Lunes, 17 Agosto 2020 21:00

No soy neutral – Por Oscar Aguad

 

No soy neutral, escribo desde la experiencia, convencido de la necesidad de cambiar el rumbo del país. La construcción de Cambiemos tenía y seguirá teniendo esa intención; torcimos el rumbo, pero aún no logramos consolidarlo.

 

Siempre pensé que un programa de gobierno bien articulado y un shock de confianza para llevarlo adelante era todo lo que necesitábamos para volver a la senda que habíamos traspapelado.

Aprendí que con eso solo no basta (Macri fue el presidente, desde la recuperación democrática, que más certeza les dio a los mercados sobre el rumbo a seguir) y que la confianza muere en la esquina de la incertidumbre si no hay un horizonte sobre lo que viene; por eso las elecciones primarias de agosto del 2019 fueron determinantes para que los mercados, convencidos que venía un cambio, dejaran de apoyar el proceso.

Obviamente el plus que necesitamos y sobre el que hay que trabajar sin rendirse, es en la construcción de una fuerza política más amplia, con un componente de poder político suficiente para llevar adelante, en el menor tiempo posible, las transformaciones necesarias y que, además, esas políticas de transformación, tengan continuidad en el tiempo.

Este debe ser nuestro principal desafío, teniendo en cuenta que habitamos un país con una buena cantidad provincias cuyos habitantes son clientes (esas provincias otorgan mayorías parlamentarias; fundamentalmente en el Senado) y que además existe un territorio concentrado, donde vive casi el 40% de argentinos, con similares características que, por su volumen, deciden la elección nacional.

Los apoyos de los mercados, que se recibieron durante la gestión de Cambiemos, estaban centrados, no solo en la confianza que despertaba Macri, sino en el rumbo que orientaba su gestión y en los logros conseguidos en esos cuatro años de gobierno; logros que muchos no quieren ver, seguramente los atropelló la historia y la ansiedad por consolidar lo que se estaba haciendo. El tiempo no fue perdido y hay una semilla que esta germinando.

Veamos como mejoró la herencia recibida en cuestiones institucionales: funcionó sin dobleces el sistema democrático, se revalorizaron instituciones que habían quedado archivadas (se modernizó todo el aparato estatal, se cumplió con la ley de acceso a la información pública, los procesos estatales, incluidas las compras y las licitaciones públicas de cualquier categoría se digitalizaron permitiéndose el acceso público a los pliegos y a todos los resultados a través de la informatización de los expedientes y procesos administrativos) el Congreso funcionó sin interferencias y el JGM no falto nunca a cumplir con su obligación mensual de dar a conocer la marcha de la administración; la justicia funcionó de manera independiente; se garantizó plenamente la libertad individual y colectiva del conjunto social, al igual que la libertad de prensa y de pensamiento. No hubo persecuciones ni se hicieron uso de herramientas de excepción. Se garantizo el pleno funcionamiento de las leyes electorales existentes (jamás se pensó en adaptarlas a la conveniencia circunstancial del oficialismo). Se garantizó la seguridad de los ciudadanos y se libró una lucha sin cuartel contra el crimen organizado.

En cuestiones económicas estructurales se pasó del déficit al superávit comercial (u$s 16.000 millones en 2019) se bajó casi 5 puntos el déficit primario; disminuyó 4 puntos la presión impositiva, se redujo en 4 puntos el gasto público (hay que tener en cuenta que los gobiernos Kirchneristas en sus gestiones lo duplicaron, pasaron del 22,1% en el 2003 al 41,1% en el 2015) 0% de crecimiento de la base monetaria con un bajo nivel de monetización; se ajustó el tipo de cambio, el BCRA quedo con un buen nivel de reservas; se resolvió el atraso tarifario; 4 años consecutivos de aumento de las exportaciones y se marchaba en dirección de recuperar el autoabastecimiento de gas y petróleo que tantas divisas le costaron al país (entre 10 y 15 mil millones por año) además, volvimos al mundo, ejecutando una política exterior que priorizó los intereses permanente del país. También, se comenzaron obras de infraestructura destinada a bajar los costos de producción (rutas, puertos, ferrocarriles, energía alternativa) y se mejoró sustancialmente el transporte de energía eléctrica.

