guionistas /actores..
Por eso siento la necesidad de protestar negándome a elegir entre malos con poder. Las alianzas contra natura, la tabula rasa pregonada por quien la ha escrito, reescrito y ahora pretende borrarla apelando al falso consuelo de mejor malo conocido que bueno por conocer o al ilusorio perdonemos y miremos al futuro. Olvidan que como creo haberle escuchado a un brillante historiador y periodista, Carlos Pagni, la historia es la arcilla con la que el presente moldea el futuro.
Mientras tanto algunos sabemos y otros deberían saberlo, que se cumplirá inexorablemente la famosa fábula de la rana y el alacrán. Está en la naturaleza de alacranes evidenciada en muchos de nuestros dirigentes que los lleva a ejercer el poder a como sea, aún destruyento aquello que alardean de apreciar. No siempre el escorpión mata durante la travesía, puede hacerlo tan pronto llegue a la otra orilla.
En esa situación estamos con el ballotage. Lo prudente es no creerle al alacrán ni ser ingenuos como la rana. Gracias papá, y muchos de mis maestros. Cierro como el cantor: “ gracias a la vida que me ha dado tanto”. Respiro hondo y me sigue gustando el olor a tierra mojada y albahaca fresca.
Médico, Licenciado en Psicología
Autor de El niño problema y de La era del neuroTodo.
La era del neuroTodo II duerme esperando una editorial


