Del primero quiero sugerir la lectura de la descripción de un Libertador ya viejo y en Francia, hecha por el ahora meneado y reivindicado J. B. Alberdi. Impulsó la tarea un querido amigo y colega nacido en Misiones, misionero de vocación y casi de profesión.
Fue él quien me hizo llegar esa información tomada de un medio; como siempre más que oportuna. Alberdi en 1843 escribiendo como cronista viajero, se sorprende al encontrar en Don José un ser humano “común”. Le llama la atención su modestia así como su vitalidad y la firmeza de sus convicciones. La sorpresa que deja traslucir, supongo sería porque en su imaginación lo tenía como una gigantesca estatua de bronce coronado de laureles; en cambio se encontró simplemente con un ser humano excepcional.
Alberdi quizás descubrió o confirmó allí los pies de barro de la idolatría junto con buenos ejemplos para su ideario político. Don José tuvo el sueño de la Gran América en sus manos y lo cede a Bolívar más ambicioso y menos modesto. Literalmente y tal como describe Alberdi, cuelga su sable glorioso en un rincón de su estudio, hábitat del exilio autoimpuesto. Ese artículo desencadenó a la vez otro hilo en el telar de mi mente.
La famosa carta, cuyo original no se encuentra, su existencia es puesta en duda y Don José no quiso revelar su contenido, ha generado controversias de diverso tipo. En 5º año del secundario en “el Avellaneda” (1955), con la efervescencia del momento y de la adolescencia, decidimos hacerle un insolente escrache (hoy léase bullying) a la profesora de Historia Argentina.
El argumento fue que había elegido un libro de texto “revisionista”. Para el momento, Rosas y Perón eran tiranos que habían descendido a la B, y hasta nombrarlos producía escozor cuando no castigo. Todo se limitó a tocar pitos y hacer ruido a su llegada, lo que provocó su retirada indignada. Cinco minutos más tarde todas las autoridades nos dieron una gran lección. Permitieron que el delegado de la división (un servidor) expusiera las razones de esa inconducta.
En realidad el argumento del revisionismo era una estupidez que comprendimos años después. El otro no confesado era que la profe era muy exigente y tenía poca empatía con los casi bachilleres. Nos estimuló otro profesor muy querido por ser precisamente lo opuesto, a quien por ser abogado consultamos antes. Él como suele suceder con muchos porteños de esa época y peor aún si hombre del foro, noctámbulo y burrero, nos dio la razón al estilo Juan Mondiola. Resumió la actitud y manera de ser de la docente justificando nuestra disconformidad, en la para él notable carencia de sexo de la ya no tan joven y soltera profesora. Pavada de respeto por el género. Muchos no estábamos de acuerdo pero la solidaridad era de hierro.
Luego de mi descargo el rector nos dijo que lo hecho era una infamia en primer lugar por tratar así a una mujer y en segundo lugar porque no era la forma ni teníamos derecho para cuestionar a una docente además partiendo desde nuestra supina ignorancia.
Corolario: formen fila fuera del aula, salgan del colegio ahora mismo; están expulsados. Llegar a casa y contarlo fue como pegarse un porrazo doble, papá con su: ahora hacete cargo y mamá: te olvidaste que yo también soy mujer. Culpa, miedo y vergüenza. Fuera del colegio significaba un futuro truncado. Todos los padres estuvieron de acuerdo con la medida y solo pidieron disculpas cuando convocados por el Rector se les informó oficialmente de lo sucedido y que la medida disciplinaria se convertiría en una cantidad de amonestaciones que nos colocarían al borde de la expulsión real ante una mínima falta en el futuro. Autoridad, respeto y conducta ejemplar por ambas partes. También comprensión y tolerancia ya que nadie quedó libre a pesar de las travesuras propias de la estudiantina.
Algunos habíamos advertido de este resultado y propusimos otras vías de reclamo. Ya existían mini grietas: dialoguistas más o menos racionales versus revolucionarios con cortaplumas (no existían las motosierras). La fantasía había sido que nos permitirían elegir a nuestro gusto el nuevo profesor. Nada de eso ocurrió.
El número de los aplazados creció notablemente con el reemplazante.. Las revoluciones suelen comerse a los revolucionarios. No obstante, este profe severo y con buen control del aula, era un excelente docente y oh sorpresa, nos enseñó que la famosa carta de renuncia de San Martin a Bolívar, seguramente podía estar relacionada con el hecho que el gobierno de las futuras Provincias Unidas del Río de la Plata (más un deseo que una realidad consolidada en ese momento) no lo apoyaba e inclusive no demostraba interés por acompañar su emprendimiento.
