Está caído, con las alas abiertas y pegado al suelo, pero con la cabecita erguida y los ojos abiertos. Mira a su alrededor. Aparece entonces otra de mis facetas y de observador curioso paso a neuro-observador que piensa como pájaro que acaba de estrellarse. Lo hago mediante neuronas espejo y teoría de la mente como le dicen en la Academia. ¿Qué me pasó? No entiendo nada, yo volaba fenómeno en busca de algún sabroso insecto y ahora estoy caído, me duelen la cabeza y el pico.
Todo es confuso, miro alrededor, estoy azorado, tengo miedo. Pasan unos segundos, las miradas de búsqueda aumentan y de pronto, ante mi alegría, levanta vuelo y sale raudamente en dirección opuesta. Pensará: me siento mejor, debo regresar a casa. Juro que para este lado no vuelo más.
El neuro observador cierra el informe de urgencia y pone “conmoción cerebral por traumatismo de cráneo” Regreso a mi asiento y sigo con la taza que ahora parece más llena de reflexiones, ideas, sentimientos, que café. Maravilla del vidrio invisible posibilitando lo visible.
La transparencia que permite pasar de mirar a ver las imagines, constancia de lo existente. Un dibujo, una tira reflectante o una palabra escrita en el vidrio, podrían denotar su presencia y advertir las consecuencias de ignorarlas. El lenguaje hace esa tarea cuando simboliza, representa, comunica y advierte. En cambio el espejo, pariente del vidrio, deja pasar pero no transparenta lo que está del otro lado, sino lo del mismo lado al rebotarlo.
En realidad nos permite mirar y vernos a nosotros mismos tal como somos realmente. Separarnos para identificarnos de aquello que nos rodea, y en la mirada poder vernos en ese otro espejo interior en el que rebota la realidad, luego de pasar por los ventanales vidriados de los sentidos. Lacan aportó bastante en este tema. Dejar pasar, ver pero al rebotar mantener un lado oculto. Una contradicción paradojal. Miro y solo puedo verme a mí mismo y a lo de este lado
Vuelvo a identificarme con el pájaro mirando azorado y asustado. Volaba confiado, tenía certezas que había ido construyendo con ojos de pichón curioso y sorprendido, mirando y viendo las conductas de sus mayores. Fue copiando, imitando y comprobando el resultado, en un cotejo entre sus impulsos instintivos y las modulaciones aprendidas, pensadas, aquellas que suelen aportar más beneficios que inconvenientes. La excepción son hambre y sexo; imponen sus conductas, comer y aparearse sin más, salvo en los humanos que abstracciones mediante le imponen evolutivamente complejas elaboraciones que terminan en apetito selectivo, dietas, anorexia, bulimia, planificación familiar, anticoncepción, vientres subrogantes y niños de probeta.
El pajarito en cuestión, humildemente construyó creencias simples, de allí por confiables y repetidas certezas buenos hábitos que sin muchas alternativas fueron garantizando su existencia. Por supuesto que en un mundo dual y complejo, el de los humanos con sus culturas, épocas y lugares, también hay malos hábitos e incertidumbres, a veces insoslayables, otras, las más frecuentes, inducidas en esta competencia por existir. Sigo en modo pájaro cafetero.
Entonces observador-pájaro pienso, cosa que Lorenz, Uexküll, De Waal lo aprobarán en tanto me mantenga en el nivel ave. Lo que veo existe, si lo deseo o necesito me dirijo a ello volando en esa dirección hasta lograrlo, así reiteradamente, hasta el cansancio, diría la abuela. Adquiero seguridad, certidumbre que por la reiteración llevan al hábito, condición que no requiere más confirmaciones, hasta que…… fallan y me estrello. Si lo que creía y era habitual no funciona, debo saber por qué. En este punto el modo pájaro no da para más.
Un sorbo y cambio al modo neuro-observador. La habituación es uno de los dispositivos básicos del aprendizaje que permite economizar recursos cognitivos. Cuando un aprendizaje realizado a través de la experiencia consciente, deriva en la adquisición de certezas, pasa luego a ser cuidadosamente encriptado y guardado como programa de acción exitoso.
