Aparece mi lado científico que mezcla ingeniería y biología. Pequeño tamaño pero cerebro suficiente para regular y coordinar la rapidez del aleteo, la posición de partes de sus alas, el frenético latir del corazón, el metabolismo que lo posibilita y las múltiples decisiones para sobrevivir y mantener su especie. Sonrío, soy feliz por estar viendo y pensando esto.
Aparece el narciso humano y en modo canchero pienso: eso es nada comparado a nuestro cerebro que por ejemplo pudo estudiar a este pajarillo y crear maquinas voladoras que pueden hacer lo mismo y más. En mi pantalla interior aparecen las alas de los aviones modernos y el helicóptero que puede permanecer quieto en el aire y moverse casi en cualquier dirección y posición.
Otro sorbo y el narciso se modera al revisar imágenes de helicópteros que en modo picaflor rescatan, llegan a lugares inaccesibles, transportan ayuda, pero también combaten y dejan caer esos racimos de tropas de asalto. Me quedo pensando que siempre hay más de una posibilidad y que el resultado puede ser una maravilla beneficiosa o una maravilla mortífera, o ambas cosas a la vez.
Lo impredecible, el cisne negro y en un salto la IA, el Big Data y los algoritmos que permiten pasar de incierto a previsible, pero también de falso a verdadero o de imaginado a real sin que a veces podamos percibir la diferencia. Es un problema pues socializamos, existimos, apoyados en lo real, lo tangible, lo verificable que permite coincidencias y consensos; también discrepancias que arrojen luz. Lo contrario es la incertidumbre, el miedo y el caos. Dejo el modo canchero y paso alfascinado. Sonrío recordando un tirón de orejas propinado por M. Bunge, cuando como joven profesional amante de las neurociencias, le expresé mi fascinación por la neuropsicología. “No diga fascinación” me dijo cual latigazo.
Me dejó atragantado el café que compartíamos. Sentí que me caían encima los nueve tomos de su tratado de filosofía y mi libro amado de su autoría “El problema mente cerebro”, que realmente me había fascinado. Los años no pasan en vano, así que cada vez lo respeté más por su sabiduría y menos por su personalidad. En realidad los dos teníamos razón, uno estando fascinado y el otro horrorizado por ver esa postura. Hoy gracias al fácil acceso a la información consulté (gugleaste dirían mis nietos) un diccionario en busca del significado de fascinación; mi sonrisa y mi ego crecieron: “Engaño alucinación”, pero también “atracción irresistible” se deslizaron por la pantalla. Yo la usaba para expresar lo que su libro y el tema me provocaban, él como buen filósofo cuidadoso de las palabras, se horrorizaba ante la posibilidad que alguien fuera engañado por sus ideas o llevado a alucinar irreflexivamente. Primó su personalidad, su amor docente y me sacudió como advertencia para que en el futuro pensando fuera entusiasta, curioso, apasionado a la vez que crítico y no me dejara seducir de forma irresistible, pues el engaño está al acecho siempre.
Interesante tren de ideas: jardín, vida, naturaleza, colibrí, helicóptero y pasando a primer plano las nuevas tecnologías que hoy en forma inmediata permiten en general despejar dudas; el diccionario lo fue en este caso. Ellas permiten independientemente asomarnos a eso que llamamos realidad, actualidad. En el fondo, todo creo fue gatillado por los acontecimientos de las últimas semanas.
Una presunta estafa con cripto-monedas puso al gobierno bajo observación; una viajera inexplicable agrega al manto de sospechas. Una catástrofe de proporciones gigantescas interpela a los argentinos en general por no prepararse para lo previsible e inevitable: la inundación de Bahía Blanca. No se puede evitar la lluvia ni determinar su magnitud con mucha anticipación, menos ahora con el cambio climático, pero sí se pueden crear las condiciones para que la lluvia dentro de ciertos valores, aun los históricamente extremos, sea adecuadamente canalizada, absorbida y la población alertada por el ahora posible pronóstico a corto y mediano plazo.
De esa forma podría haber sido ubicada, rescatada, ayudada pronta y eficazmente, sin tener que depender de la solidaridad espontánea de la sociedad cuando la catástrofe ya está en curso.