El modesto y a la vez grandioso Don José descripto por Juan Bautista era tal cual. Ahora yo me pregunto ¿existirían ya “el mercado”, los emprendedores, inversores, el cálculo de costos y beneficios? Sospecho que sí, en un Virreynato con aduana, túneles, arribas forzadas, mercaderes, contrabandistas, Fernadistas, criollos, esclavos, monarquistas, imperialistas, algunos activados por French y Berutti repartidores de escarapelas, que según S. Ferla (divertido historiador) eran “muchachistas”, vieja versión de los barras brava de hoy. Al mismo tiempo Inglaterra como le era habitual movía alianzas y conflictos en pos de mercados que desde siempre son regulados, a veces con violencia. Como nada esta desconectado en mi telar maravilloso, escucho justo ahora a Santiago Kovadloff que desde un atril y con su buen decir habitual, comenta una carta de San Martín a Pueyrredón en respuesta al entonces gobernador, quien le había notificado de la falta de recursos e ¿interés? en su campaña libertadora más allá del norte. La consideraba imposible.
Don José retrueca que es imposible pero imprescindible. Buen colegio, buenos padres, buenos profesores, reglas claras, respeto por el otro como parte de una modestia esencial surgida del pensamiento, la duda y la sabiduría de nuestra ignorancia que constantemente se renueva tal como el horizonte se aleja. Volver a ese Don José nos vendría muy bien.
Preguntarnos por la libertad y el mercado también. Mi padre como muchos de su generación sabía de memoria algunos versos del Martín Fierro, obra del otro Don José que apareció como nuevas hebras para mi trama. Lo leímos y recitamos partes en la escuela primaria, creo que tal como lo hacía mi padre para memorizarlo como guía y consejero astuto frente a una realidad que cambia más en apariencia que en sustancia en tanto que son siempre seres humanos los que la interpretan y actúan de acuerdo.
En el secundario lo leíamos “intelectualmente” y así se valoraba o despreciaba tanto su estilo como su contenido. Como puede verse la discusión forma/fondo-contenido persiste pues nos encandilamos con el sesgo del punto de mira. Recuerdo algunos de los versos por repetirlo para otros y como aguijón para mí : “Hay hombres que de su cencia tienen la cabeza llena- hay sabios de todas menas- más digo sin ser muy ducho- que mejor que aprender mucho- es aprender cosas güenas”. “Los hermanos sean unidos- porque esa es la ley primera-tengan unión verdadera- porque si entre ellos pelean los devoran los de ajuera” Finalmente “Hacete amigo del juez- no le des de qué quejarse…..”. Cierro recordando una vez más a mi padre que como buen hijo de gallegos culminaba y remarcaba sus enojos y frustraciones con un sonoro ¡carajo!
Los medios se han inundado ahora de esa expresión, que de acuerdo al uso por mis ancestros y al diccionario se la aplica equivocadamente. En realidad no corresponde decir por ejemplo ¡viva la libertad carajo!, en cualquier lugar y ocasión, cuando literalmente nos fuimos y seguimos yendo ¡al carajo!, lo que no es ningún mérito ni logro valioso.
Si la máxima autoridad realmente usa médiums para hablar con un “hijo de cuatro patas” fallecido, preconiza el uso (aunque sea simbólico) de motosierras para corregir amputando o cercenando reglas, instituciones, usos y costumbres que incluyen personas equivocadas o no, como etapas insoslayables de un cambio necesario sí pero no de cualquier manera y a cualquier costo, aplica el carajo usado al estilo de mi padre y no de los libertarios. Si se peregrina a diversos santuarios en pos de milagros e inspiración guía, aconsejado por representantes de diversos cultos que miran al cielo, buscan una luz especial o leen e interpretan diversos textos considerados sagrados escritos por humanos bajo una supuesta guía divina que son a veces crípticos, otras memorias históricas tenidas por veraces y sagradas a pesar de albergar dudas y contradicciones señaladas por expertos y creyentes, cuyos consejos son convertidos en reglas que deben seguirse como acto de fe, so pena de algún castigo, pérdida o la siempre presente culpa, parece un contra sentido en la era de las nanotecnologías, la física cuántica, la inteligencia artificial, décadas del cerebro y neurociencia que ponen en constante duda viejas certezas que aún son válidas aunque reinterpretadas.
El contra sentido tiene que ver con que la fe impuesta está reñida con la libertad tan pregonada y en especial con la ciencia, la duda metódica y el pensamiento complejo, llamativamente poco evidentes en quien se ha erigido como guía. Parece ya no un contrasentido sino tal vez un desatino sino un delirio, creer o creerse en pleno siglo XXI una especie de nuevo mesías redentor a partir de la predicción hecha por un intérprete del oráculo.
