Al despedirse, me dice que él era el sucesor directo de Angelina Pagano, actriz muerta un año antes y nacida en 1888, quien creo había tenido una escuela de actores. Lo de sucesor no me quedó claro en qué sentido, aún menos cuando me entrega una tarjeta con su nombre y debajo: “Sucesor directo de Angelina Pagano”. No otros datos.
Como de todos modos lo había derivado a psiquiatría, si bien cambié mi diagnóstico ya que la cefalea era solo el síntoma, el lenguaje con que se expresan las enfermedades, quedé conforme con la decisión aunque no con la posibilidad de poder ser engañado y desviado del diagnóstico de fondo por la apariencia y la coherencia de un discurso, al que traicionó en el último momento desbordado por su patología. Mi interrogatorio y mi experiencia, ergo mi educación, no habían sido suficientes.
Años después con mi Licenciatura en Psicología y formación en Neuropsicología pude tener en claro que hay patologías que afectan ciertas bases de la conducta pero no todas. Es decir se puede delirar pero al mismo tiempo tener un discurso coherente, que hasta puede considerarse inteligente y con el cual el delirio, o el “desquicio” como suele decirse vulgarmente, pasa desapercibido excepto para los expertos (los muy bien educados), los memoriosos y los que piensan usando correctamente información, conocimiento y luego saberes.
Es lo que usado apropiadamente en tiempo, forma y en especial en circunstancias novedosas, adoptan las verdaderas conductas inteligentes; deciden de esa manera. Unos dos años más tarde ya en otra institución de mayor envergadura, llega a la consulta un sujeto con un sombrero de paja inapropiado para la época. Era joven y lo acompañaba la esposa que se sienta atrás y alejada de él, sin levantar la vista del suelo ni emitir comentario alguno durante toda la entrevista.
El sujeto de inmediato me lanza, literalmente, el motivo de su consulta: que respondiera si era posible escuchar el ruido de las neuronas mientras realizan sus tareas y su metabolismo, pues él escuchaba un ruido y quería saber si ese era el ruido. Diagnóstico fácil. Mi problema era tatar de conectarme con la esposa (misión imposible) y llamar de alguna manera al psiquiatra de guardia pues me parecía un sujeto a punto de desbordarse llevado por su patología delirante.
Para ganar tiempo y ver si lograba alguna de las dos cosas le pregunté si alguna vez oía además de ese ruido algunas voces; entonces se para, da un puñetazo en el escritorio y me grita “otra vez con la misma pregunta” y se retira indignado seguido por su callada y cabizbaja esposa que no interviene. Evidentemente ya había hecho consultas en Psiquiatría y hacer una en neurocirugía le parecería toda una posibilidad diferente. Algunos pacientes de este tipo viven una realidad paralela y por eso pueden sentirse incomprendidos, no escuchados, ignorados o agredidos y reaccionar con cierta violencia. Otros se repliegan y se aíslan.
Todos pueden tener conductas en sociedad con aspectos total o parcialmente aceptables según los ámbitos, las demandas, las culturas y las épocas. Pueden ser brillantes y creativos con gran desarrollo educativo o tener severos déficits cognitivos.
En salud mental no podemos guiarnos por patrones cuantitativos ni por clasificaciones rígidamente categoriales tipo sano/enfermo, normal/anormal. Inicié el relato intencionalmente con la palabra sujeto ya que hasta no conocerlos acabadamente no podemos definirlos como el paciente, el que padece. Por otra parte la categoría de sujeto implica reconocerlo en su subjetividad y no como un objeto necesitado de ser clasificado. Parece mejor mirarlo a lo Pirandello como un personaje en busca de autor. Reniego del hábito actual de hablar de clientes pues los emparenta con mercancía. Una en contra con el modelo anarcocapitalista libertario.
Corrían los años 1975-76-77, ya era estudiante de Psicología y teníamos un compañero adolescente a quien conocíamos por su apodo: el colorado porque era militante de izquierda y además como dirían Les Luthiers , porque esa causa estaba ingeniosamente disimulada en el apodo: era pelirrojo. Concurría erráticamente, facultad permisiva. Cuando lo hacía, interrumpía invariablemente a los docentes en los teóricos haciendo alguna pregunta totalmente desconectada del tema.
Como diría Fontanarrosa: era un descolgado. Para él, todo dependía de la Coca Cola y el imperialismo incluyendo las conductas extraviadas de la gente en general y de los argentinos en particular. Las embarazadas vomitaban por el asco de traer un niño a este mundo capitalista. Los profesores, como buenos miembros de la cofradía zen de los psicólogos, lo toleraban y algunos hasta hacían el intento de darle respuestas coherentes, aludiendo a algún autor y/o teoría vinculable, de las cuales erróneamente suponían sacaba sus preguntas.
