Era su señal indisimulable de alegría, orgullo y satisfacción que asomaba a través del uniforme de padre severo. Parecía no conmoverse y ponía la vara cada vez más alta para que me esforzara siempre más. Antes de descubrir ese truco para ocultar su emoción, me enojaba con él. Ahora se lo agradezco, pero ya no está para abrazarlo y decírselo más veces de las que pude hacerlo.
En realidad, esa fue la primera vez que lo hice; el 23 era su cumpleaños y lo vivió como mi mejor regalo. Ahora despierto preocupado por el mundo en que vivimos y en particular mi país, mis hijos, mis nietos, mi familia, mis amigos. La hora, el jardín que débilmente comienza a tener color de invierno, junto al aroma del café, me llevan a ese peculiar estado de ensoñación que en mi carrera de psicología aprendí a llamarlo atención flotante; ese dejarse llevar, vagar, entrar y salir del inconsciente según lo que resuena en él. Surge entonces el recuerdo que acabo de relatar.
Uniforme, de padre dije, papel, rol, abundo ahora. En realidad, era la habilidad que poseía por ser un gran maestro sin que yo me diera cuenta. Podía hacer una buena evaluación de las capacidades de su hijo alumno, poniendo al mismo tiempo una confianza irrestricta en ellas y la convicción del valor del esfuerzo, la perseverancia y el mérito. Lo ensayaba y enriquecía con el aporte de mamá. Tenía la honestidad de pensar en voz alta para que tomándolo como ejemplo copiara su razonar y actuar. Él hacía el esfuerzo y yo lo imitaría.
Así aprendí física y “medicina” viéndolo pensar y hacer para diagnosticar, comprender, explicar y finalmente reparar. Era un mecánico brillante que recitaba de memoria el Martín Fierro. En el colegio primario lo leíamos y también hacíamos lo mismo. En la zapatillería del barrio, junto a las alpargatas, estaban los Molina Campos que me divertía mirar y confirmaban la realidad pasada del gaucho y su universo.
Ya más grande, las discusiones sobre qué tipo de obra era, sus implicancias políticas como relato social de un lugar y un tiempo engordaron el bagaje. Borges, Güiraldes, Arlt, van y vienen pensando acerca de eso; los seguíamos. Lo que me sorprende entonces, es que en esa época de infancia y adolescencia mi padre, maestros, tíos, amigos, blandían su texto como una especie de biblia; guía sabia para que aprendiéramos a existir a partir de lo que los otros aprendieron antes existiendo. Doy un salto enorme con esa lógica tan peculiar de lo que se nos impone en una temporalidad sin sentido, o con un sentido que intuimos, pero no sabemos, podemos o no nos dejan expresar.
Así surgen M. Benasayag y unos cuantos más hablando de funcionar o existir, la filosofía, el lenguaje, el cerebro, las neurociencias, la IA generativa, el sujeto y el objeto, el otro, la realidad, la libertad, el poder, la consciencia, el inconsciente, la justicia, el capital, la naturaleza y en esencia el hombre y su misterio; tímidamente me sumo.
José Hernández tiene la capacidad de los artistas, poner en poesía lo inefable de otro modo. Una voltereta más y recito en mi soliloquio:
“Viene el hombre ciego al mundo,
cuartiandoló la esperanza
y a poco andar ya lo alcanzan
las desgracias a empujones;
¡Jue pucha, que trae liciones
el tiempo con sus mudanzas!
Poco después salta:
Hay hombres que de su ciencia
tienen la cabeza llena;
hay sabios de todas menas,
más digo sin ser muy ducho:
es mejor que aprender mucho
el aprender cosas buenas
Ahora hay algo de luz y parpadeo, pero no por eso, sino porque me había olvidado de estos saberes enfrascado en estudiar tratados de todo tipo escritos por los sabios de la antigüedad o científicos de la actualidad. Anoche me fui a dormir después de leer algo en un libro, ver un par de presentaciones en Ytube y las noticias en la TV. En mi caldero de alquimista eso fraguó y propició mi despertar con estas líneas.