Estará listo para ser usado en el momento y las circunstancias apropiadas. Este mecanismo evita repetir innecesariamente todos los pasos de su construcción. Así es que la mayoría de nuestras conductas están fundadas en hábitos. Van desde caminar, andar en bicicleta, masticar, sacarle punta al lápiz antes de escribir, apagar la luz para dormir, ponerse el cinturón de seguridad, persignarse al pasar por una iglesia.
Existen otras tan complejas como respetar la autoridad, votar para elegir, pagar impuestos, y en esta era cambiante llevar reloj, teléfono celular o recurrir a la red para informarse o divertirse. A mi criterio lo crucial en el origen de los hábitos es la repetición. Si esta es exagerada o monótona anula la atención, puerta de entrada a la conciencia y lo racional pero también a memorias duraderas base del razonamiento.
Este es el punto al que quería llegar. Algunas repeticiones monótonas son inducidas y su intencionalidad es variable tanto para un sujeto como para la humanidad. El rezo o las plegarias de todo tipo, la publicidad, los medios, suelen recurrir a esta estrategia. Las modas son otro ejemplo y ahora los influencers, Tik Tokers, divulgadores y muchos periodistas son los sacerdotes laicos de estos rituales que no generan verdaderos aprendizaje y saberes.
La desaparición de niños, las guerras, los actos criminales, la divulgación de noticias falsas, el control de las redes, la agresividad, son información, estímulos sensoriales que al cabo de un tiempo dejan de sorprender, pasan a ser habituales, entonces dejan de ser valorados como corresponde, se olvidan pasando a un segundo plano sin desaparecer como sucedería en la amnesia. Sabemos pero no recordamos más allá que alguna vez supimos, o poseemos la reproducción automática de un procedimiento ya vacío de contenido, quizás hasta de sentido.
Esto implica peligro. No obstante persiste a pesar de ello, dado a su mayor impacto y atractivo. La repetición, la gran velocidad y frecuencia, contradictoriamente “llaman” la atención para rápidamente anularla. Un modo de hacer pasar lo intolerable. Se mira, pero no se ve. Se recibe pero no se piensa o analiza. La moral y la ética de los impulsores se hace invisible, es el vidrio que advertimos tardíamente al chocar tomando conciencia de la realidad que nos permitieron mirar pero no ver.
Condicionan lo que “es noticia” condicionándonos a creer y aceptar de un modo determinado. El ejemplo de un hombre mordiendo a un perro podría ocupar la primera plana, no tanto que un perro mordió a un hombre. Ambas pueden ser importantes pero solo una será “noticia” Las buenas por esperadas y satisfactorias de esperanzas, calman, aquietan, pues el placer por sí solo determina pasar a otra cosa. El buen funcionar. En otros casos el hábito puede llevar a las adicciones, una especial atención instintiva que la certeza repetida de recompensa inmediata configura en un cepo del cual es difícil sino imposible salir. Terminan siendo estructurales.
Las redes informáticas y el teléfono celular son señalados como las nuevas adicciones, Harari dixit. Nos han inducido, condicionado, habituándonos a mirar sin ver realmente. El pájaro de mi jardín podría haber visto que más allá de las plantas había otro animal potencialmente peligroso, yo ubicado en un entorno que no tenía nada que ver con sus apetencias. Detener su vuelo, desconfiar, averiguar, informarse, le habrían evitado el golpe y su frustración. Le sucedió pues el hábito dependiente puramente del instinto es irracional.
El pobre carecía de pensamiento crítico; elemental Watson diría Sherlock, es un ave y no pueden pensar de esa manera. No siempre hay recuperación posible tras la caída de las certidumbres. El engaño es fatal pues el desengaño desnuda la vulnerabilidad de las certezas en que confiar. Señala la ignorancia que lo posibilita. El rezo del rosario en voz susurrante para los cristianos católicos o el reiterado paso de las cuentas entre los dedos en el caso de los musulmanes o el girar discos y campanas, flamear banderolas con plegarias escritas de algunos budistas, tiende a un estado de ensoñación donde lo inconsciente toma el comando con sus emociones .
De ese modo los creyentes se alejan de la realidad que puede ser perturbadora o amenazante por su incertidumbre esencial. Los filósofos preguntan buscando respuestas y los científicos experimentan con el mismo fin. Por el primer camino también se apela a lo mágico, lo inexpresable en el lenguaje, lo irracional. Se lo construye como posible fuente de esperanza y consuelo ante la adversidad. Recientemente la máxima autoridad eclesiástica para los católicos advierte contra el hábito mecánico, irracional en el rezo, ya que impide pensar en el sentido y significado profundo de las palabras usadas en la plegaria.