Mi conclusión es que algo nos está fallando, no solo a los argentinos en este cambio de era.. Realmente ¡nos fuimos al carajo!, ese pequeño lugar en el palo mayor de los navíos donde enviaban como castigo a algún tripulante díscolo. Por eso suele decirse apropiadamente: fuimos a parar al carajo, fue pal´carajo, o me mandaron al carajo.
Falacias y paradojas. Allí estamos o nos mandan cuando insisten en interpretar el mercado como una mano invisible, ingenua e inocente, autoregulable, parecida a la ley de la gravedad por suponerla constante e igual para todos, obediente a leyes inmutables, más allá del fenómeno humano y con el valor de corrección y exactitud basado en las matemáticas. Parece un error de soberbia y supuesta erudición.
Las estadísticas son orientadoras, manipulables e interpretables precisamente por sujetos humanos con sesgos y falencias, en especial cuando se intenta convertirlas en actos de fe, representantes de la realidad y descalificando lisa y llanamente a los que dudan, cuestionan o interpretan de otra manera; Mark Twain las incluía, exagerando un tanto, entre las mentiras.
Tomar al otro como objeto mercable, no lo reconocerlo como sujeto poseedor de sus propias razones,a pesar de decir que respetan la vida en forma irrestricta muestra la inconsistencia de ubicarse en el carajo como el lugar del liderazgo.. Convertir todo en “es la economía estúpido”: mercancías, transacciones y libertades variopintas, desconociendo la cartelización, los nacionalismos, la xenofobia, el chauvinismo y los daños climático y ecológico abundan en el carajo.. Igualmente tomar la salud y todo lo relacionado con ella sometiéndola a la dura ley de costos y beneficios o peor aún ganancias y pérdidas, o la codicia irrestricta manipulando la oferta para condicionar la demanda, tienen una flecha direccional que apunta a nuevos o reiterados carajos.
Todo lo que significa política del buen gobierno tendiente al bien común regido por una ética acorde parecen ser pasados por alto en el afán de cambio a como sea, que cada vez se parece más a un intento a tontas y a locas sin mucho consenso ni respeto por las reglas. Suponer a todos los empresarios como indubitables hombres de bien, carentes de intereses no siempre confesables, a los que paradojalmente se los incita a ganar dinero sin culpas, no sé si calificarlo de ingenuidad, ignorancia o malicia. Atribuir o atribuirse esas características suponiéndolas virtuosas es replicado en espejo por otras corporaciones y grupos diversos que achacan la paja en el ojo ajeno sin poder la viga en el propio. Todos para el carajo.
En un mundo donde todo será mercancía, los valores los fijan los que las poseen y la libertad es un supuesto: elegir dentro del menú que ofrecen desde el poder y la riqueza, la flecha seguirá apuntando al mismísimo carajo. Está bueno volver a Alberdi, a San Martín incluso a José” pepe” Nun y al Soriano actor, pero no para repetir o retornar a un imposible, sino para ser modestos, reconocer incertidumbres y reservar la fe y la plegaria para el consuelo individual frente a lo inexplicable e incognoscible como puede ser la maravilla del ser humano creador de mundos, interrogándose a sí mismo en busca de sentido, su sentido por saber que tiene principio, historia y fin.
Un imposible tal vez único y verdadero Nos fuimos al carajo castigados por no haber aprendido, con el agravante que los que nos mandan allí y elogian esa palabra lo hacen desde el desorden y la irracionalidad pretendiendo guiar la nave desde el propio carajo. Los José mentados señalaban un norte como el imposible posible. Kovadloff recuerda a su abuelo recomendándole una lectura en francés, idioma que él no sabía. ¡Pués se lo aprende! Fue la admonición que permitió la conversión de imposible en imprescindible y por lo tanto posible y más aún muy probable.
Educar al soberano para el bien sin necesidad de anarquismos ni libertarismos, sino con una cuota de sapiencia, inteligencia, razón, amor y libertad para crear, acordar y andar juntos reconociéndonos como falibles pero imprescindibles partícipes necesarios y no rebaño obediente movido por la furia. Los leones comen a los cachorros para aparearse. Mal ejemplo y animalidad absoluta. No despertarlos simplemente, es mejor educarlos y lograr el imposible pero imprescindible de humanizarlos. Valga la metáfora
Médico, Licenciado en Psicología
Autor de El niño problema y La era del neuroTodo


Vienen a mi memoria por su inmenso valor varios Don José, algunos transmutados en Pepes, Nun y Soriano por ejemplo. Todos me visitan desde las profundidades del pasado que no puedo evitar llamar inconsciente, dado que por valiosos han quedado allí “grabados a fuego” como suele decirse. 