Jueves, 05 Noviembre 2020 13:30

De la carta a la corte - Por Luis Tonelli

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En la Argentina siempre señalamos hechos de los que decimos que “hay un antes y un después” de ellos. El problema es que a las pocas horas sucede otro hecho del que también decimos que “hay un antes y un después”. Tal el ciclotrón de la política criolla, que acelera las partículas de tal manera que las dinámicas y trayectorias nunca se cumplen. Así todo queda igual, pero para peor.

 

El Gobierno tuvo, en su momento, su semana horribilis cuando a la suba del dólar blue se le sumó la rebelión policial bonaerense y la aceptación del per saltum por parte de la Corte Suprema de Justicia. Momento dramático que puede considerarse que se extendió hasta la utilización política del imbroglio familiar de los Etcheveres llevado a cabo por el desalambrador papal Juan Grabois.

Y allí, la Señora Vice Presidenta de la Nación se dignó a romper su silencio y escribir una misiva de nueve carillas que bien podría haber empezado “Estimado Alberto”, en donde deja bien en claro la división del trabajo que tiene con el Presidente: para él todos los problemas, para ella el poder.

Y a partir de esa carta, Alberto Fernández parece que se anotició de la nueva, exclamando quizás sorprendido “¡Nada mal al menos tengo el Gobierno!” comenzando a mechar la profusión de sus declaraciones con algún que otro acto gubernamental. Y ahí, la gestión comienza a recuperar algo de la tonicidad muscular, básicamente por intentar moderar la trayectoria balística del dólar narco, perdón, blue.

Ya se sabe que, en este bendito país, cuando las papas queman, gobernar es estabilizar el dólar. El Ministro Guzmán, apeló a un sentimiento muy criticado por quienes dirigen los destinos de los argentinos: a la codicia de obtener una ganancia exorbitante ofrecida por los nuevos instrumentos financieros creados por el Gobierno que, por el momento, le ganó al miedo a una hiper devaluación y buscar así refugio en el dólar. Como dicen en Wall Street, Gread vs Fear. Pero se trata de una situación muy inestable y nada asegura que se establezca una baja permanente del dólar blue, que lo haga bajar todavía más, al crear nuevas expectativas. El monstruo sigue vivo.

Simultáneamente, los usurpadores ocasionales se rindieron tanto en Entre Ríos como en la toma de Guernica, resolviéndose ambos pleitos en la decisión judicial que ordenó a las fuerzas de seguridad a desalojar a los intrusos. Y, a la postre, la Corte Suprema de Justicia, dio a conocer finalmente su fallo en el que su mayoría peronista más la cuota de género obliga al trio de jueces irreverentes a revalidar sus pápeles en un nuevo concurso si pretenden gozar de la estabilidad en su destino (por supuesto, concursos instrumentado por el mismo Consejo de la Magistratura al que osaron desestimar).

Se trata indudablemente de un fallo político (por la sencilla razón que toda decisión -y no decisión- de la Corte es política) en el que los Supremos peronistas corrigen a los Supremos Peronistas (ya que ellos en Acordada 7ma de la Corte le habían otorgado a esos mismos jueces la estabilidad permanente que ahora la han vuelto transitoria). Hecho que no debiera sorprendernos de ninguna manera, ya que el principal objetivo de los integrantes de la Corte es el de decidir sobre la constitucionalidad de las decisiones del gobierno. Claro que, para lograr ese loable objetivo, antes tienen que conseguir atornillarse a un cargo que es vitalicio, pero no para toda la vida. Y eso lo hacen, desarrollando un olfato de sabueso para el oportunismo político, sin parangón.

Aquí surgen varias interpretaciones acerca de la motivación de dicho fallo político. Una es lineal: se trata de una mayoría peronista, y que naturalmente se alineó en lo esencial con el gobierno peronista, aunque maquillando con tecnicismos el efecto político de no darle la razón a la oposición. Y como toda lectura simple, tiene el valor de lo evidente, pero no da cuenta de porque esa mayoría aceptó el per saltum. Cosa que tampoco puede explicar una lectura un tanto más sofisticada del fallo que afirma que los “pero-cortesanos”, preocupados por la debilidad del gobierno no quisieron tirar más de la soga, y conmovidos por la suerte del Presidente Fernández, Alberto y por eso e tomaron el trabajo de escribir una decisión tornasolada que se despliega en más de un centenar de páginas.

Y la última versión que circula por los mentideros políticos es la que afirma que los cortesanos con aprovecharon el Per Saltum ordenado por el Presidente No Peronista de la Corte, Carlos Rozencranz para instalar una cabina de peaje para hacer valer su poder, y desde ella leyeron con lupa la Carta de la Vicepresidenta. Así los Supremos peronistas la auscultaron con la atención que los hermeneutas medievales le dedicaban a los pasajes bíblicos, para comprender finalmente que debían barrocamente replicar en ella la situación política de la que daba cuenta la Epístola de Cristina (tal como los Gobiernos Cristianos debían imitar en su boato a la imaginada Gloria Divina aquí en la Tierra).

O sea, para decirlo no tan enrevesadamente, que la vice presidenta retiene el poder en potencia sobre la coalición gobernante, mientras permite que un cariacontecido Presidente gane experiencia en el arte de sobrevivir sin gobernar.

Y colorín colorado, este cuento no ha terminado.

Luis Tonelli

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