Miércoles, 01 Noviembre 2023 11:18

Mara-Mes una síntesis no muy favorable - Por Guillermo Javier Nogueira

En medio de una profunda crisis que nos interpela como sociedad constituida dentro de una Nación y a su vez constituyente de un gobierno no muy apegado a las reglas, surgen serias dudas y por ende preguntas con respecto a nuestra identidad. Un galardón deportivo instituido por una organización extranjera es otorgado a dos futbolistas argentinos.

Es la distinción máxima, que por otra parte uno de ellos  ha obtenido ocho veces.

En el show mediático de la recepción del premio, el ganador  homenajea a otro extinto futbolista que de haber sobrevivido a sus excesos, seguramente sería igual y merecidamente premiado. Ambos son ídolos nacionales, han globalizado el conocimiento de nuestro país a partir de una habilidad deportiva. Lograron hacer creer, en particular a los argentinos,   que el fútbol hace a la grandeza de las naciones y por ende ellos fueron y son los patriotas por excelencia y los representantes de nuestras virtudes como nación. Así nuestros dirigentes mentirosos y venales ocultan tras ellos nuestra decadencia y gobiernan.

Puro pan y circo. Líderes de toda laya disputaron y disputan su amistad y reconocimiento; algunos  lamentan y no perdonan cierto desdén en el caso del festejo del campeonato Mundial. La confusión de valores, autoridad y poder siempre fue tal, que en las elecciones fundacionales del regreso a la democracia, el ídolo de ese entonces (ahora fallecido) se consideraba  digno y con suficiente  autoridad  para  tener una entrevista  con los candidatos presidenciales, Raúl Alfonsín e Ítalo Luder.  

Estos debían explicarle a él en persona sus planes de gobierno, cosa que logró  divulgando luego su preferencia. Un árbitro con pies de barro. Situación que repitió en otros ámbitos con simpatías, militancias y apoyos diversos a causas muchas veces contradictorias. Tenía poco más de veinte años en aquél momento y su mérito mayor era ser excepcionalmente habilidoso jugando al fútbol. Su muerte tuvo, aparte de las características trágicas, la magnitud de un duelo nacional incluyendo su velatorio en la casa de gobierno. Sumariamente fue un generador de pasiones y felicidad poco abundantes  en esos tiempos; también efímeras.

El otro ídolo, el más reciente y aún vigente, se permitió negarle al Presidente de la Nación y miembros oficiales de su entorno compartir el festejo del campeonato  mundial, aduciendo dificultades de tránsito y creo mostrando una postura política diferente a la del gobierno que pretendía enancarse en un logro ajeno. Por esto mismo aparte de ser reconocido por ser un deportista excepcional se lo elevó a la categoría de ejemplo de sensatez, humildad y apego a valores presuntamente nacionales pero políticamente opuestos al oficialismo. Es evidente que el liderazgo derivado de la práctica exitosa y rentable de un deporte, es suficiente en nuestro país para condicionar y competir mano a mano con el poder de los gobernantes responsables del destino de una nación entera.

Es un exceso, un despropósito, una muestra de la endeblez de los políticos, mucho menos populares que un jugador de fútbol exitoso. Como diría mi abuela ni muy -muy ni tan- tan. No soy competente para analizar y valorar méritos y diferencias entre DAM y LM desde el punto de vista futbolístico. Ambos sin duda encabezan cualquier tabla de valoración. Lo que sí me interesa es analizar en qué han diferido y rápidamente se evidencia el origen socioeconómico proveniente de la estructura familiar  y el nivel educacional tanto de la familia como del propio futbolista.

Es precisamente el valor de la educación lo que deseo resaltar, no solo aquella formal, sino la fundacional que se da en el seno del hogar, en un determinado contexto y época. Una familia luchando por sobrevivir en un mal contexto; otra poniendo límites, apoyando y buscando el contexto y las oportunidades favorables. El producto son dos individuos excepcionalmente habilidosos en un deporte convertido en espectáculo y negocio. Uno malgasta sus virtudes deportivas en pos de una quimera desenfrenada de poder, riqueza y gloria.

El otro cuidado y formado de otra manera, tiene lo mismo sin pagar el precio de una corta vida y sin el riesgo de perderlo todo  como en una apuesta arriesgada además hecha en un juego tramposo. Dos argentinos, representativos de dos partes básicas de la sociedad argentina, a la que trágicamente parece arrastrarnos el destino diseñado y dependiente de  carencias de todo tipo, muy especialmente educativas y éticas.

Vemos que las habilidades, aunque sean excepcionales, no son suficientes si no las consolidamos con los saberes fundacionales aportados por la educación, la moral y la ética que guiarán las conductas.Hay dos puntos que me interesa destacar.

El primero es que sistemáticamente divulgamos y fomentamos la idolatría de deportistas, en primer lugar y casi en forma exclusiva. A su vez son ellos los que  nos hacen conocer en el mundo: Firpo, Fangio, Maradona, Messi, Los pumas, Las Leonas, La Selección de fútbol, Vilas, Del Potro, G..Sabatini,  Los polistas y podría nombrar muchos más.

