Las antiguas estructuras de militancia y compromiso han sido reemplazadas por lealtades líquidas: hoy un dirigente da la vida por un proyecto y mañana se alinea con su antítesis sin el menor escrúpulo. La política dejó de ser la búsqueda del bien común para convertirse en una competencia de egos, donde cada actor busca su propio beneficio mientras manipula a las masas con relatos cuidadosamente diseñados.
Kirchnerismo y Mileísmo: Los Extremos Se Tocan
En este contexto de pragmatismo extremo, los supuestos antagonistas del tablero político argentino terminan funcionando con las mismas lógicas. El kirchnerismo, que nació con la promesa de justicia social, terminó siendo casi una asociación ilícita dedicada a saquear los recursos del Estado en beneficio propio. Desde la obra pública hasta el manejo de los subsidios, cada estructura creada bajo la bandera de la inclusión terminó convertida en una máquina de corrupción.
Por su parte, Milei emergió como la antítesis del kirchnerismo, prometiendo destruir la casta y erradicar el clientelismo estatal. Sin embargo, en poco tiempo, su gobierno demostró las mismas prácticas autoritarias y de manipulación que criticaba. Un ejemplo claro fue la represión de la marcha de los jubilados, que si bien fue utilizada por sectores violentos ligados al kirchnerismo como una excusa para generar caos, le sirvió al gobierno de Milei para instalar una imagen de «mano dura implacable». Incluso ante un error grave, como el impacto de una granada de gas en la cabeza del fotógrafo Pablo Grillo, el oficialismo no mostró el más mínimo reconocimiento de responsabilidad.
Mestizaje Político: Conversos y Traidores en el Nuevo Orden
El fenómeno de las lealtades líquidas se refleja en la extraña composición del gobierno de Milei, plagado de exkirchneristas, massistas, peronistas reciclados y exmacristas que ahora se presentan como los nuevos defensores del cambio. Personajes que hasta ayer daban la vida por Néstor, Cristina o Massa, hoy juran lealtad inquebrantable a Milei. Entre ellos, figuran nombres como Sebastián Pareja, exmassista hoy convertido en operador clave del oficialismo en la provincia de Buenos Aires, y su hombre en la primera sección electoral, el «Nene» Vera, kirchnerista a ultranza devenido en libertario.
Pero la migración no es solo desde el peronismo: dirigentes que en su momento se alinearon con Mauricio Macri ahora buscan acomodo en el mileísmo, demostrando que en la política argentina la ideología es un accesorio descartable cuando hay poder en juego.
Prácticas Calcadas: Odio a la Prensa, Justicia Dócil y Blindaje de la Corrupción
Las similitudes entre el kirchnerismo y el mileísmo no se limitan a la composición de sus equipos. Ambos comparten una profunda hostilidad hacia la prensa independiente. Con Cristina, se organizaban escraches públicos en plazas donde militantes escupían imágenes de periodistas críticos. Con Milei, los ataques son orquestados en redes sociales, donde influencers libertarios se dedican a hostigar y difamar a los periodistas que cuestionan al gobierno.
La búsqueda de impunidad también es un factor común. El escándalo de la criptomoneda $LIBRA, promovida por Milei, recuerda las estafas del kirchnerismo con los fondos públicos. Y la insistencia en la designación de Ariel Lijo para la Corte Suprema responde a la misma lógica que usó el kirchnerismo para protegerse judicialmente.
El Hartazgo con la Política Tradicional: De la Esperanza a la Frustración
El ascenso de estos liderazgos radicalizados no es casual. La política tradicional, con sus promesas vacías y su eterna inoperancia, generó un hartazgo que empujó a la sociedad a buscar alternativas disruptivas. La bronca contra la corrupción y el fracaso de los modelos anteriores permitió el crecimiento de proyectos que, en vez de ofrecer soluciones estructurales, apelan a la confrontación permanente.
¿Es Posible Recuperar los Valores Perdidos?
Frente a este panorama de oportunismo y decadencia institucional, la gran pregunta es si Argentina puede recuperar un rumbo basado en objetivos colectivos que trasciendan la ambición personal de los políticos. El país necesita reconstruir un horizonte de progreso real, con instituciones sólidas, previsibilidad económica y una ciudadanía comprometida con valores republicanos.
La casta política –tanto la vieja como la nueva– busca perpetuar sus privilegios, pero la única forma de romper este ciclo es con una sociedad activa que exija transparencia y rechace los liderazgos mesiánicos. Es hora de madurar y entender que el debate sobre estos temas no solo es necesario, sino vital para progresar como sociedad y quitarnos de encima el flagelo de las malas administraciones, sean populistas de un extremo o del otro. Construyamos República y formemos una nueva identidad que nos haga sentir orgullo de ser argentinos.
Fuente: www.ricardobenedetti.com



