Durante años, la percepción social alrededor de la marihuana cambió radicalmente.
De una sustancia asociada a la ilegalidad y al riesgo pasó, en muchos sectores, a ser considerada algo natural, recreativo y relativamente inofensivo.
La discusión sobre el cannabis en la Argentina también cambió: avanzó su utilización medicinal, se desarrolló una industria alrededor de la planta y diferentes países comenzaron a flexibilizar las restricciones sobre su consumo.
Pero mientras la percepción del riesgo disminuyó, la ciencia empezó a mirar con cada vez mayor atención un grupo específico: los adolescentes y adultos jóvenes que consumen marihuana cuando el cerebro todavía está atravesando etapas decisivas de desarrollo.
La cuestión adquiere todavía mayor relevancia en medio de una crisis de salud mental que golpea especialmente a los jóvenes, con niveles crecientes de ansiedad, angustia y dificultades cognitivas.
Y algunos de los datos que aparecen en los estudios son difíciles de ignorar.
Marihuana y jóvenes: qué pasa en el cerebro antes de los 25 años
El principal responsable de los efectos psicoactivos de la marihuana es el THC —delta-9-tetrahidrocannabinol—, que actúa sobre el sistema endocannabinoide del organismo.
Ese sistema participa en la regulación de funciones como el estado de ánimo, el sueño, el apetito, la memoria y determinados procesos cognitivos.
Por eso, después de consumir cannabis pueden aparecer sensaciones de euforia y relajación, pero también alteraciones en la percepción del tiempo, disminución de la coordinación, cambios en la memoria inmediata y dificultades para mantener la atención.
El problema adquiere otra dimensión durante la adolescencia.
Los CDC de Estados Unidos advierten que el cerebro continúa desarrollándose aproximadamente hasta los 25 años y que el consumo de cannabis durante la adolescencia y los primeros años de la adultez puede afectar particularmente funciones relacionadas con la memoria, el aprendizaje, la atención y la toma de decisiones.
No significa que el cerebro se encuentre incompleto hasta cumplir exactamente 25 años. La maduración cerebral es un proceso gradual y diferente en cada persona.
Pero sí existe un consenso mucho mayor alrededor de una conclusión: la exposición temprana y frecuente al THC genera más preocupación que un consumo iniciado en edades posteriores.
La discusión comparte puntos con otras problemáticas vinculadas al deterioro de la concentración. El Economista ya analizó, por ejemplo, cómo TikTok y los videos cortos están modificando los patrones de atención de los jóvenes y el impacto de la adicción a las pantallas sobre la ansiedad, la atención y la salud mental.
El dato que encendió las alarmas: 8 puntos menos de coeficiente intelectual
Uno de los trabajos más citados sobre cannabis y deterioro cognitivo siguió durante décadas a más de 1.000 personas nacidas en Nueva Zelanda.
Los investigadores evaluaron su funcionamiento neuropsicológico cuando eran niños —antes del consumo de cannabis— y volvieron a estudiarlos durante la adultez.
La conclusión llamó poderosamente la atención.
Entre las personas que habían desarrollado dependencia persistente al cannabis desde la adolescencia, el grupo de mayor exposición registró una caída aproximada de 8 puntos en el coeficiente intelectual.
El deterioro fue mayor entre quienes habían comenzado a consumir durante la adolescencia que entre quienes lo hicieron siendo adultos. Y, en ese grupo de consumidores persistentes con inicio temprano, abandonar posteriormente el consumo no estuvo acompañado por una recuperación completa del funcionamiento neuropsicológico.
Este punto es importante: el estudio no demuestra que cualquier joven que fuma marihuana vaya a perder automáticamente ocho puntos de CI.
El dato corresponde a consumidores persistentes y con dependencia iniciada durante la adolescencia.
Una revisión más reciente de estudios longitudinales encontró, a su vez, evidencia consistente de una asociación entre una mayor duración o frecuencia del consumo y un peor desempeño en determinadas áreas cognitivas, aunque todavía existen interrogantes sobre cuánto corresponde directamente al cannabis y cuánto puede explicarse por variables sociales, familiares, genéticas o educativas.
