Una mirada que recorre, párpados desvelados que cual cortinas velan y develan dos escenarios. El que está ahí, afuera, visible, tangible, a veces incomprensible y el que está aquí, dentro mío, a veces comprensible. Inquietud que se me impone con ideas/palabras/pensamientos que fluyen libremente pues la conciencia cual barrera no los logra controlar, a lo sumo domesticar.
“Me quedé patitiesa” aparece de pronto. Lo decía mi madre ante una noticia o un hecho que le afectara negativamente por ser peligroso, asombroso, amenazante. Era raro ¿imposible? que la usara para festejar. Con las piernas duras, sin poder moverse y escapar, cambiar. A Maradona le cortaron las piernas impidiéndole usarlas por un tiempo tan indefinido que luego abarcó toda su vida. “Esa pieza se rompió porque es de hierro fundido, rígida y se quiebra más fácil que esta nueva de acero, más flexible y resistente” escucho y veo a mi padre explicarle al atribulado dueño del auto que estaba reparando.
Tiempo después, aprendido eso, pude incorporarlo como un valor a ser cuidadosamente adaptado; dureza, rigidez no son siempre buenos. Cara de póker, bloqueo de inicio de marcha, temblor, rigidez, me enseñaron eran las evidencias observables de una enfermedad muy incapacitante, el Parkinson.
Poniéndome otros anteojos pude apreciar que el temblor representaba una lucha oscilante entre fijo y móvil que podía comprometer también al pensamiento quitándole flexibilidad, plasticidad. “Todo lo que hace el hombre es mover cosas” dijo Schopenhauer. Sospecho no se refería a los muebles ni a las extremidades “En la variación está el gusto” contribución de la abuela con una nueva comida o el agregado novedoso de un condimento. “Otra vez sopa” expresaba y todavía lo hace el hastío por la repetición interminable de algo no necesariamente agradable. Según quién la dice lleva una carga de enojo, tristeza o resignación. Lo fijo, lo que no cambia por no poder hacerlo convierte finalmente lo útil en inútil. Aprendí en el laboratorio que no son lo mismo exacto, preciso, que invariable.
Los neurofisiólogos advirtieron que la habituación, consecuencia de la reiteración sin modificaciones, fija, olvida y hace automático e implícito el aprendizaje, garantizando solo su disponibilidad, pero no su utilidad en cualquier circunstancia; empobrece y degrada la inteligencia entendida como la capacidad de decidir en forma variable y apropiada según la ocasión, particularmente cuando es novedosa. Arquímedes ve que él entra en la tina y el agua se mueve, sale, se desplaza y establece una relación fundamental. Heráclito, no sé si por higiene o por deporte se baña o imagina metafóricamente que lo hace en un río que no es siempre el mismo; aunque no lo dice, él tampoco es el mismo.
Ahora aparece en el escenario la palabra tieso nuevamente y derivo a tesitura, tejido, textura. Sherrington y el cerebro, telar en cantado donde surgen las mentes paralelas, esas que elabora Laura Tripaldi mirando a la supuesta araña que teje.
El dato interesante es que la araña fabrica el hilo sin saber cómo es que lo hace y de allí en más la tela la representa como creadora de una conducta apropiada de la que se presume un propósito que la precede y determina. Biología, evolución, ontogenia, filogenia tejidos de la naturaleza. Desde múltiples campos es señalado el error de mirar solo a la tela, una trampa útil para su subsistencia, considerando menos al ingenio de la araña, si es que lo posee al moverse plásticamente.
Borges puede ahondar en lo inefable, lo fluido, lo cambiante de esa esencia que nos constituye e integra en un todo con esta frase: “El tiempo es la sustancia de que estoy hecho. El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego." Como ciego piensa utilizando imágenes antes vistas, ahora miradas desde adentro; ve un tablero de ajedrez y se pregunta: Dios mueve al jugador, y éste, la pieza. ¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza de polvo y tiempo, sueño y agonía?; Trama, red, tejido, tela, movimiento, flujo, cambio.
