Lo inesperado del asunto es que en la semana que pasó ese ninguneo a una eventual continuidad de Alberto Fernández en su cargo tomó formas sorprendentes en el discurso de cierre en Diputados al debate sobre las quitas a la ciudad por parte, precisamente, de uno de los tácitos presidenciables oficialistas de 2023: Máximo Kirchner. "Yo no sé -chicaneó el titular de la bancada del Frente de Todos- si el actual jefe de gobierno será presidente o no de todos los argentinos. Ojalá sea el primer jefe de gobierno en hacer algo diferente a Macri y a De la Rúa porque cada vez que nos gobernó un jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires el país terminó endeudado y patas arriba."
Así como su padre, Néstor Kirchner, eligió a Mauricio Macri como el enemigo ideal, ahora Máximo asume con todas las letras que Horacio Rodríguez Larreta tiene altas chances de ser el próximo presidente de los argentinos, lo que al mismo tiempo no deja de ser otro olímpico desaire a las posibilidades nunca manifestadas en la materia por parte de Alberto Fernández de sucederse a sí mismo, reelección mediante. Así como resulta un reconocimiento de la potencial peligrosidad a futuro de Larreta, el hijo de la vicepresidenta deja flotando la idea de que el actual mandatario lo será solo por un periodo de cuatro años, del que ya se gastó de manera más bien opaca la cuarta parte.
Desde que el 9 de septiembre se anunció intempestivamente el primer zarpazo a la ciudad han pasado tres meses de fuego nutrido sobre Larreta con efectos contradictorios: por un lado el oficialismo busca su prematuro desgaste como virtual aspirante a ocupar la Casa Rosada dentro de tres años, pero por el otro lo instala muy fuerte a nivel nacional y en las encuestas su imagen sigue firme. Hay también un doble juego hacia las respectivas internas del oficialismo -el líder de La Cámpora pone bajo su lupa a dirigentes peronistas capitalinos que coquetean con Larreta y viceversa- y hacia la principal oposición. Deja al jefe de la ciudad en una incómoda encerrona que lo somete a tensiones con su propio electorado ya que le cobrará más tributos para cubrir el faltante presupuestario que producirán las quitas en marcha, que lo despojarán de su perfil de gran constructor de obras, pero también lo expone a que se monitoree si sus respuestas tienen la contundencia adecuada o resulta demasiado tibio (algo que fastidia a sus correligionarios y votantes más intransigentes). Elisa Carrió apoyó su tono mesurado.
Larreta y Kirchner Jr. se conocieron a principios de año y encontraron en la pasión que ambos profesan hacia Racing tal vez el único punto en común. Durante los primeros tramos de la pandemia -cuando Alberto Fernández lo sentaba a su lado y del otro a Kicillof- Larreta era el ejemplo del adversario responsable, en contraposición con los supuestamente " para retomar de inmediato sus temas de gestión. El jefe de gobierno porteño mantendrá el perfil bajo hasta que la Corte se expida sobre su reclamo. Ansía que lo haga antes de la feria de enero. Pero, ya se sabe, el máximo tribunal fija sus propios tiempos.
Pablo Sirvén



