Domingo, 28 Febrero 2021 01:28

¿Necesitamos una reforma de salud centralizada? - Por Eduardo Filgueira Lima

Escrito por Eduardo Filgueira Lima

Que el sistema de salud argentino merece una reforma es un hecho incontrastable. La inversión en salud ronda el 10% del PBI, cifra nada despreciable, pero si es cuestionable en relación con otros que, con menor gasto logran mejores resultados sanitarios. 

El sistema de salud está en permanentes procesos de cambio adaptativos a nuevas y permanentes circunstancias sanitarias y sociales. La incorporación de nuevas tecnologías y el incremento en la expectativa de vida promueven una creciente brecha entre recursos y necesidades.

Sin entrar en otras consideraciones puntuales atender en especial a su organización parece un aspecto central de las reformas que -con criterio orientativo- deberían pensarse.

Pero la idea de un sistema nacional integrando los subsectores del subsector público estatal, la seguridad social y los seguros privados, si bien puede parecer atendible, desconoce otras realidades de nuestro país y esconde otras intenciones que son más políticas que sanitarias.

La idea de “un gran paraguas organizacional bajo el cual funcionarían todos los organismos estatales vinculados a la salud”, junto al concepto de “centralización normativa”, implica un voluntarismo político junto a un desconocimiento absoluto de cómo es nuestro país y en especial nuestro sistema de salud.

En principio el subsistema público estatal se encuentra bajo la órbita de las provincias. Estas no han delegado a la Nación esta función asistencial y de ejecución programática.

El ministerio de salud de la Nación no puede más que dar recomendaciones o llegar a acuerdos a través del COFESA, pero no tiene más que pretensiones en la función de rectoría, que por otra parte sería muy grave otorgarle absolutamente, porque todos quedaríamos atados a decisiones centralizadas -erróneas o no que tome el ministerio nacional- y que en general poco tienen que ver con lo que sucede en realidad en las provincias.

El ministerio de salud nacional lleva adelante innumerables programas verticales de asistencia, con la idea de compensar inequidades entre jurisdicciones. Pero estos representan no más del 5% del gasto que tienen las provincias. Sin embargo, a la par y en el ministerio nacional, esos mismos programas sostienen estructuras burocráticas con muy poca funcionalidad y operatividad, que amplían el gasto y sirven más a quienes se desempeñan -cargos mediante- que a quienes se supone deben servir. ¡Un claro subsidio a la oferta!

La carga financiera mayor de la asistencia sanitaria por parte del subsistema público estatal está a cargo de las provincias que alcanza al 2,7% del PBI.

La pretensión de regular el funcionamiento de estas a través del COFESA es un exabrupto conceptual, ya que dicho organismo solo puede dar “buenos consejos”.

Por supuesto que existen mecanismos de presión -económicos y políticos- a los gobernadores, si se pretendiera llevar adelante con fórceps una propuesta centralizadora. Pero -aún asumiendo buenas intenciones- la propuesta es inadecuada porque no respeta el federalismo ya que las 24 constituciones provinciales deberían ser modificadas para aceptar un poder rector por encima de las prerrogativas que ellas mismas establecen para las provincias.

Mucho más práctico y eficiente sería proponer que las provincias lleven adelante un seguro de la población beneficiaria nominalizada, con una definida canasta de prestaciones y con libertad de elección de los prestadores. Esto tendería a la mejora de todos los servicios asistenciales evitando la cautividad, lo que obligaría a los prestadores a buscar la preferencia de los beneficiarios.

Otro aspecto de esta pretensión centralista es establecer un sistema de recupero de costos a la seguridad social que ya existe y que los establecimientos asistenciales públicos llevan adelante, cada vez más y mejor.

Finalmente parece desconocerse que los ánimos constructivistas responden en gran medida a las ideas preconcebidas de sus autores: los “arquitectos políticos”. Son los que pretenden prediseñar el futuro. Si es lícito orientar cambios, corrigiendo errores, pero finalmente es la gente la que decide que es lo que mejor atiende sus necesidades.

En este caso el diseño centralista pretende -como ha sucedido muchas veces en nuestro país- crear una nueva superestructura burocrática, que generará costos evitables, que pudieran ser destinados a otras urgencias, y que además de servir poco o nada a futuro, si servirá a corto plazo para “hacer de cuenta que se hace algo”, incrementar cargos de funcionarios y personal, pero también y muy grave permitir el manejo de fondos por el poder político de turno.

Que el sistema de salud merece que atendamos su reforma es cierto, pero seguramente no esta a la que hago referencia y que algunos proponen. 

(#) Ex-Viceministro de Salud de la Nación

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