Aun con esas precauciones, el hallazgo volvió a poner una pregunta incómoda sobre la mesa: ¿qué puede ocurrir cuando el cannabis se incorpora de manera habitual mientras el cerebro todavía se está desarrollando?
Memoria, aprendizaje y atención: los otros efectos bajo la lupa
El coeficiente intelectual es apenas una de las variables estudiadas.
Distintas investigaciones mencionan dificultades en la memoria de trabajo, el aprendizaje, la atención sostenida, la capacidad de planificación y determinadas funciones ejecutivas, especialmente cuando existe consumo frecuente.
Los CDC señalan que el consumo reciente de cannabis puede tener un impacto inmediato sobre el pensamiento, la atención, la memoria, la coordinación y la percepción del tiempo.
La cuestión forma parte de una preocupación más amplia sobre las nuevas adicciones y los hábitos de los adolescentes. En El Economista ya se advirtió sobre la necesidad de prevenir las nuevas formas de adicción entre los más jóvenes, desde las drogas hasta las apuestas y las conductas digitales compulsivas.
En el caso de la marihuana, además, importan tres variables centrales: a qué edad empieza el consumo, con qué frecuencia se produce y qué concentración de THC tiene el producto utilizado.
Marihuana, psicosis y esquizofrenia: qué dice la ciencia. El otro gran interrogante aparece en la salud mental.
Existe evidencia científica que encuentra una asociación entre el consumo de cannabis y una mayor probabilidad de experimentar cuadros psicóticos, particularmente cuando el uso es frecuente y se consumen variedades con elevada concentración de THC.
Uno de los estudios más relevantes fue publicado en The Lancet Psychiatry por la red europea EU-GEI.
Los investigadores analizaron 901 pacientes que habían sufrido un primer episodio psicótico y los compararon con más de 1.200 personas de la población general.
El resultado fue contundente: el consumo diario de cannabis estuvo asociado con 3,2 veces más probabilidades de presentar un trastorno psicótico que entre quienes nunca habían consumido.
Cuando se combinaban dos factores —consumo diario y marihuana de alta potencia—, la asociación llegaba a 4,8 veces.
Eso tampoco significa que fumar cannabis provoque necesariamente esquizofrenia.
La genética, los antecedentes personales, el entorno y otros factores también intervienen.
Pero la relación preocupa especialmente entre personas que ya presentan vulnerabilidad a desarrollar cuadros psicóticos.
Una amplia revisión científica sobre productos con altas concentraciones de THC publicada recientemente encontró que la evidencia disponible muestra asociaciones desfavorables especialmente consistentes respecto de psicosis, esquizofrenia y trastorno por consumo de cannabis.
"Puede detonar ansiedad, depresión o brotes psicóticos"
Eduardo Barreiro, docente de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA, explica que el riesgo adquiere características particulares durante la juventud.
"Cuando el cannabis tiene predominancia de THC, produce efectos en nuestro neurocomputador, que es el cerebro. Recordemos que el cerebro de un joven menor de 25 años no tiene su defensa biológica completamente desarrollada", señala.
Y agrega: "A partir de ahí, puede generar afecciones en la memoria y en el aprendizaje a corto plazo, detonar ansiedad y depresión, y provocar brotes psicóticos o esquizofrenia. Esto puede ocurrir en jóvenes y en personas que tienen una predisposición genética".
Un artículo de divulgación publicado por EnFoco, de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA, también puso recientemente el foco sobre los déficits cognitivos y la posibilidad de episodios psicóticos en personas predispuestas.
El fenómeno aparece en un escenario en el que la salud mental juvenil ya está bajo presión por múltiples factores, algo que también se observa en el crecimiento de la preocupación por el estrés, la ansiedad y el deterioro del bienestar emocional.
Argentina: a qué edad se empieza a consumir marihuana. El fenómeno está lejos de ser marginal en la Argentina.
Según la Encuesta Nacional sobre Consumos y Prácticas de Cuidado, realizada por Sedronar e Indec, el 27,5% de la población relevada declaró haber consumido marihuana alguna vez y la edad promedio de inicio se ubicó alrededor de los 19 años.