Casi enojado me pregunté por la estupidez de no poder ver, a veces por nuestra propia ceguera, otras por la inducida. La esencia estaba a la vista pero parece invisible a nuestros ojos Saint Exùpery dixit. También R. Arlt lo expresaba más o menos así: no todo es vigilia la de los ojos abiertos; yo agrego: podemos estar soñando, mirar sin ver o en un solipsismo mirando para adentro a un escenario imaginario quizás imaginado por nosotros o algún otro. Porqué nos está pasando lo que nos pasa si en nuestro propio suelo estaban los famosos “consejos” de Martín Fierro que alguna vez nos enseñaron para seguir adelante con menos tropiezos.
¿Por qué ahora raramente se lo recita, invoca, discute? ¿Por qué nos hacen creer con fe religiosa en cuanta cosa produce renta o supuestos costos y beneficios, que se tornan luego en cambios irreversibles, frecuentemente catastróficos? Decimos ¿ah… paranoia, delirio, misticismo, idea sobrevalorada como lo hace J.C.Goldar. ¿Rasgo o enfermedad?
Aparecen apelaciones, falacias y paradojas por doquier, casi siempre provenientes de uno, o varios, sujetos con poder. Parodiando a un gran colega lo, los, llamaría “pagadores”. Son quienes deciden, condicionan, introyectan ¿infectan? según sus intereses particulares, habitualmente ocultos. El estatuto de la verdad en discusión. Otra pirueta y estoy dando clases en La Facultad de Psicología o en el Hospital y les disparo a los oyentes: “Vivimos en un “como sí” y nos conducimos en función de una fantasía con poco apego a la verdad y la realidad; “Macaneamos”.
Construimos saberes enclenques porque no aplicamos realmente un buen método y además porque la velocidad ya llegó a colapsar con el espacio como creo predecía Einstein. No hay tiempo/lugar para procesar, que es lo mismo que no lo haya para pensar y hablar. Entonces somos educados, mejor dicho, formateados para la ignorancia”. ¿Por qué entonces en un hoy/antes estoy aquí?
Porque lo último que recuerdo de anoche es el nombre en francés de un grupo de maravillosos seres humanos entre los que se encuentra Miguel Benasayag Luego de terribles penurias, incluyendo el exilio, lo llamaron “Malgré tout”. Se muy poco francés, así que fue un chispazo que encendió la mecha; ahora, ya con sol, googleo en el diccionario y me emociono cuando me doy cuenta que quiere decir “A pesar de todo”. El poder de las palabras y el buen poder de la informática. Una de cal y una de arena dirían en el Viejo Palermo de mi niñez.
Vale la pena conversar, pensar, debatir, corregir, enseñar. Me voy cantando bajito dos maravillosas canciones, Resistiré como si fuera el Duo Dinámico y la Oración a la Justicia de la gran María Elena Walsh…Resistiré erguido frente a todo…. Sra de ojos vendados que estas en los tribunales sin ver a los abogados- baja de tus pedestales- quítate la venda y mira- cuánta mentiiiiiiraaaaa y ya sonriendo la veo a Morita, mi nieta a los 7 u 8 años cantando bajo la lluvia, en el patio, andando en patines y con un paraguas…. Los jóvenes de hoy en día- no tienen ideología- no distinguen el bien del mal….La Epistemología…. según Les Luthiers. Siempre hay un artista para hacernos pensar y sentir. Voy a mi biblioteca, tomo el Martín Fierro y lo releo….A pesar de todo vale la pena y recordando a la Piaf imito su voz y también su tristeza…. Non je ne regrette rien….no no me arrepiento y hago mi propia canción de esperanza, Malgré tout, a pesar de todo, vivir vale la pena, por y para ese misterioso amor de padres a hijos, a nietos, quizás para ese amor por los seres humanos sin distinciones.
Mar del Plata 1º de junio de 2024
Médico neurocirujano, Licenciado en Psicología
Autor de El niño Problema y La era del neuroTodo. Ed. Miño & Dávila


Comienza a transcurrir este mes de junio tan sentido para mí. Un 22 de junio, hacen ya 62 años, rendía mis dos últimos exámenes y me graduaba como médico a los 22 años. 