Martes, 22 Julio 2025 12:39

Santiago Caputo y las fuerzas del cielo: El ocaso de un titiritero en el circo de Milei – Por Ricardo Raúl Benedetti

En política, los espejismos brillan con la intensidad de un amanecer, pero se desvanecen con la crudeza del mediodía. Santiago Caputo, el estratega que fantaseó con manejar los hilos del escenario libertario, creyó que su legión digital «las Fuerzas del Cielo» comandada por el carismático Daniel Parisini, alias «El Gordo Dan», le permitiría tejer un poder legislativo propio en las listas de Buenos Aires. 

Imaginó que su talento para operar en las sombras de las redes, su narrativa de barricada y el acceso sin filtros a la caja estatal lo catapultarían por encima de Karina Milei, la hermana menor y emperatriz silenciosa del trono libertario.

Pero como le advertí en un tuit a @mileiemperador el 15 de marzo de 2025: “Santiago, pobre iluso, la sangre pesa más que el agua”, subestimó la lógica interna de La Libertad Avanza (LLA): acá no hay espacio para tronos compartidos. Y el cierre de listas del 7 de septiembre terminó de desnudarlo. Por un instante, creyó ser más grande que el relato que ayudó a escribir.

Caputo, un jugador de corto alcance, floreció en la ciénaga emocional de un país devastado, donde el kirchnerismo de Sergio Massa acechaba como un monstruo de fábula. Su ascenso fue menos una construcción que una casualidad histórica: un pueblo desesperado, un Milei convertido en profeta de la ruptura, y esa cuota de azar que bendice a los oportunistas cuando el poder queda al desnudo. Pero el tiempo, ese juez sin pauta ni padrinos, revela las costuras. Caputo no fue un arquitecto político: fue un ejecutor eficaz del relato. Un artesano de memes que confundió el ruido de X con el respaldo de las urnas.

Las “remeras bordó” y el eco de las Camisas Pardas

La historia susurra advertencias que los ambiciosos suelen ignorar. En la Alemania nazi, Ernst Röhm comandó las Sturmabteilung (SA), las famosas Camisas Pardas: un ejército paramilitar, retóricamente incendiario, que resultó fundamental en el ascenso de Hitler. Pero Röhm, como Caputo, soñó con un poder que no era suyo, y terminó purgado en la Noche de los Cuchillos Largos.

En versión criolla, El Gordo Dan encabezó un ejército de trolls e influencers digitados por Caputo. Con sus remeras bordó y letras doradas, una estética inspirada en la guardia pretoriana romana, aunque más cercana a un cosplay de Hogwarts con ínfulas fascistas, pretendieron diferenciarse del violeta oficial de LLA. Se los vio en el cierre de campaña de Manuel Adorni en CABA, donde parecieron más una troupe de extras mal casteados que una fuerza política real. Una imitación ridícula de las Camisas Pardas, sin doctrina ni músculo. Caputo creyó que esa performance le garantizaba autonomía. Karina, con una mirada, le recordó que en este teatro, el vestuario no da poder.

La interna que quebró el sueño

El cierre de listas bonaerenses fue el golpe de gracia a las fantasías del titiritero. Las Fuerzas del Cielo, con Agustín Romo, Nahuel Sotelo y El Gordo Dan en la línea de fuego, buscaban lugares de protagonismo. Pero Karina, respaldada por Sebastián Pareja y los Menem (Martín y Lule), impuso una arquitectura electoral con ADN peronista reciclado.

Aparecieron entonces figuras como Pablo Morillo, un exfuncionario platense que alguna vez alabó a Axel Kicillof, o Maximiliano Bondarenko, excomisario con pasado PRO. Sotelo, a duras penas, logró el quinto puesto en la tercera sección. Un premio consuelo para un grupo que se vendía como vanguardia moral y terminó mendigando un lugar en la fila.

