Propone una metodología nada conciliadora para corregir definitivamente y anular para siempre a los agentes causantes de haber convertido una nación maravillosa en un club de barrio pobre. Para seguir el hilo artístico puede cambiarse nación y club por teatro. Los engloba en un término que luego otros tratan de definir y explicar según convenga: la casta o las “corpo”.
Esgrimiendo supuestas y probables buenas intenciones y una buena cuota de talento, logra abrirse camino hasta llegar al poder, así tiene el teatro a su disposición. Cabe recordar que tener poder implica la capacidad de pasar de potencia al acto y por lo tanto la responsabilidad correspondiente, más aún si el poder se obtiene transitoriamente y por delegación.
Se necesita autoridad para ello. En este caso se la pregona y estaría basada en una peculiar concepción economicista de las acciones humanas y una idea sobre la libertad, o mejor dicho el libre albedrío, que en algún punto y contradictoriamente lo acercan al pensamiento mágico, cuando se menciona la mano invisible del mercado o la ley de la oferta y la demanda, equiparadas a veces con la ley de la gravedad.
De soslayo suma genéricamente a la ciencia y el cerebro invocando a investigadores del neuromarketing. Son ideas, conceptos, que en la Academia llevan siglos de discusiones y controversias a partir de la falta de respuesta precisa y definitiva a los grandes interrogantes sobre los seres humanos y sus conductas: la relación mente / materia y naturaleza/ cultura.
Lo son por las enormes dificultades para ser definidos con certeza Corona con la frutilla del postre al tener como referentes a destacados miembros de una confesión religiosa que especula con abrazar en un futuro indefinido. Lo preocupante del caso que me lleva a escribir estas líneas, es que en el devenir de su tarea, se han producido una serie de transformaciones en su discurso y sus acciones que ponen en tela de juicio tanto sus conocimientos, sus razones, su motivación como la solidez de sus convicciones y su capacidad de pasar de la potencia al acto.
A punto de ponerse en acción, nos ha llevado a una situación de incertidumbre con marchas, contramarchas, negociaciones y compromisos o transacciones inimaginables poco tiempo atrás, y un secretismo que tradicionalmente ha albergado amargas sorpresas cuando no francas traiciones.
Todo es cada vez más incierto por contradictorio, a punto tal que muchos dudan cuál es el verdadero personaje de esta obra en la que el elenco no parece renovarse, o peor aún, reaparecen viejos actores y guionistas. Nada nuevo bajo el sol cuando se identifica y reivindica con otro ciudadano que en circunstancias parecidas no dudó en mentir convocando a su apoyo para luego decir que si expresaba lo que se proponía hacer nadie lo habría votado y suelto de cuerpo hablaba de casualidades permanentes.
Terminó sus días condenada, pero protegido por los fueros que la denostada pero útil e ¿inevitable? “casta” se encargó de brindarle. Regresando al punto de partida, o abrimos los ojos para ver por donde vamos y evitar tropezar nuevamente con la sempiterna piedra, o invocamos a Jesús y el poder divino para que la convierta en panes, que buena falta nos hacen.
No parece ser la solución ya que el pedido se le atribuyó al ¨maligno” y la respuesta se cree fue algo así como: hablen con el jefe. Remitiéndonos al relato más seriamente, la referencia era a la palabra de un Dios que puede obrar milagros, quien además la utiliza para tareas más importantes que convertir piedras. Usé estos términos para ponerme a tono con el sujeto de marras que calificó de maligno a un argentino papa, con quién luego dialoga, se disculpa y acepta sus rosarios.
El problema es que la piedra sigue allí y el guía no es seguro la vea o sepa como esquivarla, mucho menos convertirla en algo beneficioso. Si apelamos a la calesita no nos va mejor, puesto que se suele decir de nuestros dirigentes que además de reiterados en lo mismo “como calesita” son capaces de chocarla.
Existe otra metáfora: “en la cancha se ven los pingos” y recorrer los medios es una manera turfística de ir observando nuestra cancha-nación y los pingos- dirigentes, particularmente los recientemente electos con su líder. Esta visión mediática culminó en mi caso en una pesadilla con su elaboración posterior.
Desperté habiendo soñado a un médico que luego de examinar y evaluar un paciente le propone en base a su diagnóstico un tratamiento que difiere del que venía realizando por indicación de otro colega. Es una cirugía mayor, compleja y con riesgos.
El paciente es convencido pues este último profesional esgrime una serie de argumentos y capacidades para llevarlo a cabo exitosamente: conocimientos, experiencia, plan con táctica y estrategia y los recursos humanos y materiales necesarios. Utiliza su prestigio para a su vez desacreditar al colega precedente. Pero hete aquí que el día antes del procedimiento el paciente ve que el cirujano decide otro tipo de cirugía, muy diferente y que no le explica, cambia de anestesista, instrumentadora y gestiona la internación en otro hospital pero no es seguro haya camas y la terapia intensiva es pequeña y el tomógrafo a veces no anda. Le dice quédese tranquilo, no lo voy a defraudar. Un familiar minutos antes además le advierte que el tratamiento es controversial y ese cirujano nunca lo ha realizado con anterioridad.
Toque final de terror cuando el paciente ve llegar a su habitación al médico que había desestimado junto a un grupo de colaboradores provenientes de diferentes instituciones, mezclados con los del equipo que le habían mostrado como garantía de idoneidad y éxito. Todos hablan, discuten y se asignan roles que cambian constantemente y en algunos casos se partan, agrupan y hablan en secreto. No puede saber quién lo operará finalmente, cuál será la táctica y la estrategia, tampoco si hay un equipo competente y si el lugar es apropiado.
El resultado posible pero variablemente probable del tratamiento le será nuevamente ajustado a las nuevas circunstancias. Será medible fríamente en estadísticas como porcentaje de cura y sobrevida según todas las condiciones expuestas y que es incapaz de comprender, valorar y controlar. Peor aún, ya no tiene libertad ni opciones válidas pues firmó el consentimiento en circunstancias de vulnerabilidad y sin leer la “letra chiquita”. Fue un acto de fe muy emocional.
Me desperté angustiado pues era una pesadilla en la que (interpretación de psicólogo) me proyecté alternativamente en el paciente azorado y en el médico al que repudiaba por incoherente y quizás falaz. Por suerte ahora tomo café y miro el jardín. Me resisto a leer el diario, prender la radio o mirar la TV pues temo ver realizarse la pesadilla según las noticias acerca del “armado” del futuro gobierno.
#Médico Neurocirujano
#Psicólogo