Una búsqueda de racionalidad en la irracionalidad de ciertas creencias, para paradojalmente incrementar la fe en las mismas. Somos duales y a veces contradictorios por naturaleza. Hábitos del tipo repeticiones monótonas, pasan a ser un sin sentido, un vació de contenido, una ignorancia no advertida, una peligrosa estupidez.
Diferente es el diálogo interior de los monjes en los que el silencio o algún sonido en particular los ayudan al pasaje del mundo consciente hasta una disolución en su mundo interior o en el universo. Los “cliches”, las frases hechas, las muletillas, pertenecen cuando abusadas a la misma familia de las repeticiones abusivas y monótonas y para algunos autores muestra de ignorancia y/o estupidez
Toda diversión (cambio de sentido) o manipulación de la atención es siempre potencialmente peligrosa. Debe ser analizada teniendo en cuenta quién la propicia y con qué fines. Divierte en un mago, aterra en un dirigente tipo hombre --fuerte con poder. Preocupa en un periodista o en un divulgador.
El aumento de la velocidad y el volumen de los estímulos / información saturan la atención, llevando a un estado irracional de puras emociones; el polo animal instintivo de los humanos o por el contrario la indiferencia absoluta. De allí saldrán respuestas tipo “no entiendo, no puedo conocer, no sé, me aburre o el familiar no le doy bola”, pero también el fanatismo agresivo e intolerante: “no sé porqué, pero apoyo o me opongo”.
En este juego se habilitan la mentira, el fraude o su variante funesta la hipocresía. Estamos en un punto donde paradojalmente no se puede alegar ignorancia, pues la obscenidad y el cinismo enancados en la incertidumbre inundan de información al mismo tiempo que impiden su análisis cuidadoso. Nos tratan de estúpidos al mismo tiempo que intentan inducir y fomentar esa condición para que no advirtamos el peligroso juego de hacer pasar inadvertido lo esencial.
El famoso esconder un elefante usando una manada de elefantes. Pueden de ese modo anunciar decisiones abusivas, no consensuadas, como por ejemplo aquellas basadas en el absurdo de cuantificar y calcular conductas y valores humanos. Escuchamos la proclama de un líder que dice va a ser dictador al principio, por un breve período. Es amigo de otro que hace de la economía un culto y los indigentes pueden ser una cantidad tolerable en tanto otras variables como el mercado vayan bien.
Mientras tanto las condenas por delitos varios no impiden el ascenso al poder y la persistencia en ese espacio. Tanto los delitos como las argucias de los delincuentes y sus defensores logran a fuer de ser repetidas y conocidas, ser invisibilizadas, convertidas en lo habitual expresado en “siempre fue así o todos lo hacen”
El problema es que la ignorancia puede ser fomentada de diversas formas, creando ideologías extremas que son como el vidrio, un límite invisible a nuestra mirada. Terminamos siendo prisioneros de cárceles sin rejas porque las mismas son las creencias, las certezas con los hábitos que llevamos incorporados.
El pájaro estaba encerrado en su cárcel de creer que lo que miraba era siempre lo que se veía y quizás yo también al ser sorprendido por ver un ave estrellarse en un obstáculo puesto por mí, al que yo tampoco veía. El pobre pájaro y este observador, por suerte aún reflexivo, llevaron a estas disquisiciones. Como suele suceder el disparador fueron las abundantes y evanescentes noticias tales las declaraciones del nuevo presidente de Estados Unidos, la sorpresa de los derrotados y las dificultades para explicarlo por los analistas y observadores. Alguien acusado y condenado en múltiples causas, sin embargo llega a detentar un poder inconmensurable elegido por millones de seres humanos a los que eso parece no importarles ya que se han habituado a su relato desafiante y frecuentemente falaz.
La incertidumbre es angustiante pues el pecador acusa a sus jueces de los mismos pecados. Por casa no andamos mejor. Periodistas que cambian de medio casi en masa, aparentemente auspiciados por productores y dueños de esos medios, se vanaglorian de solo informar anunciando cual compromiso generador de credibilidad y certeza, que los hechos son sagrados. En tanto constantemente relatan, opinan e interpretan mucho más de lo que informan objetivamente.
