Lunes, 07 Abril 2025 15:10

Se cumplen 134 años de la primera Convención Nacional de la Unión Cívica Radical . Por Diego Barovero

La ciudadanía va a asistir dentro de algunos días a un acontecimiento poco común de la vida política contemporánea argentina. La Unión Cívica Radical, el más antiguo partido del país realizará la reunión anual de su más alto organismo de gobierno: la Convención Nacional.

En ella seguramente durante varias horas las representaciones del radicalismo de todas las provincias  y la ciudad de Buenos Aires debatirán  con fervor y no sin vehemencia en un marco de absoluta libertad de expresión, pluralismo y respeto, resolviendo en definitiva lo que resuelva la mayoría: esencia del principio democrático.

Aunque para muchos resulte una novedad el espectáculo político de más de 300 delegados y varios centenares de espectadores llegados de todos los extremos del territorio nacional, constituye una antigua tradición que en general no tiene parangón en el resto del arco político nacional.

A través de sus  134 años de historia la Convención Nacional de la UCR fue el foro político que mayor expectativa social concitaba en la República Argentina. La sociedad ha vivido en vilo las jornadas habitualmente agitadas de aquellas asambleas deliberativas en las que el más viejo partido argentino debatía ideas y definía un rumbo de acción consustanciado con sus propios valores originarios adaptándolo a la realidad del momento.

Aquella característica organizativa de los radicales fue una auténtica originalidad en la Argentina de finales del siglo XIX. La convocatoria e integración del cuerpo era nacional, federal y profundamente popular.

El modelo más cercano provenía de los Estados Unidos de Norteamérica donde el Partido Republicano (Great Old Party GOP) convocaba a su masivo caucus en el que confluían las delegaciones de todos los estados componentes de la unión del cual surgía no solamente el candidato a presidente y el candidato a vicepresidente sino que deliberaba en torno a la realidad política y el proyecto de país por los próximos cuatro años.

Fue notoria la influencia de Aristóbulo del Valle -gran estudioso del sistema político norteamericano- en la inclusión de esta modalidad organizativa de la primitiva Unión Cívica y su sucesora legítima la UCR.

La primera convención nacional con esas características fue de la Unión Cívica llamada "Convención del Rosario" en 1891 malograda por la división posterior ocasionada por la defección de Mitre (proclamado candidato presidencial de la unidad) y sus partidarios que aceptaron un acuerdo con el oficialismo liderado por Roca con la intención de "suprimir la lucha electoral".

Los radicales de Alem (Radicalmente opositores a cualquier acuerdo que supusiera prescindir de la elección ciudadana para elegir presidente) formaron en junio de 1891 la UCR. Y tuvieron allí su primera convención que   se celebró en febrero de 1892 que dictó su primera carta orgánica (una especie de constitución o estatuto organizativo partidario), redactada de puño y letra por el fundador Leandro N. Alem y consagró el primer binomio presidencial partidario: Bernardo de Irigoyen-Juan M. Garro.

No por nada el principal adversario del radicalismo, Julio Argentino Roca, que era zorro pero no zonzo, años después quiso a su manera copiar el modelo inventando la Convención de Notables (integrada por figuras relevantes pero carentes de representación popular ) que le permitió a él mismo alzarse con la candidatura presidencial en 1898 y consagrar a su sucesor en 1904. La diferencia radicaba -¡nada menos!- en la integración del cuerpo. La convención roquista era la reunión de todos los gobernadores, senadores nacionales y diputados nacionales en ejercicio, ex presidentes, ex vicepresidentes, ex gobernadores, ex ministros, ex ministros de la Corte Suprema de Justicia.

Vale decir, los mismos que detentaban el poder en Argentina desde hacía varios lustros y que habían surgido a su turno de elecciones amañadas o meras designaciones canónicas de modo de dotar de un baño de legitimidad aristocratizante a quien debería presidir el país. En el lenguaje de Hipólito Yrigoyen aquella oligarquía era "la razón de ser" de los radicales.