El inefable “desde donde me lo decís” era la muestra de esa paciencia zen y parte del entrenamiento que trataban de contagiarnos. Todo bien hasta que dio con un profesor que era médico psiquiatra renombrado (J.C.Goldar) que trabajaba en el Borda donde se había cansado de filmar pacientes y estudiar cerebros; tenía la autoridad docente y médica no habitual en ese momento en nuestra facultad. En una clase sobre delirios, relata vívidamente a un paciente que lloraba, se aterraba y se arrojaba al piso cada vez que veía una paloma alejarse, pues eso anunciaba la pérdida de la paz y el advenimiento de la tercera guerra mundial. Momento trágico para nosotros, pues el colorado levanta la mano, Goldar se sorprende y “el colorado” le dice con tono cuestionador: “¿y porque no puede ser verdad?” Goldar que era muy generoso con su tiempo al final de las clases, pero le molestaban las interrupciones, en especial las inoportunas, se le acerca y mirándolo fijamente le pregunta “¿usted realmente cree eso?” respuesta desafiante “si”. El profe se acerca aún más y le dice “entonces usted está loco mijito”.
El pobre colorado sufrió encarcelaciones, internaciones y desapareció. Goldar materializó un diagnóstico que nosotros intuíamos pero que no “queríamos ver”, primaba el compañerismo, la amistad, cierta consideración piadosa dadas las circunstancias políticas (ya gobernaba la dictadura militar). Suele suceder en las sociedades frente a ciertas personalidades y en ciertas circunstancias.
Dejo las comparaciones y deducciones al lector que pacientemente lea lo que sigue. Hoy leo las noticias, entre ellas un interesante artículo de Reymundo Roberts en La Nación, que recuerda el devenir del actual presidente desde su candidatura hasta sus actividades y expresiones del momento actual. Su vínculo con una religión, guiado por un representante de ese culto que dice poder intermediar con la luz que los guía y señala el camino, e inmediatamente viaja a entrevistarse con otro guía espiritual al que denostó previamente.
Éste cree en otro mesías y dirige sus solicitudes y oraciones a ese mediador con Diós, Jesucristo y canoniza a una argentina. Proviene de una orden caracterizada por la amplitud de sus conocimientos incluyendo los científicos, valoración de la educación como factor de poder y lo inescrutable de sus designios, también con una larga historia de conflictos con el poder de los monarcas e inclusive de la propia iglesia, a la cual preside en este momento.
Dice no intervenir en política pero hace política. El actual presidente reivindica a un ex presidente reconocido por sus promesas incumplidas y el oxímoron de la casualidad permanente, quién además llegó a decir que en él se reunían tres religiones: la musulmana por nacimiento, la judía por su ama de cría y la cristiana que adopta en su juventud. Su éxito fue a partir del segundo año de mandato luego de intentar otros rumbos. Lo logra con una línea antagónica con las de su propio partido.
Pragmatismo que le dicen. Incoherencia y descaro cuando confiesa no haber dicho lo que se proponía pues no lo votarían. El actual muestra simbólicamente violencia con una motosierra como método para acabar con todo lo anterior a veces al extremo de decir sea lo que sea. No le preocupa la ley ni el parlamento generador de las leyes al que descalifica (aunque a veces con razón) y por lo tanto debemos preguntarnos si realmente ha de respetar las leyes y la Constitución llamada ley de leyes. Motosiera y dudoso respeto de la ley significan, violencia y por lo tanto incoherencia con su discurso de defensa irrestricta de la libertad y la vida.
Algunos y él mismo reivindican a Menem como el mejor gobierno en democracia y aducen ciertas semejanzas. Creo que las semejanzas más profundas son por la incoherencia aunque creo que probablemente obedecen a diferentes razones El ex presidente participaba, disfrutaba y era hábil con la política. La usaba para obtener y mantener poder usando hábilmente la sorpresa y el ocultamiento.
Los usaba como medios para un fin sin mayores preocupaciones por ambos términos. No despreciaba al otro, lo reconocía y aceptando sus flaquezas y virtudes, trataba de seducirlo, incorporarlo, para controlarlo y de ese modo aprovechar ambas condiciones. Pragmatismo lo llaman algunos, ética blanda o carencia de la misma le imputan otros. Visto a la distancia sus incoherencias aparecen no tanto en los hechos que siguen cierta lógica demostrable con buenos resultados al menos en la economía, como sí lo hacen en sus relatos que no son más que medios tendientes a un fin, a veces oculto.