El riesgo es que al no ser explícitos en su respetable condición de analistas libres, ocultan la subjetividad y el sesgo tras la repetición del enunciado. Vemos sucesos tan graves como la desaparición y comercio de niños que se repiten sin que nada ocurra para esclarecerlos. Luego de un tiempo, cuando alguien sincera el tema, nos enteramos que es habitual……porque se repite desde hacen años.
Vemos también deambulando frente a cámaras a periodistas llamativos por su aspecto más que por lo que informan, que con inquietud se desplazan casi erráticamente denotando ansiedad y portando constantemente un celular en mano o una tableta que por distorsión profesional en algunos casos los creo más como objeto acompañante , quizás parte del atuendo que una herramienta de trabajo. Suman la cucaracha por la que reciben información e instrucciones que pueden motivar giros, cambios temáticos, interrupciones, llamativos anuncios de URGENTE, EXCLUSIVO, al mismo tiempo que dialogan con colaboradores, panelistas, leen el prompter, y ostentan relojes digitales que son útiles para medirles la tensión arterial, la distancia caminada, el pulso, que la hora que conocen por otros medios y a la que no obstante se atienen religiosamente para pasar propaganda; de eso viven. Me preocupa pues es notorio que su atención no puede ser sostenida lo suficiente para poder transmitir, analizar y pensar.
Esa atención se llama dividida y es la más frágil y vulnerable además de breve. Los veo ya presos de su propio juego y entonces en vez de informar cuidadosamente pasan a interpretar, opinar y juzgar con desparpajo y ligereza, “No pasa nada” debe decir el pagador en tanto respeten la pauta y a lo Grondona (el de la AFA) “todo pasa” y si es rápido mejor y más fácil. Me pregunto si en el fondo no es una actuación estratégicamente planeada para que a los espectadores nos suceda lo mismo y no podamos parar, pensar; solo nos cabe sentir fugazmente. No por alardear coincido con otros que reflexionan sobre estos temas.
Son ¿muchos, pocos? Nos sentimos tratados como estúpidos (lo puse en griego) para no insultar. Realmente todos podemos tener algo de estupidez. Tema complejo. Lo que la minimiza y ayuda a no serlo, es la educación, los saberes que llevan tiempo y ocupan espacio, al decir de Bunge con quien coincido. Nos muestran escuelas, aviones, estadísticas, magnates, dirigentes para mirar sin verlos saturando nuestra atención, generando desinterés, base de ignorancias y estupideces. Lo logran interponiendo el vidrio de las creencias y hábitos que falsamente permiten mirar para no ver racionalmente.
A veces, sin saberlo, ayudamos a colocar ese mismo vidrio. Es interesante observar la diferencia entre los periodistas ambulantes por el escenario, frente a los que están sentados y en particular a los de los medios escritos que no vemos pero sabemos lo hacen frente a una computadora, en un escritorio con libros, papeles y elementos para escribir y tiempo para pensar, consultar, dialogar y debatir antes de crear un artículo. Caminar implica fugacidad, rapidez, poco pensamiento profundo.
Estar sentados permite otro tempo y la posibilidad de reflexionar incrementada en aquellos que escriben. M. Wiñazki lo sugiere con sus pensamientos sobre el valor de las sillas. ¿Qué nos pasa a nosotros mismos viendo TV, escuchando radio o leyendo un periódico? La diferencia es notable y muy significativa. Hábitos buenos versus hábitos malos.
Sorbo final con una sonrisa representando esperanza y alegría. El pájaro era un pichón, sobrevivió y pudo pensar, recuperarse y regresar a casa. Espero en su lenguaje haya contado su experiencia y aprendizaje, educando a sus compañeros. Miren, vean y piensen, no se automaticen en el hábito creyente.
Mar del Plata 10 de noviembre 2024
Médico. Licenciado en Psicología
Autor de El niño problema, La era del neuroTodo y La era del neuroTodoII. Ed. Miño & Dávila


Como tantas mañanas, jarrito de café en mano, observo la naturaleza. Lo hago a través de unas enormes aberturas cuyo vidrio impecable desaparece como límite. Así me siento placenteramente inmerso en ese universo lleno de vida. Sol, viento, nubes que pasan, flores que se abren, ramas que ondulan. 