Martes, 08 Abril 2025 09:30

Del círculo chico al protagonismo social: una apuesta por partidos modernos y republicanos – Por Ricardo Raúl Benedetti

No sé si a vos te pasa, pero cuando se acercan las elecciones —como las legislativas del 18 de mayo en CABA— ya no alcanza con mirar encuestas ni repetir nombres conocidos. Hay algo más profundo en juego: el tipo de país que queremos construir. Y en esa construcción, los partidos no pueden ser apenas plataformas electorales. Tienen que ser espacios vivos, con valores, ideas y personas a la altura del momento histórico que vivimos.

Me imagino un escenario probable —más por lo que se respira en la calle que por las encuestas hechas a medida de los equipos de campaña—: el PRO primero con Silvia Lospennato, el PJ segundo con Leandro Santoro, y La Libertad Avanza tercera con Manuel Adorni. No es ciencia ficción. Es intuición con base. Pero incluso si el PRO logra ese triunfo, lo que me nace no es un festejo automático, sino una mezcla de esperanza, precaución y esa sensación de “ojo, no repitamos errores”.

Porque sí: el PRO transformó profundamente la Ciudad. Y eso importa. Pero también es cierto que con el tiempo se fue cerrando sobre sí mismo, volviéndose cada vez más verticalista, premiando obediencias en vez de méritos, y entrampado en internas absurdas cargadas de ego y rosca. Y eso, seamos honestos, se parece demasiado al peronismo tradicional: ese que hace del poder un fin en sí mismo. El problema no es solo de nombres. Es de cultura política.

El PRO, la UCR, la Coalición Cívica… todos nacieron como respuestas frescas frente a una política agotada. Conectaron con sectores desencantados, con ciudadanos exigentes. Pero el desgaste llegó. Y en vez de abrir el juego, cerraron filas. Bloquearon la renovación genuina y se refugiaron en el “círculo chico”, ese lugar cómodo donde los que mandan se rodean de obedientes y no de talentos.

¿El resultado? Cuando hay que salir a la cancha, vuelven los de siempre. Porque no se formó a nadie nuevo. Porque no se sembró liderazgo. Porque no se creyó en el largo plazo. Y eso no es fortaleza: es debilidad estructural. Un partido fuerte no es el que repite nombres, es el que forma personas con coraje, ideas y vocación de servir.

Mirá, el caudillismo no murió: se aggiornó. Se puso traje, se subió a TikTok y adoptó el algoritmo. Pero sigue siendo lo mismo: un liderazgo que se cree indispensable, que no tolera disidencias y que convierte la política en unipersonal. La Libertad Avanza y Javier Milei son hoy el ejemplo más claro: un espacio cerrado, donde no hay debate interno, ni diversidad de pensamiento, ni república puertas adentro. Hay obediencia. O afuera. Eso no es libertad: es personalismo 3.0.

¿Y qué decir de Axel Kicillof? Para muchos aparece como serio, académico, hasta sensato. Pero no nos olvidemos de dónde viene: es el heredero directo de un modelo político que usó al Estado como botín, que convirtió la gestión pública en un negocio privado, y que dejó un tendal de causas judiciales como legado. No lo digo yo: lo dijo la Justicia. Cristina Fernández de Kirchner —su jefa política— fue condenada por corrupción en la obra pública. ¿De verdad queremos volver a eso?

Lo que necesitamos es otra cosa. Una refundación. Un volver a creer, sí, pero sobre bases firmes: república, democracia liberal, respeto institucional, honestidad y proyecto colectivo. Repito, para que se escuche fuerte: no hay proyecto personal que valga más que un proyecto colectivo.

Y por eso hay que mirar más allá del 2025. Porque esto no se termina en una elección. Tenemos que empezar ya mismo a construir una nueva coalición de cara al 2027. Una que no sea una suma de egos ni de sellos partidarios, sino un equipo verdadero. Con valores comunes. Con visión de país. Con gente que abrace la Constitución, el orden, la libertad, el respeto al otro, el trabajo y la educación como bandera.

¿Difícil? Claro que sí. Pero imprescindible. Porque si no, el espacio vacío lo van a seguir ocupando los extremos, los que gritan más fuerte, los que venden bronca envuelta en papel celofán.

Hoy más que nunca necesitamos ciudadanía activa. Comprometida. Participativa. No alcanza con votar cada dos años. Hay que meterse. Levantar la voz. Involucrarse. Exigir. Construir desde adentro. Romper la apatía. Y también pedir cuentas: a los que están y a los que vienen.

Yo creo que se puede. Porque todavía hay gente caminando barrios, militando sin pedir nada a cambio, creyendo en algo más grande que ellos mismos. Y mientras exista esa fuerza silenciosa, hay esperanza.

Porque el cambio verdadero no lo hace un iluminado. Lo hacemos todos. Y empieza cuando decidís dejar de mirar para otro lado.

Fuente: www.ricardobenedetti.com 

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