Más aun el asentamiento urbanísticamente debería haber sido guiado en el crecimiento y desarrollo de esa ciudad. Existen para ello organismos, instituciones y experiencia como para hacerlo eficientemente sin dramatismo agregado. Tropezadores seriales, desatentos crónicos, reiterados inventores de la pólvora, amnésicos selectivos parece ser nuestra esencia. Sobre esta actualidad hacen 24 horas se desarrolla una manifestación anunciada y previsible en su desarrollo, pues los organizadores habituales fueron capturados y sobrepasados por grupos con intereses y actitudes absolutamente diferentes de los justos reclamos de los jubilados.
Terminó en un caótico despliegue de violencia con daños irreparables como son una posible muerte y heridos, sumados a los reparables como destrucción, vandalismo, brutalidad, no por ello menos graves. Se ignora el impacto en la salud mental de toda la sociedad y en particular de los más vulnerables: niños, ancianos, enfermos, y ciudadanos del común que se sienten impotentes ante lo que viven como un tsunami; muchos como la fatalidad. Ambos lados en pugna comparten la responsabilidad que niegan con argumentos falaces y por momentos de una irracionalidad infantil. Salen índices acusadores en ambas direcciones y en el imperio del cinismo, la hipocresía, como en realidad todos son culpables se termina en que nadie es culpable.
La realidad, la verdad, se desvanece y el caos, la falsa incertidumbre prevalecen. No la vieron venir o sí la vieron venir. A todo esto los jubilados no estuvieron presentes en el momento de mayor violencia reemplazados por reconocidos personajes ejecutores de violencia por encargo. El reducto/institución donde se reúnen nuestros representantes, sujetos supuestamente racionales e inteligentes creadores de las leyes por las cuales debemos regirnos, mostró igual torpeza, caos e incluso violencia.
Reflexionando creo encontrar un hilo conductor a todo esto: la pérdida de credibilidad, por ende de autoridad de aquellos que forman parte de las instituciones merced al poder delegado por los habitantes, no siempre ciudadanos. Nos debemos manejar por reglas de convivencia en base al consenso plasmado en leyes con un marco ético y moral tendiente al bien común. Eso se ha perdido hace ya largo tiempo. Respeto y autoridad se basan en la coherencia entre lo que se piensa, se dice y se hace; eso que nos hace previsibles con la consecuente aparición de la confianza.
El papel moneda por ejemplo es un notable acto de confianza y respeto ya que en sí mismo no tiene más valor que lo que representa, el respaldo honrado de una nación y sus autoridades. Sorprendentemente los líderes que pregonan admiración por las nuevas tecnologías y las impulsan, no advierten que si bien horizontalizan y democratizan el acceso a la información y el conocimiento, pueden ser usadas tanto para educar como para manipular según intereses y deseos de sus controladores: los pagadores, los propietarios, el poder real muchas veces oculto. De eso no se habla o peor aún no se permite hablar.
El lado bueno de las posibilidades que ellas brindan, el más visible, es que permiten informarse, conocer, aprender y saber con cierta independencia y más allá de los límites físicos y temporales de nuestro entorno inmediato impuesto por la condición humana. Maravillosamente esta puede ampliarlo, transgredirlo o limitarlo. Las decisiones de ese modo pueden tomarse en base a una visión personal del entorno y las circunstancias próximas o lejanas.
El requisito es poseer una mente rica y bien aceitada. Pensar no es otra cosa que mover y desplazar ideas según reglas de orden, sentido y en base a las certezas posibles. ¡Cuidado con los proveedores de certezas! Allí está la clave de lo que puede estar en el futuro lleno de paradojas. La posesión generalizada de un celular puede ser la “jaula individual” como dice Roger Bartra en su libro
Cerebro y Libertad, pero también puede ser un arma temible que convierte por sus registros a cada persona en libre e irrefutable testigo. El poder está amenazado y reacciona. Los periodistas ahora lo han visto disminuir; ya no están solos en ese rol al que aludían considerándolo el cuarto poder. Los pone en evidencia viéndolos correr por las calles tras los hechos que simultáneamente cientos de personas han capturado y viralizado; a veces desmintiéndolos con la consecuente pérdida de credibilidad.
