Jueves, 17 Diciembre 2020 13:39

Contra pronóstico del Gobierno, los economistas creen que las jubilaciones serán la variable de ajuste en 2021 - Por Fernando Gutiérrez

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Estudios indican que, si se produjera un desvío respecto de la inflación prevista oficialmente, los haberes podrían tener pérdidas reales de hasta 14%

 

Era una de las postales clásicas del kirchnerismo: en actos transmitidos por cadena nacional, donde abundaban los funcionarios de primera línea y a veces también los militantes en los patios de la Casa Rosada, la entonces presidente Cristina Kirchner anunciaba los periódicos ajustes jubilatorios.

 

En realidad, se trataba de ajustes obligatorios por ley, que tenían fecha predeterminada y una fórmula específica de indexación. De manera que bastaba con una simple comunicación administrativa para que las jubilaciones quedaran ajustadas.

Sin embargo, Cristina tenía una marcada preferencia por realizar esos anuncios con el tono de quien anuncia una política de Estado. Solía aprovechar esas ocasiones para hacer un repaso de los logros económicos de su gobierno, y lo irónico de la situación es que muchas veces los ajustes jubilatorios se ubicaban por debajo de la inflación, de manera que la Presidente estaba en realidad convalidando una baja en términos reales.

Por caso, en el recesivo 2014 la pérdida real de los jubilados fue de 6%, en un contexto de inflación que se estimaba en 37% mientras los salarios subían al 33%. Era el resultado de una fórmula de ajuste conocida como "pro-cíclica". Esto implica que tiende a recuperar ingresos cuando la economía está en fase de crecimiento pero que cae cuando la economía entra en crisis, haciendo las veces de variable de ajuste.

Y ahora, con la inminente aprobación de la nueva fórmula de indexación jubilatoria, que en muchos sentidos recupera la lógica del funcionamiento de la fórmula cristinista, ya empiezan a surgir voces de alerta en el sentido de que, si las cosas no salen tal como el Gobierno las pronostica en su presupuesto 2021, podrían llegar a producirse grandes pérdidas para los jubilados.

¿Qué tan grave podría ser esa pérdida? De más de un 14% real si la inflación se saliera de los cánones que Martín Guzmán prevé (es decir, debajo del 30%) y se fuera por encima del 50%, como están advirtiendo muchas de las consultoras más escuchadas de la City.

Y esto ocurre aun con las mejoras introducidas a la nueva fórmula en la reciente discusión del Senado. Por caso, se acortó el período de ajuste, originalmente previsto de seis meses, a tres meses y establece algunos mecanismos que frenan la caída en caso de que el índice Ripte evolucione por debajo del índice de salarios del Indec.

Lo llamativo del caso es que estos pronósticos negativos del mercado contrastan con el optimismo del Gobierno. Por caso, Sergio Massa, al disertar en un evento con inversores, afirmó que gracias al rebote que experimentará la economía argentina durante el año próximo, las jubilaciones recuperarán un 10% del poder de compra. Un guarismo que, hasta ahora, ni el más optimista de los adherentes al Gobierno se había animado a pronosticar.

La pérdida durante 2021, ¿inevitable?

Con la reforma jubilatoria en marcha, en definitiva, la fórmula sigue siendo la que instauró Cristina y rigió desde 2008 y se extendió hasta 2017, cuando Mauricio Macri impulsó un nuevo mecanismo de ajuste, en medio de violentas protestas frente al Congreso.

Lo irónico del tema es que los funcionarios macristas, al impulsar hace tres años el cambio de fórmula y dar preeminencia a la variación inflacionaria, tenían como objetivo que toda la masa jubilatoria decreciera respecto de la recaudación tributaria nacional. Claro, para que ello ocurriera era imprescindible que el sendero de la inflación fuera siempre descendente, algo sobre lo cual todavía se tenía esperanzas en 2017, el último año bueno del macrismo.

Paradójicamente, uno de los beneficios de la política económica macrista hacia los jubilados ocurrió en contra de sus propios planes. Al dispararse la inflación, los jubilados estuvieron dentro de los grupos sociales que mejor lograron defender sus ingresos, en un momento en el que la recaudación fiscal sufría las consecuencias de la recesión.

Ahora, la propuesta que entrará en vigencia en 2021 tendrá una lógica diferente: ya no tomará en cuenta la inflación, sino que directamente considerará una combinación entre la variación salarial y el ingreso de aportes a la ANSeS. En definitiva, una visión fiscalista que, si hubiese sido propuesta por un gobierno de otro signo que no fuera el peronista, difícilmente hubiera superado la discusión en el Congreso.

