Martes, 17 Marzo 2026 10:55

La UCR habló antes y para el futuro – Por José María García Arecha (h)

El 16 de marzo de 1976 la Unión Cívica Radical habló por la Cadena Nacional de Radio y Televisión, a través del Dr. Ricardo Balbín, en su carácter de presidente del Comité Nacional del partido, pocos días antes que se produjera el golpe que derrocó a la presidenta María Estela Martínez de Perón.

Se refirió al pasado, expresó que él fue parte de la Argentina de los enfrentamientos duros, de los agravios y la palabra que lastima, señaló que cuesta superar esa situación, que divide al pueblo y no sirve, ya que normalmente esas cosas se instalan siempre de arriba hacia abajo. Dijo que asumía su responsabilidad y que pasados los años y convencido, hizo todo lo posible para que se superen esos enconos.

 

Destacó que fue comprendido por quien conducía el otro sector político en el país. Aquel murió y él lo despidió en nombre de todas las fuerzas políticas representadas en el Congreso.

Resaltó que veía en esos días, que grupos enloquecidos provenientes de las distintas facciones extremistas estaban enfrentados con una inusitada violencia y un inútil derramamiento de sangre, que no llevan a nada, pero que debemos mantenernos aferrados y no tenemos que movernos de la defensa de las instituciones.

Eso, decía, es lo que facilita que los pueblos se puedan comprender y buscar el consenso, unos con la actitud de la responsabilidad de gobernar, y otros de ocupar la oposición. Quedaba claro, quizás con una dialéctica especial, que se refería a la inminencia de los acontecimientos que se precipitarían luego en el país.

Entonces señaló concretamente que las fuerzas armadas funcionaban con el reconocimiento de todo el país, con todos los instrumentos legales que podían requerir para enfrentar la situación y terminar con la subversión.

Recordó que el pueblo fue convocado para el mes de agosto de ese año, para elegir las autoridades nacionales y faltaban pocos meses para que en las urnas el voto decida quienes mejor pueden llevar a cabo una profunda reconstrucción del país. Reconfirmó lo que dijo haber señalado en varios actos, que hay que llegar, aunque sea con muletas.

Reconoció que si bien había un gran desánimo, hay vida hasta segundos antes de la muerte. Pidió que haya una reflexión, requiriendo que no le pidan las soluciones de un plan de gobierno y dejó al final una frase, casi un telegrama, con el que marcó el futuro de la Argentina. Exclamó que pase lo que pase el radicalismo no abandonaría nunca la lucha por la vida en paz y la unión de los argentinos.

Desgraciadamente no fue escuchado. El terror se propagó con mayor intensidad, y el baño de sangre que ocurrió en la Argentina conmovió al mundo. Se cometieron aberraciones que nunca habían sucedido en ningún otro lugar. Se tomaron decisiones disparatadas para conservar el poder, como el desconocimiento del tratado con Chile por el canal de Beagle y zonas aledañas.

La intervención de Su Santidad el Papa Juan Pablo II y la gestión del Cardenal Samoré evitaron la guerra.

Después se siguió con nuevas maniobras para que la junta militar se pudiera mantener en el poder, llegando a tocar lo que era sagrado para la Argentina: nuestra historia y la relación que siempre tuvimos con nuestras queridas Islas Malvinas.

Se las ocupó en forma brillante con un gesto que nos honra ante la historia, un jefe del desembarco, que sin armas, intimaba al gobernador inglés a entregar el gobierno, recibió por respuesta un tiro y murió el Capitán de Fragata Giachino.

De nuevo dominó el desvarío, se anunció el enfrentamiento por parte de Inglaterra. Tuvimos una propuesta de paz mediante la cual se acordaría que en las islas flamearan las tres banderas, la argentina, la de las Naciones Unidas y la inglesa.

La contestación tal vez producto de la embriaguez que decían que solía tener quien presidia la Nación fue: “si quieren venir que vengan… que traigan al principito…”. Así vimos el drama con que finalizó la contienda, después de la muerte de heroicos soldados y oficiales de las fuerzas armadas y el hundimiento de nuestro querido crucero General Belgrano.

El silencio y la cobardía reinaron en semejante desencuentro. Quizás por las situaciones que se habían dado en universidades, en fábricas, en el interior del país y en la propia capital, la convocatoria a una multipartidaria que se venía reclamando tuvo éxito, y se abrió el camino de las urnas. De ahí surgió una figura que recordamos estos días, la del Presidente Raúl Alfonsin, que en definitiva resultó electo Presidente de la Nación.

Su gestión trascendió por el respeto que sostuvo siempre por el funcionamiento de las instituciones, dentro del marco de la Constitución Nacional y la democracia; por el federalismo, la división e independencia de los poderes; su estímulo a la reforma educativa; el pleno apoyo a la autonomía universitaria; su presencia internacional en todos los foros y países. Todas políticas que marcaron un camino en la República para todos los tiempos.

Este radicalismo actual que asumió con entereza el compromiso de gobernar cinco provincias, en un momento que el país y el mundo sufren una profunda crisis, y ostenta el orgullo de que estos gobernadores han sido respaldados por sus pueblos, luego de evaluar sus gestiones, sigue sosteniendo firmemente sus principios con la misma convicción que lo hizo en toda su historia.

Hoy, que tanto se habla de renovación, podemos también destacar que el actual presidente del Comité Nacional de la UCR, Leonel Chiarella, un joven de 38 años, es intendente de la importante ciudad de Venado Tuerto, y con su impecable gestión gana las elecciones de su ciudad, indudablemente porque busca que impere el sentido común en un futuro cercano, para esta Argentina tan convulsionada.

Ex Senador Nacional (UCR CABA)

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