Gana la partida quien puede al mover sorprender creativamente o inducir engañosamente a un oponente atrapado en la rigidez de memorias de otras partidas. El perdedor ha sido víctima de la memorización de un gran número de partidas. Conociendo todas las movidas y sus consecuencias cree que podrá predecir mecánicamente todas las acciones futuras esperando agazapado el error del adversario. Incrementando el número de partidas conocidas y dependiendo de los límites de su memoria, la previsibilidad y la certeza aumentan pero nunca llega a ser absoluta. Lo único absoluto son las reglas de juego y su destreza personal para desarrollar una estrategia sabiendo la esencia del mismo.
Se entrena reproduciendo partidas. Cuanto mayor es su número, al haber quedado fijadas como recuerdos de un evento gobernado por el rígido e inapelable mecanicismo causal, genera una falsa certeza. No cuenta con la variable más importante que el oponente es otro humano con su personalidad y particular manera de tomar decisiones; pueden culminar en un desafío riesgoso, un prudente enroque, un osado cambio de piezas o un creativo señuelo.
Este jugador ha sido educado, adoctrinado, programado como la exitosa Big Blue que le ganó algunas partidas a Kasparov; también perdió algunas. Nada es definitivo, de una vez para siempre. Hacer lo inesperado, moverse del punto fijo, oscilar entre límites apropiados, inclusive errar, exagerar, son los fundamentos de los verdaderos aprendizajes, mal que nos pese.
Posibilitan vivir existiendo y no solo funcionando. La vida como una partida de ajedrez. Ezequiel Martínez Estrada sabía mucho de esto. Antes nos entreteníamos con el pulgar y andar erguidos, modos de no ser rígidos, apertura de infinitas posibilidades; ahora nos animamos con el lenguaje que cuando está bien desarrollado es rico en variantes semánticas, pragmáticas y en su poética. Se mueve desde y hacia, va y viene, lleva y trae, premia y condena. Fenece cuando es pobre, monotemático, monosilábico o cuando grita y vocifera pues ya deja de ser transportador e inductor de reflexiones, diálogo.
Los niños hablan al comienzo con holofrases, los adultos culturalmente pobres regresionan y se les parecen usando el limitado repertorio con palabras frase como el reiterado “boludo”, “pinta ir a”, “tipo cuatro” y el “carajo” de moda, sobre enfatizado en “tres carajos”, sello distintivo aplicado a cualquier ámbito o circunstancia. Una rigidez más que significa empobrecimiento, carencia e ignorancia aceptables en el niño, pues no se ha desarrollado y enriquecido con la cultura, no así en los adultos en que es expresión de pobreza educativa.
Su uso deliberado, intencional es otra cosa vinculable a la publicidad y el marketing. Sigo sumando rigideces, carencias de alternativas, límite de la libertad de moverse, escoger, decidir, optar, cambiar. Se habla como se piensa.
Todos los lenguajes exteriorizan esa peculiaridad que nos convirtió en humanos. Lo invariable es la extraña amalgama de biología e historia que nos confiere identidad como únicos e irrepetibles. No es rigidez ni repetición monótona. Soy el niño que miraba a su padre trabajando, a su madre cosiendo, y ahora con anteojos y peinando canas mira la pluma o el teclado con que escribe este pequeño ensayo.
Me veo distinto, pero no dudo, me reconozco y me reconocen a pesar de los cambios por la edad incluyendo mis conductas que mantienen aunque con nuevos ropajes el hilo conductor de la genética, el carácter y la personalidad moldeados por la cultura y la naturaleza.
Coherencia, certeza, identidad, a pesar y gracias al movimiento de mis átomos y de mis experiencias. Maravilla y misterio.
El lenguaje puede fluir como el rugido amenazante del león armado con colmillos motosierriles. A veces juega en contra cuando habla de anarquía, democracia, política mercado, propiedad privada y libertad, formando parte de un mismo objeto. Falla la lógica, pues llevado al extremo termina en una falacia o un oxímoron que imagino como el temblor del Parkinson; metafóricamente dos enjaulados tratando de moverse sin poder hacerlo. Deja de fluir cuando es unidireccional, se reitera para adoctrinar o se aplica en forma sistemática en cualquier contexto sin intentar conversar, dialogar, solo apelando a lo irracional de las emociones primarias.