Surge la incertidumbre, la desconfianza y sus consecuencias, angustia, miedo, irritabilidad, irracionalidad y agresión. Se construye un enorme espejo donde todo se reproduce e iguala. Esto no solo compromete a los periodistas sino a todo el poder entendido como la capacidad de hacer, ejecutar.
Obviamente líderes, políticos, gobernantes, empresarios en primer lugar. La población peca por difundir; es el vehículo más que el origen. El común de las personas no son inmunes. Fomentar la ignorancia equivale a estupidizar (ya he escrito sobre ello). Se lo podría lograr prohibiendo los celulares portadores de registros y llaves de acceso a la información o más sutilmente desacreditar todo denominándolo fake news; también produciéndolas ya que adicionalmente crean caos por no poder distinguirlas. Actúan como en una reacción nuclear o viral al propagarse y ser fake, de fake, de fake….
Por otra parte las pantallas son puerta de acceso involuntario de información individual, pasto para Big Data que acumula y vende.
Vimos el alunizaje y nadie presto mucha atención a lo que significaba comunicacionalmente ser testigos en tiempo real de un hecho antes considerado imposible de realizarse y conocerlo universalmente. La Guerra del Golfo fue el mismo fenómeno. El sufrimiento de pueblos aparece constantemente en pantalla y podemos apreciar como la tecnología despersonaliza y terceriza la muerte y la desctrucción viendo el impacto de un misil o un dron lanzado y/o programado a distancia. Hoy vemos que los inundados se quejan y descreen del gobierno en general y aparecen videos de un ministro proclamando obras que luego no se concretan y de allí las consecuencias.
Seudojubilados expertos en violencia que son registrados portando martillos para romper baldosas, gas pimienta, elementos incendiarios, armas y un estado físico envidiable lejos de los usuarios del PAMI.
Legisladores no legislando sino peleando entre sí aún dentro de su mismo partido, Una ministra asevera que los manifestantes estaban armados y dispuestos a matar y al mismo tiempo alguien registra en un video que un representante de las fuerzas de seguridad arroja un arma que dejan abandonada disimuladamente, otro le pega y deja inconsciente a una verdadera anciana jubilada y un tercero arroja un proyectil de gas que lesiona gravemente a un fotógrafo.
El Gobierno de la Ciudad retira contenedores pero deja algunos al igual que un patrullero sin custodia que son incendiados y se pregona el costo. Todos pierden credibilidad ante evidencias que se difunden rápida y masivamente. Nadie puede alegar desconocimiento ni inocencia. El grave problema es que la credibilidad y la autoridad están en juego y puestas en duda. Al viejo “nada es verdad ni mentira” sucede hoy “todo puede ser verdad o/y mentira” no solo por el cristal con que se mira, sino por quien lo provee y determina su uso.
La violencia de arriba genera la de abajo ahora queda demostrado que la flecha va en ambos sentidos. Los pocos buenos periodistas de investigación ahora pueden documentar bastante gracias al hábito de las selfies, las fotos de celular, con que se alardea de amistad vínculos y negocios y los X puestos en redes. Suelen quejarse que oficialmente raramente responden a sus requerimientos de información y el “off the record” es un terreno resbaloso, costoso en tiempo, paciencia, sagacidad y recursos económicos. Aparecen caos, desconcierto, irracionalidad porque antes las mentiras podían pasar como certezas merced al ocultamiento.
Hoy es casi imposible. La advertencia acerca de que todo lo que diga puede ser usado en su contra es de valor escaso porque lo importante fue dicho en la red y su destino es incontrolable. Para un encriptado hay un hacker que lo crea y lo decodifica. Las dos bibliotecas de los abogados cobran valor por el Big Data que deja tela para cortar a gusto. Los carpetazos, los archivos están disponibles para ser creados, adulterados y utilizados en forma variable.
Surge la importancia de los servicios secretos pues parte del reservorio cada vez más grande de información llamada sensible está en sus manos. De allí su poder y el esmero en su financiación y control. Una contradicción o paradoja es puesta en evidencia cuando aún las más altas autoridades se lamentan de no tener privacidad cuando al mismo tiempo vuelcan en las redes toda su vida tanto privada como oficial. No se diferencian mucho de la farándula y sus programas carentes de seriedad. A veces aducen inocencia o un desliz técnico cuando equivocan o no el teclado y aparece una opinión de peso por el cargo de quien la vierte, que en ningún caso debería haber sido difundida de ese modo.
