No hace mucho y no tan lejos, algunos diarios argentinos publicaron que en Alemania había más pobres que en Argentina, que en el país se podía comer por seis pesos diarios, y reflejaron unas cifras sobre desempleo y pobreza, a todas luces falsas o o fraguadas, sin que al kirchnerismo se le moviera un pelo y sin que el gobierno de entonces buscara la “detección, verificación y desarticulación de noticias maliciosas”. Al kirchnerismo le importa nada las fake news.
El “Nodio” pretende atacar lo que llama el “discurso del odio”. A ver adonde meten al jefe Gabinete, Santiago Cafiero, que dijo que quienes participaron el lunes del banderazo contra el gobierno “no son la gente, no son el pueblo”.
La censura K afirma que las noticias maliciosas, “promueven la polarización social”. Es el 40 % de pobreza y los doce millones de desocupados lo que polariza a la sociedad, no que los medios publiquen esas cifras. Lo que pretende vigilar y desarticular el “Nodio” es la opinión y no la noticia.
Desde hace diecisiete años el kirchnerismo hace una simplificación maliciosa y perversa de los medios de comunicación: los que no son K, mienten. Así fue como igualó con alevosía opinión e información.
No son las noticias lo que quiere regular la censura K: es lo que se piensa sobre las noticias. No es la información diaria el objetivo del flamante ateneo estatal: lo que persigue es la antigua aspiración totalitaria del pensamiento único, generador de grandes odios y desastres en el mundo. Amanece una época oscura para la libertad de expresión. Estamos todos avisados.
Alberto Amato



