Miércoles, 25 Noviembre 2020 12:43

Horizontes que se corren - Por Alberto Amato

Escrito por Alberto Amato

 

El papelón del embajador argentino ante la OEA, Carlos Raimundi, desnudó la pasada semana el pensamiento medieval del Gobierno sobre la libertad, y sobre la libertad de expresión en particular.

 

Dijo Raimundi que en el país: “Se corrió el horizonte de la libertad de expresión hasta límites insospechados”. ¿Para qué sirve la libertad, si no para correr sus horizontes hasta los límites más insospechados?

En las últimas décadas, el mundo y la Argentina en particular vivieron e incorporaron cambios brutales, grandes procesos tecnológicos, insospechados avances médicos y científicos, conquistas de derechos antes negados, nuevas estructuras familiares, nuevas opciones de vida. Y todo sucedió porque se corrieron los horizontes de la libertad hasta límites insospechados.

Si San Martín hubiese pensado como Raimundi, todavía estaría por luchar en San Lorenzo. ¿En cuál libertad piensa Raimundi? ¿En una libertad vigilada por él? ¿Por el kirchnerismo? ¿Quién fija en el mundo Raimundi la línea del horizonte? ¿No es una vergüenza que ese argumento inquisitorial se haya expresado en el organismo que nació para asegurar las libertades en el continente?

El embajador también atacó a los medios y los acusó de “generar un clima de condena social que condiciona el accionar del Poder Judicial”. La condena social, y masiva, es contra la corrupción, más allá de lo que digan los medios. Y en cuanto al Poder Judicial, no hay nada que lo condicione más que el intento de modificar leyes, de remover jueces, de tirar a procuradores por la ventana y nombrar a otros que entren por la misma ventana, todo para evitar el accionar de la Justicia.

Eso pasa en estos días, sin que nadie vea en semejante atropello constitucional un intento de “correr los horizontes de la libertad hasta límites insospechados”. Es verdad que el embajador Raimundi sabe algo de horizontes y de cómo correrlos. En 1987 presidía la Juventud Radical, que defendió las leyes de Punto Final y Obediencia Debida impulsadas por el entonces presidente Raúl Alfonsín. No hay furia como la de los conversos.

Alberto Amato

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