Las denuncias de venta de candidaturas, un eco patético de las prácticas más rancias, tiñeron de casta el relato anticasta. En Mar Chiquita, Pareja fue acusado de canjear lugares en las listas como quien reparte vales de supermercado. En X y en medios como este, esas acusaciones pusieron luz sobre lo obvio: el armado libertario no es una excepción a las reglas del sistema, sino un jugador más. Caputo, que en otro tiempo manejó cuentas como @MileiLibertador, vio su poder evaporarse el día que esa cuenta fue cerrada. Las redes ya no respondían. Y el poder, tampoco.

El silencio fue ensordecedor. El Gordo Dan, usualmente verborrágico en su streaming «La Misa», evitó el tema. Romo y Lucas Luna se escondieron detrás del timeline. Sólo Esteban Glavinich, alias @TraductorTeAma, lanzó una flecha solitaria contra Pareja, acusándolo de haber metido kirchneristas por la ventana. Su mensaje fue una queja en el desierto.

Un operativo sostenido por la caja estatal

Caputo no fue un armador político. Fue un editor de relatos. Las Fuerzas del Cielo amplificaron el grito de Milei contra la casta, envolviéndolo en una estética provocadora y una legión digital entrenada en la humillación viral. Pero ese poder virtual jamás se tradujo en votos reales.

Mientras Caputo soñaba con instalar candidatos propios, Karina y Pareja cerraban acuerdos con el PRO. Les abrieron la puerta a figuras como Diego Valenzuela, Guillermo Montenegro y Jorge Macri, quien, tras un amague de ruptura, recibió un apretón de manos que selló la alianza.

Las denuncias sobre el uso de fondos de la AFI, la ARCA, el PAMI y la ANSES para financiar esta maquinaria digital revelan lo obvio: sin caja, no hay cielo. El Gordo Dan habría sido premiado con un cargo estatal, ese mismo Estado que en el relato libertario debía arder hasta sus cimientos. Caputo construyó una red de obediencias pagas, no una base política. Su estructura era un castillo de naipes sostenido por la billetera. Y Karina sopló.

El peso de la sangre y el fin del espejismo

Javier Milei, showman del caos, eligió bando sin temblores. Aunque se refiera a un supuesto «triángulo de hierro» con Karina y Caputo, delegó todo el armado en su hermana. Cuando Caputo y El Gordo Dan le acercaron una lista de 20 nombres, Milei la giró a Karina. Ella la descartó con la frialdad de una ejecutora. El presidente, en una escena que rozó lo farsesco, eligió irse a la ópera el día del cierre de listas. Caputo quedó en la calle, con su libreto en la mano.

Karina no necesita trolls para imponer autoridad. Caputo creyó que podía doblegarla con likes y retuits. Mal cálculo. El contexto lo elevó. Pero cuando la ola retrocedió, quedó solo, con el traje de estratega colgado y la espalda descubierta. Su narrativa funcionó mientras el miedo al regreso de Massa era real. Pero una vez que la casta mutó, él quedó fuera del guión.

El falso profeta de la ruptura

Milei, con su melena al viento y sus ojos de fuego, es un artista de la escena. Sus fotos, cuidadosamente editadas, transmiten una rebeldía de utilería. Su gobierno, sin embargo, huele a reciclado: exkirchneristas, exmassistas, punteros del sistema y una narrativa envuelta en merchandising libertario.

Las denuncias de venta de candidaturas ya manchan esa bandera de pureza que flameaban con soberbia. Lo verdaderamente disruptivo de Milei no son sus políticas, que replican las lógicas de poder más viejas, sino su habilidad para el show: un león rugiente en un circo de espejos, donde el cambio se evapora como humo sobre lo ya conocido.

Nosotros, los republicanos, no queremos eso. No aceptamos una política de poses, relatos vacíos, trolls rentados y lealtades compradas. Queremos una ruptura real. Una que rompa los engranajes del sistema, que devuelva la soberanía al ciudadano.

Caputo soñó con ser un titán. Fue apenas un peón. Su caída es una advertencia: los espejismos no sobreviven al mediodía de la historia.

Más temprano que tarde, los argentinos, con el fuego de la esperanza y la fuerza de la razón, vamos a cambiar este destino.

Porque la libertad no se negocia.

Se conquista.

Y ese amanecer, el verdadero, ya despunta en el horizonte.

Fuente: www.ricardobenedetti.com 

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