Aparece la abuela “si no lo veo no lo creo”, y como decía Sandrini “La vieja ve los colores”. Honestidad, moral, ética, veracidad, responsabilidad son carencias que abundan. Se las disimula con autenticidad, determinación, coraje, patriotismos y simbolismos varios que en el fondo son ficciones, representaciones con variable ajuste a la realidad que utiliza un lenguaje degradado en racionalidad e inundado de violencia pregonada como virtud.
Tener hormonas masculinas parece ser la virtud suprema independientemente de quien las posea incluido el sexo. Una paradoja más entre feministas, wokes y leones guiados desde el cielo. Se habla de cirugía como recurso inevitable cuando no debería serlo. Además se crea una metáfora insoportable para los verdaderos médicos cirujanos, cuando displicentemente se habla de “sin anestesia, hasta el hueso y con una motosierra”. Claro, el dolor lo sentirán los otros, que además serán amputados sin razón alguna pues no se les informó, no se les permitió elegir y además se los considera portadores responsables de la enfermedad. La ética médica parte de la compasión, la sensibilidad y el afán de ayudar a las víctimas de cualquier padecimiento ya que precisamente padecer significa sufrir por algo impuesto sobre nosotros.
El verdadero culpable es el que debe ser identificado; la enfermedad y no solo el síntoma. La vacuna es un buen ejemplo del camino a seguir. La educación generadora de un pensamiento rico es la vacuna contra la estupidez ignorante. Escasea por estos y muchos otros lados. Atrasamos tanto que ni siquiera cumplimos con Sarmiento y nos damos el lujo de “achicar las Universidades, el CONICET y la escuela pública” Permitimos que Houssay, Favaloro, Carrea, Lanari, Mainetti, Milstein y muchos otros quienes colocaran a nuestra ciencia médica en un lugar de avanzada, sean ignorados y reemplazados por sanitaristas vendedores de vacunas, fármacos e insumos junto a otros productos varios, y ahora se crea que la salud, incluyendo la vida y los cuerpos, pasen a ser parte del mercado en que todo se transa.
Ya vimos lo que sucedió en la pandemia con las Obras Sociales y la Prepagas que minimizaron sus pérdidas e incrementaron sus ganancias eludiendo compromisos y responsabilidades volcadas al Estado con el que se amparan y transan. De no hacerlo algunas son inviables. Las exitosas son empresas con fines de lucro lejos del servicio para la humanidad. Patentes, costos y beneficios, “targets” son aportados por los economistas. Otro error reiterado es confundir ineficiencia con inutilidad.
Entonces se destruye en vez de mejorar. Somos inauguradores pero no mantenedores. Aparece siempre la abuela: “vuelta la burra al trigo” ¿No aprendimos nada y nunca? ¿No nos enseñaron bien, o cerraron las escuelas?
¿No vemos que la pobreza lleva a la desnutrición y la ignorancia, que con el tiempo pasan a ser estructurales? Un cambio económico de por sí y aisladamente no garantiza el futuro que estará lleno de sangre sudor y lágrimas. No lo empeoren con un cirujano blandiendo una motosierra e insultando tanto a los pacientes como a sus colegas. Pensar seriamente que la incoherencia, cuando real puede ser una patología a ser tratada, curada, contenida, no aniquilada pues a veces, aunque no frecuentemente, esconde una verdad desconocida pasible de ser descubierta y aprovechada; tal vez otra patología.
Mar del Plata 15 de marzo de 2025
Médico. Licenciado en Psicología
Autor de El niño problema, La era del neuroTodo y La era del neuroTodo II
Ed. Miño & Dávila


Una mañana más frente al jardín no es poca cosa. Significa permanencia en ese vínculo con la naturaleza. Lo mantengo vivo y me mantiene vivo en un sentido más amplio que el de la biología. Aparece el gato negro. Me mira displicente y hace gala de sus habilidades saltando ramas, medianeras y techos. 