El actual, por el contrario es coherente en el relato e intenta hacer lo que promete, pero con una visión muy peculiar de la realidad basada más en el pensamiento mágico que en la razón. Ante el contraste inevitable, tropieza sucumbiendo a sus contradicciones, que bondadosamente podemos denominar incoherencias. Busca ayuda en el cielo o en algún referente etéreo a través de médiums y pone el poder y la sabiduría en su hermana a la que llama jefe y dice (prefiero suponer metafóricamente) es Moises.
Mi hijo llamaría a todo esto un escenario bizarro. Juntando esto con mis experiencias profesionales, sumadas a aquellas acumuladas como investigador y docente, no puedo menos que recapitular y valorar que la información no es lo mismo que el conocimiento, y que a su vez la sabiduría viene después y junta muchos y más variados elementos como la experiencia genuina, eso que generalizamos como cultura.
Encima todo es cambiante, dinámico, plástico y de allí la evolución y los aprendizajes. De todo ello emerge la toma de decisiones y con buena suerte las conductas inteligentes. Menuda tarea manejarse con la realidad incompletamente conocida, construida individual y grupalmente, y tomar buenas decisiones que sean aceptadas, ejecutadas y que perduren lo máximo posible.
Parte del problema es que el presidente actual está realmente solo y se hace responsable de la palabra final al igual que del rumbo elegido. Controla unipersonalmente tanto la forma como el fondo. Tan personalista es que fatalmente se remite a Dios y a su hermana en una peculiar simbiosis. El resto son intermediarios más o menos valiosos a los que acude según convenga o necesite. Manera de ser y actuar muy riesgosa pues (por ahora es solo un sesgo) puede terminar en autoritarismo. Su persistencia y rigidez, llegados a un punto, pueden lograr el efecto contagio muy bien descripto por Luigi Zoja en su libro no casualmente titulado Paranoia.
Como psiquiatra y versado en historia, mira con esos anteojos y nos advierte que la paranoia es un rasgo que todos tenemos y que por eso es pasible de contagio ya que no lo advertimos como anormal o peligroso. Cuando en un sujeto cualquiera, por diferentes razones tanto biológicas como culturales, los límites del rasgo normal son superados, esta se convierte en una enfermedad con la cual puede contagiar, aunque no sea ese su propósito, con consecuencias muy lamentables, casi siempre trágicas, que Zoja analiza a través de personajes y épocas.
Por mi parte agrego un matiz menos lúgubre: la excepción son los artistas. Cambiando el punto de mira desde el presidente hacia la población en general, mi preocupación (creo que compartida por algunos más) surge como una pregunta o cuestionamiento hacia ese enorme grupo de individuos que han elegido este gobierno frente a otras opciones con desconocimiento de lo que debe fundar una delegación de poder aunque sea temporaria, más aún preocupa la sorpresa, cuando las advertencias existían y eran previsibles por eso que ahora sorprende y vemos como incoherencia, desquicio y/o caos.
Alegremente algunos se jactan endilgándole la torpeza a los otros que “no la vieron venir”. Preocupa también que la ignorancia sea fomentada y aprovechada. Más corazón/ menos cerebro, a eso apelan muchos dirigentes. La obediencia debida y la gobernabilidad o el caos. La negociación como toma y daca y no como debate y consenso superador.
A Lavalle le decían la espada sin cabeza por haber fusilado a Dorrego; actuar sin pensar racionalmente, con iluminaciones provenga de donde provengan. Podemos caer en eso si no se acompaña y controla a quien decide nuestros destinos basado en un pensamiento, por un lado irracional en lo espiritual, y racional solo en lo económico. Menuda incoherencia. Se requiere una sapiencia, vocación y deseo que por mi sesgo personal y profesional llamaría terapéutico.
Es cuestionable si su personalidad acepta acompañamientos de ese tipo y parece evidente la inutilidad del autoritarismo inverso o la simple persuasión, que son rechazados invirtiendo y proyectando falencias. Por las misma razones y sentimientos que poseo, creo que vale intentarlo o como diría Kovadloff “es imprescindible”. Llegado a este punto y mirándonos a nosotros mismos (incluida mis experiencias iniciales con sus dudas y salidas poco eficaces) ya sea nos consideremos pueblo, habitantes, ciudadanos o seres humanos simplemente, debemos reconocer que el origen de nuestras miserias radica en la educación que está en falta con todos sus componentes y etapas. Así se llega a la estupidez que es la incapacidad de generar conductas inteligentes y no repetir errores, de allí mi título Clintoniano. Puesto de otro modo: educación, ejemplo, racionalidad y templanza o pensamiento mágico, iluminismo y violencia contagiosos.
Médico, Licenciado en Psicología
Autor de El niño problema y La era del neuroTodo