Es evidente que estoy preocupado por la rigidez, la dureza inalterable promovida como virtud suprema. Generalmente conduce a errores catastróficos por inadaptable a un universo que en esencia es movimiento. El Big Bang, la entropía son innegables aunque no lo sabemos todo y nos tiente poner un primum moviens místico, un Dios según la ocasión. En la desesperación algunos deliran, otros alucinan, otros dudamos y andando preguntamos. J.C.Goldar habla de ideas sobrevaloradas como el nodo fijo de esa rigidez que es la paranoia de la cual emerge el discurso intolerante, despectivo, agresivo, monotemático, peligroso pues contagia, seduce, arrastra. Galileo dijo lo que pensaba, veía y razonaba, movió sus ideas y demostró un gran movimiento; el fanatismo con rigidez de muro trató de detenerlo, acallarlo, solo logró atemorizarlo.
En una movida inteligente se retracta pero deja esa frase que se le atribuye: “sin embargo se mueve…” La realidad cambiante, en constante movimiento prevalecerá…. Se acordarán de mí. Una maravillosa sonda espacial lleva su nombre siglos después. Movió sus ideas a partir de las de Ptolomeo y Copérnico. Esta lucha persiste al igual que sus consecuencias. Puños en alto, armas, insultos, violencia, no reconocimiento del otro como semejante.
Critico el reduccionismo extremo inútil; por ello propongo que dureza y resistencia no son iguales a rigidez y violencia. El flexible junco simboliza una manera apropiada para vivir y mejor aún para sobrevivir, lo mismo hacen la dureza y la resistencia en sintonía con la naturaleza a la que pertenecemos, la que configuramos y nos configura. El asunto es siempre poder moverse, oscilar con la posibilidad de hacerlo hasta los extremos, inclusive más allá cuando sea transitoriamente apropiado. También poder retornar, recuperar, permanecer.
No es cosa fácil, menos aún, cuando la velocidad comunicacional apela al acto reflejo, irracional, rígido e inmediato, sin retorno. Resuena ese “no existís, tomátelas, quién te conoce, sos de otro palo, yo estoy para otras cosas, la cruz, la mezquita o la sinagoga, soy fuente de toda razón y justicia.” El grito crispado sobre el canto, el susurro o el arrullo, el puño sobre la mano extendida. La disputa sobre el acuerdo, el odio sobre el amor, la guerra sobre la paz son rigideces en espejo. Mares difíciles de navegar, ahora creencia en el GPS que puede fallar. Acto de fe inamovible en las bondades de la velocidad y abundancia sin límites, que por esa misma razón terminan siendo lo contrario.
Olvidamos a Aristóteles y el justo medio y la condición de la vida como una cadena de equilibrios dinámicos.
Desconfiar de los pregoneros místicos que invocan una misteriosa luz que los inspira y guía, supuesta razón de su autoridad que les otorga el poder de guiarnos obedientemente. La rigidez de la idea sobrevalorada o el delirio son seductores y esquivan el pensamiento crítico históricamente con consecuencias trágicas. Es mejor y más divertido jugar, actividad donde podemos imaginar, asumir roles experimentar para luego experienciar. Mover el cuerpo y “el alma”. Piedra, papel o tijera, dale juguemos a que somos astronautas, truco, quiero retruco, Jaque, atajala, a que no te zambullis….
Riesgo y posibilidad, es decir vida, e pur si muove.
El filósofo J.L.Jalfen decía “La ideología es la fosilización del pensamiento” No quiero pase eso.
Sigue nublado, las ramas se balancean, se doblan pero no se rompen, acompañan al viento y orientan su camino variable en un maravilloso acuerdo.
Mar del Plata, 5 de junio del 2024
Médico, Licenciado en Psicología
Autor de El niño Problema y La era del NeuroTodo Ed. Miño & Dávila


La escena se reitera. Sol que asoma, pájaros que revolotean, horas que pasan.