Tal como ocurría con la antigua fórmula cristinista, también aquí se aplica la lógica "pro-cíclica": si la economía está en crecimiento –y por lo tanto crecen salarios y recaudación por encima de la inflación- entonces las jubilaciones tendrán una mejora real. Pero si ocurre lo contrario, entonces los jubilados serán quienes paguen la factura de la crisis.

Un informe de la Fundación Mediterránea lo puso en números. Aplicando la nueva fórmula, y suponiendo una inflación relativamente baja de 34,5% para el próximo año, entonces las jubilaciones apenas evolucionarían en línea con los precios.

Pero si ocurriera un desvío respecto de las expectativas oficiales, el perjuicio para los jubilados quedaría rápidamente en evidencia. Por ejemplo, con una inflación de 51,1% las jubilaciones correrían de atrás y sólo aumentarían nominalmente un 39,5% -una pérdida real de 8%- mientras que, si el panorama fuera más complicado y la inflación llegara al 58,5%, las jubilaciones apenas se moverían 36% -una pérdida real de 14 puntos-.

Lo preocupantes es que los últimos reportes de los economistas ven un relajamiento monetario sobre fin de año, que ya pondría una base de arranque alta para la inflación de 2021. El tema, como siempre, es la dependencia del Tesoro para financiarse con la emisión del Banco Central, algo que volvió a quedar en evidencia en los últimos días, con el nuevo giro de $100.000 millones por concepto de transferencia de utilidades.

En definitiva, el consenso que empieza a instalarse en la City es que difícilmente el Gobierno logre mantener la inflación por debajo del 50% si no hace un esfuerzo fiscal adicional que lleve el déficit al rango del 3% del PBI.

Aun así, en esa hipótesis que hoy luce complicada políticamente –sobre todo teniendo en cuenta las restricciones de recorte que implicará el contexto electoral- ya se entraría en la zona en la cual las jubilaciones empiezan a sufrir una pérdida en términos reales.

Por otra parte, el reporte de la Fundación Mediterránea indica que, medido en términos del PBI, el gasto destinado al pago de jubilaciones se ubicará entre 8% y 8,24% -dependiendo del comportamiento de la inflación. Y en todos los escenarios resultaría inferior al 8,3% registrado en este 2020, cuando la suspensión de la fórmula "macrista" permitió un ahorro fiscal de $100.000 millones, que se reduce a $74.000 millones si se consideran los bonos extraordinarios.

Negociación en el Congreso

No es fácil impulsar ese cambio de fórmula jubilatoria para un Gobierno que basó buena parte de su discurso de campaña en la crítica a la política monetaria de Macri. Sin embargo, es el cometido al que en estos días están abocados los principales dirigentes.

Empezando por Sergio Massa, el titular de la cámara de Diputados, quien deberá tejer consensos y realizar pactos para conseguir una mayoría que no parece tan fácil de obtener como resultó en el Senado.

El argumento oficial, expuesto por el propio Massa, es que la nueva fórmula de indexación "permitirá una mejora para los jubilados, asociada a la mejora de la economía, en un índice atado a la mejora de los salarios y la recaudación, que, además, dará previsibilidad fiscal".

En definitiva, Massa quiere persuadir a los diputados en el sentido de que en 2021 no solamente habrá una inflación menor a la de este año -un supuesto sobre el que hay serias dudas- sino que además la economía experimentará un rebote como no se veía desde los años de las "tasas chinas".

Ya con la negativa segura de los legisladores de Juntos por el Cambio y de los sectores de izquierda, se está en plena negociación con las demás facciones del peronismo. Es por eso que se produjo el acercamiento hacia la bancada que responde a Roberto Lavagna, que pondría como condición para el apoyo algunas modificaciones al texto original. En particular, que la indexación jubilatoria cuente siempre con la garantía de un "piso" ligado al costo de una canasta básica de consumo.

Lo cierto es que hasta el momento no es seguro que se cuente con el apoyo como para que la nueva fórmula "neo-cristinista" sea aprobada tal como salió del Senado. Y el proceso demandará negociaciones con legisladores peronistas del interior, en un momento en el que varias provincias aumentan su dependencia de la ayuda financiera que les pueda brindar el Gobierno central.

En todo caso, lo interesante será el momento del debate, cuando macristas y kirchneristas se critiquen con los argumentos inversos a los que hace tres años habían intercambiado, en un Congreso que sufría una lluvia de piedras.

Fernando Gutiérrez

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