La encuesta oficial forma parte de los principales relevamientos disponibles para conocer cómo evolucionan los consumos de sustancias psicoactivas en el país.
La reducción de la percepción del riesgo aparece como uno de los factores que puede contribuir a que el inicio ocurra cada vez más temprano.
Al mismo tiempo, en el mundo avanzó un proceso de legalización o despenalización del consumo recreativo. Alemania, por ejemplo, legalizó en 2024 determinadas formas de posesión y consumo de marihuana, en medio de un debate justamente centrado en cómo reducir los daños entre los más jóvenes.
En Estados Unidos, el cambio regulatorio alrededor del cannabis también fue acelerándose y volvió a poner en discusión la separación entre sus usos medicinales, industriales y recreativos. El Economista analizó recientemente el giro de la política estadounidense alrededor del cannabis.
THC y CBD: por qué no toda la marihuana es igual
Otro aspecto central es que hablar de "marihuana" como si todos los productos fueran iguales puede resultar engañoso.
La planta contiene numerosos compuestos. Los dos más conocidos son THC y CBD.
El THC es el principal responsable del efecto psicoactivo. El CBD, en cambio, no produce el mismo "viaje" y tiene aplicaciones terapéuticas investigadas para determinadas patologías.
La proporción entre ambos componentes cambia considerablemente según el producto.
Y esto importa porque una mayor concentración de THC puede significar también una mayor intensidad de los efectos y un mayor riesgo de reacciones adversas.
La evolución de la industria fue precisamente uno de los ejes del debate argentino sobre cannabis medicinal y cáñamo y de la creación de iniciativas científico-productivas como Cannabis Conicet.
Cannabis medicinal: por qué no es lo mismo que el consumo recreativo
El cannabis medicinal merece un capítulo completamente separado.
Argentina cuenta con un marco regulatorio específico a partir de la Ley 27.350, que regula la investigación médica y científica del uso medicinal, terapéutico y paliativo del cannabis y sus derivados.
El país avanzó posteriormente con un marco para desarrollar la industria del cannabis medicinal y el cáñamo industrial, un sector sobre el que también se plantearon importantes expectativas productivas y científicas.
El Ministerio de Salud establece que los pacientes con indicación médica pueden acceder a derivados de cannabis mediante especialidades medicinales, formulaciones magistrales autorizadas o los mecanismos contemplados por el REPROCANN.
Por eso, consumir marihuana de manera recreativa no equivale a recibir un tratamiento médico con cannabis.
En medicina existe una indicación determinada, una dosificación, una formulación específica y seguimiento profesional.
El objetivo tampoco es producir efectos psicoactivos, sino tratar síntomas o patologías bajo criterios médicos.
El punto más importante: la edad y la frecuencia importan
La discusión sobre el cannabis suele quedar atrapada entre dos posiciones extremas: presentarlo como una sustancia completamente inocua o tratar cualquier consumo como si tuviera inevitablemente consecuencias devastadoras.
La evidencia científica ofrece una imagen bastante más compleja.
No todas las personas que consumen marihuana desarrollarán deterioro cognitivo, dependencia o trastornos psiquiátricos.
Pero tampoco es correcto afirmar que el cannabis es inocuo, especialmente cuando se trata de adolescentes, consumo frecuente o productos con alta concentración de THC.
Los factores que más se repiten en los estudios son claros: cuanto más temprano comienza el consumo, cuanto mayor es la frecuencia y cuanto más potente es el producto, mayor es la preocupación.
Y allí aparece el dato que convirtió al tema en un debate mundial: entre consumidores persistentes cuya dependencia comenzó durante la adolescencia, un estudio longitudinal registró una pérdida promedio de hasta 8 puntos de coeficiente intelectual.
No es una sentencia para cada persona que consume.
Pero sí es una señal que la ciencia considera demasiado importante como para ignorarla.
Fuente: https://eleconomista.com.ar/actualidad/que-le-hace-marihuana-cerebro-jovenes-dato-8-puntos-encendio-alarmas-n97801