No hubo en toda la historia nacional ningún órgano político cuyas deliberaciones y decisiones tuvieran mayor trascendencia en la vida argentina. De hecho Yrigoyen que nunca fue presidente del Comité Nacional (alguna vez fue designado presidente honorario), fue varias veces convencional nacional, en representación de la provincia de Buenos Aires o bien la Capital Federal en la que residía.

Por su significación histórica y por su jerarquía en la vida partidaria, en el radicalismo ser convencional nacional es un orgullo, un honor y una altísima responsabilidad para cualquier militante.

Sin embargo hubo intentos por modificar la estructura partidaria para hacer desaparecer este cuerpo orgánico con la excusa de ser demasiado numeroso y difícil de reunir, característica profundamente democrática que lejos de esmerilar su esencia la fortalece, vivifica y revaloriza.

Las convenciones del radicalismo fueron epicentro de debates y resoluciones notables de la vida política argentina a través de los tres siglos de derrotero que atraviesa el partido más antiguo.

En sus reuniones se resolvió la abstención electoral partidaria como método de protesta y deslegitimación del fraude electoral, siendo sus adalides Hipólito Yrigoyen en los orígenes y nada menos que Ricardo Rojas en la llamada Década Infame. El mismo Yrigoyen en persona informó sus tratativas privadas con los presidentes José Figueroa Alcorta y Roque Sáenz Peña en torno a la sanción de las leyes que establecieron el voto secreto y obligatorio que configuraron el nacimiento de la república democrática.

A fines de 1932 la Convención finalizó con todos los convencionales y la directiva partidaria presos en la Isla Martín García por el estallido de una revolución radical, desde donde algunos partieron al exilio (Alvear, Noel) y otros confinados en el extremo sur del país (Rojas, Pueyrredón, Güemes, Cantilo, Tamborini).

Al comienzo de los años cuarenta en plena Segunda Guerra Mundial, la UCR adoptó una línea a favor de los aliados contra los regímenes de Hitler y Mussolini, en la que Marcelo de Alvear declaró ofuscado ante algunos que pretendían neutralidad en el conflicto: "Si hay un solo nazi en el partido, él o yo estamos de más aquí" .

Fue en la convención de 1945 donde se aprobó la Unión Democrática en que los radicales se aliaron a socialistas, comunistas y demócratas progresistas para enfrentar electoralmente al naciente peronismo. Y en la de 1948 que se aprobaron la Profesión de Fe Doctrinaria y las Bases de Acción Política, aún vigentes.

Luego de la caída del peronismo por la "Revolución Libertadora", en 1956 la convención de Tucumán fue escenario de la división partidaria tras la proclamación de la fórmula Arturo Frondizi-Alejandro Gómez que dió nacimiento a la UCR Intransigente y la UCR del Pueblo que prefirió definir sus candidatos mediante el voto directo (Balbín-Del Castillo).

Y también fueron escenario de discusiones ante las dictaduras de los años sesenta y setenta sobre el mejor modo de trabajar mancomunadamente con el resto de las colectividades civiles para el retorno a la democracia.

Una legendaria convención nacional celebrada en La Pampa en 1993 fue ámbito de un álgido debate en torno a la aprobación del llamado "pacto de Olivos" mediante el cual Raúl Alfonsín, presidente del Comité Nacional y último líder del radicalismo, acordó con el presidente Carlos Menem la reforma constitucional de 1994.

Tradicionalmente reacia a los pactos y acuerdos electorales, la UCR a través de su Convención Nacional debatió y aprobó un cambio de conducta en la materia en 1999 promoviendo la Alianza con el Frepaso; en 2007 mediante un frente electoral que llevó como candidato presidencial al justicialista Roberto Lavagna y en 2015 en Gualeguaychú aprobando la coalición electoral Cambiemos, con el PRO de Mauricio Macri y la Coalición Cívica ARI de Elisa Carrió.

Lo trascendente es que un partido político nacional como la Unión Cívica Radical, de diversa y despareja suerte desde el punto de vista de los resultados electorales, revalida una vez más en la historia pergaminos que puede exhibir con orgullo ante el escenario político nacional y mundial como partido con instituciones democráticas, horizontalidad organizacional, pluralidad de ideas propio de todo partido no dogmático y libertad de pensamiento y de expresión.

* Presidente del Instituto Nacional Yrigoyeneano

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