¿Es eso lo más importante que emerge de una nación?     Remarco más para que no se me tache de sesgo intelectual. ¿Por qué hablamos mucho menos de nuestros  premios Nóbel de Medicina y de La Paz, de Borges, Cortázar, Arlt, Bioy, Victoria Ocampo, Alicia M de Justo, Marta Argerich, Barenboin, Berni, Minujín, los emprendedores en informática y sigue la lista? Me temo que es por la pobreza educativa creciente y generalizada sumada a una memoria breve, frágil y manipulada. Luego de la generación del 80 contamos con muy pocos líderes con capacidad, determinación y habilidad para fomentar el bien común.

Aquellos  fundaban escuelas y donaban sus sueldos; viajaban y traían experiencias en educación, visitaban viejas y famosas universidades, se codeaban con estadistas, filósofos, escritores, poetas e inventores. Desde entonces hasta aquí, casi un siglo y medio, solo tenemos unos pocos líderes políticos  dignos de ser recordados; una minoría en comparación con los deportistas exitosos.

Con este trasfondo y  en esta circunstancia eleccionaria  somos constreñidos a optar por alguien reconocido por su travestismo político  y que  sin ser economista dirige la economía catastróficamente,  su superior, docente universitario de derecho, contradice las leyes y se ausenta delegándole las decisiones de gobierno, mientras la   segunda autoridad , con condena confirmada ejerce su mandato en las sombras.

El tráfico de influencias es rampante y ya obsceno con bolsos, carteras, yates, damas de compañía y cuentas  en paraísos fiscales y cajas de seguridad. La otra opción es la de  un candidato que no se inmuta reconociendo que habla con su perro muerto a través de un médium y que este le aconseja. En el fondo ambos candidatos y una tercera, la perdedora, son marionetas de grandes titiriteros que los mueven y controlan incluyendo la obligación de desdecirse o ir contra sus ya poco creíbles principios.

El análisis de sus vidas nos mostrará una vez más escenarios parecidos  a los de los deportistas analizados en primer término. Traumas infantiles, vidas signadas por la ambición, la insatisfacción, las carencias afectivas, sumadas a variantes educacionales entre carentes o muy particulares y sesgadas. Por ello el actual cotejo político puede verse como el habitual espectáculo/competencia deportiva con sus líderes convocando al fanatismo, la irracionalidad  e  invocando falsas razones.

El miedo es utilizado en espejo: si votas x, te quitarán todo, si votas xx, te prometerán falsamente darte todo lo que no quieren , no tienen y no pueden darte porque se lo malversan y seguirán haciéndolo. Debemos desterrarlos para siempre dicen. Amenaza /garrote de ambos lados y zanahoria también. Lo triste y trágico es que las posiciones cambian minuto a minuto y la supuesta determinación y conducta regida por valores pasa a ser el “como sí” de un relato que plantea una solución tramposa, ya que al menos el 30% de la población eligió otra cosa, perdió y ahora se pretende hacerlos abjurar de sus principios que son precisamente los límites que controlan su conducta.

La degradada dirigencia no los comprende ni respeta. Los amenazan y tratan de seducir  porque así es como se conducen Es que  así son en realidad y así es el ejemplo que dan. Por eso negocian, mejor dicho “rosquean”,  hablándonos de principios que, volviendo al fútbol y sus hinchas los  llaman “códigos”. Siempre secretos y muchas veces “non sanctos. ¿La culpa no es del chancho sino de quien le da de comer?

Otra falsa opción. Podrían ser ambos en esencia por su propia naturaleza. Los argentinos somos reyes de las paradojas y así nos va. Cambiemos  chancho por alumno y granjero  por maestro para humanizarla; llegaremos  a igual conclusión  aunque lo que está en juego es más que el aumento de peso. Conclusión: nuestra identidad quizás sea una no identidad donde pueden convivir “el Diego” jugador, “el diego” coima, y Lio, el humilde, familiero, sensible y millonario jugador, cuidado y guiado por su padre y “el lío” situación de desorganización,  falta de reglas, enredo y caos.  Picardías del lenguaje.

Páginas y horas de pantalla dedicadas a las estrellitas, los escandaletes, los cronistas deportivos, la intimidad de los ídolos y sus familias, todo frecuentemente en lenguaje pobre y falaz, mientras que se le dedica menor espacio y tiempo a nuestra realidad y la del universo  en llamas por el cambio climático, diversos genocidios y  la atroz proximidad a repetir lo peor de lo que son capaces los humanos: el terrorismo y la guerra. Lo naturalizamos como la obtención del balón de oro.

Mal maestro/granjero creador de memorias frágiles y sesgadas en los jóvenes como esa grasa en exceso que engorda en demasía y condena al pobre cerdo que por ignorante responde desde su instinto comiendo.  El joven alumno posee además de instinto, razón, y por lo tanto el maestro debe enseñarle a pensar para no acumular la grasa del adoctrinamiento.  

Esta es una ocasión para cambiar el “lo vamo a reventá” por ¿Qué tal si pensamos, estudiamos, compartimos, reconocemos lo no sabido y buscamos y elaboramos juntos la mejor respuesta que jamás debe ser solo la menos mala? Nunca es tarde para señalar los errores y no convertirnos en cómplices forzados y engañados. Tratemos de no terminar en una mezcla tipo Mara-Mes.

Médico, Licenciado en Psicología

Autor de El niño problema y La era del neuroTodo

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