Los entendidos, esos que ahora están alarmados, dijeron que era poco para cuatro años; falso, esos entendidos, que seguramente creen en la magia, nunca visualizaron el contexto en el que se cristalizaron esos logros macroeconómicos, veamos: en el 2015 el país estaba aislado del contexto internacional, su sistema democrático lucia endeble y el sistema federal sufría las consecuencias del régimen, que sometía económicamente a quienes no se alineaban al gobierno central.

El país estaba en situación de ingobernabilidad (default, cepo, el BCRA quebrado y sin reservas, importante atraso cambiario, déficit primario infinanciable -el más alto en 30 años- gasto público por encima del 40% del producto, un faltante anual, crónico, de unos 20 mil millones de dólares que hace años produce las consecuencias que nos atormentan -deuda, inflación, déficit gemelos, emisión descontrolada, presión impositiva asfixiante, sistema previsional desfinanciado, sin moneda de ahorro, inversión por debajo del 20% del producto- importadores netos de energía, todas las provincias con déficit, aislados del mundo, importadores de trabajo con ciencia y tecnología incorporada muy por encima de la cantidad y calidad del trabajo que vendemos con nuestras exportaciones, socios de Venezuela e Irán..) el gobierno carecía de mayorías en ambas cámara del congreso, el 80% de los gobernadores eran opositores y además había que ganar las elecciones de medio turno para evitar la experiencia de acoso que sufrieron gobiernos democráticos no peronistas; a esta situación hay que agregarle que en marzo de 2018 se cayó el financiamiento externo y nuestro campo padeció la peor sequía que se recuerde, con una pérdida de unos 10 mil millones de dólares. Comparado al 2015, el 2019 tenía un escenario macro muy mejorado, con el sistema democrático y republicano funcionando sin máculas y el país en condiciones de seguir profundizando los cambios.

Para ello, era necesario continuar el rumbo, gobernara quien gobernara, y seguir corrigiendo los desajustes estructurales de vieja data para que los mercados ratificaran su confianza en el país, en el camino de lograr, algún día, producir, al menos, lo que consumimos.

Desgraciadamente esto no sucedió; vino la pandemia y la caída de la actividad será de una magnitud inimaginable; por lo que se visualiza se dilata innecesariamente el arreglo de la deuda y el modo de plantear la cuestión, sin un plan económico que genere confianza y previsibilidad. Esto repercutirá a futuro sobre la confianza.

Tampoco es neutro para el costo argentino, la emisión descontrolada, la vuelta al subsidio de las tarifas, que confirman los peores pronósticos de los mercados: el país cambio de rumbo y está de vuelta un estatismo exacerbado, con aumento del gasto público, cuya financiación recaerá sobre las espaldas de los que consumen, producen o se dedican al comercio o la venta de servicios.

Es evidente que el populismo criollo no termina de comprender la dinámica de la economía moderna y sigue sin entender cuáles son las verdaderas causas del atraso y la pobreza. Esto significa que le seguiremos dando ventajas y oportunidades a nuestros competidores en la palestra mundial. Este tiempo que será perdido, no se recupera

Estamos transitando un camino sin salida. Hace 70 años que tropezamos con esta misma piedra. Hemos sido gobernados por dirigentes que desmerecen el valor de la iniciativa privada. No hay, en el mundo moderno, ningún ejemplo de economías que se muestren eficientes sin el aporte de la inversión privada. Por eso, hasta los países de economía planificada se volvieron capitalistas, aunque sigan teniendo regímenes autoritarios. Solo hay que saber que atraer inversiones de riesgo, para corregir nuestro déficit productivo, es un arte y una ciencia y que en el escenario mundial donde hay más de 170 países tratando de hacer los mismo que nosotros, no vende el que quiere sino el que puede.

Reconozco también como muy positivo y alentador para el futuro del país, la llegada de “Juntos por el Cambio” al escenario político argentino. Esta expresión política, superadora, en poco tiempo se ha convertido en una alternativa muy competitiva que, si se consolida, puede representar un aire fresco y necesario y un espacio que verifique la adhesión de amplios sectores que no se sentían representados políticamente.

La realidad también nos indica que los procesos de cambios profundos, esos que vencen el estatus-quo, necesitan tiempo para madurar y que no basta con un turno de gobierno para despejar tantas divergencias. Nadie invierte si su inversión tiene más riesgo que afrontar que los beneficio por venir.

Oscar Aguad
Ex Ministro de Defensa de la Nación

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