Viernes, 07 Agosto 2026 15:53

¿Dónde iremos a parar? - Por Guillermo Javier Nogueira

A los tumbos en un vacío de larga data. En los últimos 100 años de nuestra historia, solo podemos nombrar tres estadistas presidentes: Perón, Frondizi, Alfonsín, además sumo uno bienintencionado, buen hombre, honesto: Illia.

Ninguno terminó su mandato. El resto ha sido una mezcla de incompetencia, ignorancia, autoritarismo, codicia, corrupción y desmedido afán de poder en beneficio propio o de grupo.

 

El origen creo, fue el olvido o el agotamiento de sus ideas junto a la desaparición de sus gestores por el paso del tiempo. De esa forma priorizar la educación, poblar el país y federalizar en serio la República, lentamente dejaron de ser la tarea a realizar en democracia.

Pocos lo intentaron y no lo lograron, ya sea porque no supieron o no pudieron, me inclino por lo último y agregaría porque se lo impidieron. Notable paradoja de morder la amplia mano que daría de comer a todos.

La mayor parte del tiempo nos ha gobernado una decadente tilinguería portuaria que solo copia y mal lo novedoso del llamado primer mundo, lee sin entender, confunde las matemáticas con criterios de veracidad, realidad y valor cuando apenas sabe sumar y restar y menos interpretar el resultado.

Ahora ya no piensa, consulta a la IA como los antiguos sacerdotes al oráculo, ignorando que preguntar requiere además de curiosidad e interés, saber algo del tema, dado que la pregunta condiciona la respuesta e implica la calidad y capacidad de quien responde. Un algoritmo lo hará mecánicamente en base al peso estadístico de una enorme cantidad de datos.

Si la pregunta es estúpida, la respuesta será otra estupidez, la más encontrada en la base de datos. Así un funcionario intentó un diagnóstico de la personalidad del presidente preguntándole a la IA en base a una torpe, pobre y sesgada interrogación.

Pretende ser candidato a un cargo de gran importancia.

Se confunde optar con elegir presumiendo ser libres, sin ver que solo tenemos grados de libertad según el sujeto y las circunstancias.

Somos ignorantes por creernos sabios y de ese modo tomamos los resultados como si fueran las causas, el síntoma por la enfermedad. Mal pronóstico porque simulamos inteligencia pero prepondera la estupidez.

Dada la universalidad del fenómeno en esta era del homo-económicus y sus derivados el tecnocráticus, el algirítmicus, el cleptocráticus, cabe dudar del progreso evolutivo del sapiens.

Si no pensamos críticamente, consultamos la biblioteca que no tiene mitades como pregonan en el foro, sino infinidad de volúmenes, reservorio de saberes a lo largo de siglos, seremos pobres en el sentido más profundo del término; pobres de razonamiento, pobres de libertad para elegir apropiadamente, pobres de conductas inteligentes. Una suerte de evolución al revés: involución.

Conducta, conducir, liderar, sobre cada uno o sobre la sociedad. El problema es que a nivel social podemos ser conducidos y en los tiempos que corren sin que lo sepamos, nos demos cuenta o lo sospechemos.

La tarea es enseñar a reconocer esta situación y solo permitir ser guiados en tanto se nos señale la ruta y la meta en forma transparente, verificable. La diferencia entre convocar a participar o seducir y fanatizar. La moral de los líderes se debe traducir en la ética de las propuestas a los ciudadanos en pos del bien común.

La pregunta del título alude al destino, que en el caso de la ausencia, falencia o perversidad de los liderazgos, podrá ser un vacío, un desarrollo en paz, justicia y equidad o un acontecimiento catastrófico. Ya hemos tenido muestras de esto; el presente oscila entre la primera y la última posibilidad y el futuro como tal por el momento es incierto, pero será la tercera si por la pobreza de ideas y talento, la anomia política instala la primera. Generalmente un mal augurio.

En ese caso la frase inicial más correcta sería ¿Dónde seremos arrojados? El parar pasa a tener significado de fin, terminal, despojo. Los antecedentes no nos favorecen: país calesita, tropezadores inveterados con la misma piedra, o como dice Massot y yo repito: vuelta la burra al trigo.

Ya no hay excusas porque cada vez son más los que ganadores, se burlaban de los que no la vieron venir. Ahora son ellos los que desanimados, ven lo que no vieron venir, en tanto que entre los supuestos ciegos iniciales, había algunos que sí veían, pero no les creían.

Médico Licenciado en Psicología

Autor de El niño Problema.

La era del neuroTodo. La era del neuroTodoII. Ed. Miño&Dávila

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