Jueves, 07 Enero 2021 12:21

Terapia para alocados - Por Alberto Amato

Escrito por Alberto Amato

 

El presidente Alberto Fernández mandó al periodismo nativo al terapeuta. No hizo distinción entre psicología y psiquiatría. Dijo: “Hay un periodismo alocado que necesita terapeutas para sacarse el odio que cargan encima”.

 

El Presidente llama periodismo alocado al que critica su gestión. Al otro, no; ese está bien y no necesita analistas, ni cosas raras. El que debe ir al diván es el que examina y juzga la gestión de este gobierno de científicos que censura a Jorge Luis Borges. Si eso no suena alocado…

¿No deberíamos contemplar una ampliación de las sesiones? En cuanto a lo que cada uno carga encima, hay que recordar que quienes han puteado a la oligarquía, o soñado con manejar un camión por la 9 de Julio contra manifestantes opositores, son personajones que aplauden al gobierno de Fernández, que es quien se escandaliza por el odio.

Quien sea el terapeuta que agarre este lodazal, va a tener mucho trabajo. Para colmo, el pasado domingo, la prestigiosa revista británica “The Economist” fustigó al gobierno argentino. Dijo que el empeño en imponer la vacuna rusa contra el Covid obedece a un plan geopolítico de Cristina Fernández, que quiere contrarrestar la influencia de Estados Unidos en la región dando alas a Rusia y a China.

O el periodismo alocado es una epidemia mundial, valga la metáfora chusca, o algo huele mal en Dinamarca. Ahora, ¿quién se hace cargo de la terapia de los colegas británicos? ¿El Pami? ¿Las obras sociales? ¿La medicina privada?

Para completar el sainete, el presidente Fernández dijo el domingo que el Gobierno, se supone que es él mismo, debe “meter mano en la Justicia”. Con leyes, aclaró, no vaya a ser cosa. Pero meter mano al fin. Se supone que tal intromisión de un poder en otro no es algo alocado; pretender cargarse a la Corte Suprema no merece ir a terapia; a terapia que vayan quienes ven en algo tan simple un ataque al sistema democrático, pobres muchachos engañados.

Las grandes crisis políticas argentinas siempre estuvieron precedidas del ridículo y del grotesco. Nunca fueron preludio de buenaventura, sino augurio de tragedias.

Alberto Amato

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