Eran pobres, y entonces hambre de todo, incluyendo de justicia social y de independencia económica para poder alimentarse libremente a partir de la justa recompensa por su trabajo.
El problema era y sigue siendo que no hay trabajo, este es pobremente remunerado o no se lo fomenta. Por lo tanto no debe sorprender la consecuente pobreza y el hambre surtido: hambre de alimentos, de justicia, de trabajo, de reconocimiento al esfuerzo y al mérito, de salud, de educación, de salarios dignos, de respeto por el otro, de valores éticos.
Dejo aparte en particular el hambre de honestidad, veracidad y sabiduría, subyacentes en el hambre de autoridad, por estar en juego en las últimas peripecias políticas. Los gobernantes ofrecen un chupete en un gesto paternalista o maternalista (da lo mismo), muestra de poder que se captura, se ejerce, se posee, pero que no lo han ganado ni les ha sido otorgado por sus méritos; cosa imposibles de suceder dadas sus graves falencias.
Es lamentable verlos debatir y tomar como modelos a un club de fútbol, un equipo exitoso o ídolos populares, en algunos casos de dudosa reputación. Se equiparan y se los utiliza como peldaños en una endeble y tortuosa escalera hacia el poder. Se ignora la geopolítica y los responsables solo exhiben amistades personales oscilantes entre la farándula, los negocios y el narcisismo.
Da lo mismo un dictador que un traficante o un estadista. No obstante el tiempo pasa y como dice el tango “al fin los años se morfan cualquier pintura”. La clase dirigente por defender sus privilegios se ha vuelto conservadora y a pesar de proclamar cambios y revoluciones diversas, persiste en repetir viejas fórmulas. Se sorprenden, por poco pensantes, cuando a pesar de tener la computadora y el celular más nuevo y sofisticado, son vapuleados por cualquier ciudadano que los fotografía, los graba y viraliza esa información, que además puede ser manipulada.
El problema es más grave cuando esas acciones no dependen de “cualquier ciudadano” sino de grupos marginales con poder y al servicio del pagador con más poder. Los “carpetazos”, las causas dormidas que de pronto “despiertan” o llegan al dominio público, ilegalidades harto sabidas, pero convenientemente ocultadas según necesidad y oportunidad. Aparece la Inteligencia Artificial y se debate acerca de su conveniencia y posibilidades. Surgen pros y contras.
El temor está sesgado hacia el lado menos peligroso como es la capacidad superior a la humana para ciertas tareas, cuando personalmente habría que mirar atentamente a quienes direccionan y financian su desarrollo ya que no sabemos a ciencia cierta la ética que los guía.
Alegremente se va incorporando el chatGPT, sin difundir, pensar y debatir la paradoja de Moravec (resolver fácil problemas complejos pero no acciones simples), o algo más interesante como son la empatía, la atención y la motivación puestas en juego en la interrelación hombre máquina/IA, que un robotista estudió señalando que la relación era negativa cuando el robot tenía diferencias sutiles y entonces se lo percibía como un engaño. Si era muy parecido a un humano pero claramente un robot, por el contrario, la relación podía ser afectuosa.
Este rodeo tiene que ver con el punto al que hemos llegado con elecciones y campañas donde el uso de IA produjo publicidad, análisis, pronósticos, y esencialmente inducción de opiniones y toma de decisiones no racionales: el miedo condicionando la capacidad de pensar inteligentemente y optar cotejando, no simplemente sintiendo.
Los ciudadanos fuimos degradados y llevados a lo más animal y básico que tenemos los humanos: los instintos y sus conductas relacionadas. Así aparecían como alternativas, amor/odio, ataque /huida, amigo/enemigo, conocido/desconocido. Todo esto se procesa en nosotros inconscientemente. No advertimos que lo consciente, paradojalmente estaba en quien nos manipulaba.
Evitar la toma de conciencia es como el arte del prestidigitador: desviar la atención y “hacer creer”, esencialmente una forma de mentir. Nos mostraban motosierras y pobres que serían indigentes en cierto futuro; miedo y dolor pero no razonamiento, que usando lógica y causalidad nos podrían haber llevado a analizar relaciones causa/efecto y así víctimas reales y victimarios responsables.
Nada de esto sucedió y ahora hay un desgarro de vestiduras frente a una realidad que abofetea, “No la vimos venir, era imposible saber”….., falsas excusas. Vino el caos con todas las variables en juego y sin un hilo conductor excepto la mendacidad. Persistiendo en el error se hacen pronósticos cambiantes en minutos, cosa que es más que obvia pues no hay hoja de ruta, brújula y tripulación consistente.
Tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe. Un famoso filósofo decía que los cambios generalmente eran lentos y graduales pero que ocasionalmente se producía uno brusco y definitivo porque no quedaba nada de lo anterior. En ese caso se produce un salto a lo desconocido, al vacío y surge una nueva era. Llegamos por todas las vías a nuestro salto al vació que no es más que estar frente a un nuevo territorio luego de haber atravesado un límite, quizás una frontera. Estamos así porque nada es creíble y como en el caso del robotista, la criatura política elegida parecía una cosa que generaba empatía, pues aunque exagerado en una representación, podía ser percibido como auténtico. Ahora no sabemos si lo que surge en esta circunstancia mantiene esa coherencia creíble y empática o es una sutil mentira, un engaño.
¿En cuál confiar, en el candidato o en el elegido? ¿Cuál es real, verdadero, auténtico? El resto van y vienen en un travestismo que intentan disfrazar de racionalidad y jugando con el lenguaje convencernos que elegir y optar son tomas de decisiones válidas y obligatorias en todo tiempo y circunstancias. Juegan al don pirulero en que cada cual atiende su juego. Estamos pobres y al menos algunos tenemos hambre de honestidad, de confiabilidad de ética y de talento.
Me siento como Borges (siempre aparece en lo fundamental) cuando decía invocando a un Dios imaginado: “Dios mueve al jugador y este a la pieza ¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza?” Dios, el destino, las decisiones, la realidad, la verdad, el ajedrez y la IA son un buen alimento para el hambre que siento. Por ahora saciarlo es una moneda en el aire.
Médico, Licenciado en Psicología
Autor de “El niño problema” y “La era del neuroTodo”



