Jueves, 04 Febrero 2021 13:15

Los vaivenes de la Argentina, al ritmo de las dudas por las vacunas - Por Daniel Muchnik

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Una buena contención sería una comunicación oficial extremadamente eficiente como para guiar a la población. Pero no existe

En febrero la política y la economía en la Argentina mostrarán más movimientos. No es que no hayan existido temblores: en enero junto con el sismo en San Juan, hubo polémicas subidas de tono por las vacunas. Parece que Argentina no negoció correctamente por ellas cuando debió hacerlo.

Hubo idas y vueltas entre laboratorios y países. Y todo eso en medio de una lucha de lobbies que demostró que en el sector farmacéutico hay pugnas millonarias para conseguir la gloria. Tanta, que muchas no están resueltas. Las variaciones del virus los marea. A eso se suman los rumores, las cadenas de fake news y la falta de responsabilidad de cierto periodismo nacional e internacional.

Argentina no estuvo sola en un desencuentro con los productores de vacunas de por si dañino para la población. Europa exhibe su desamparo en estos días y con seguridad habrá planteos legales multimillonarios. Hay cientos de excusas de uno y otro lado. Los laboratorios no quieren cargar con toda la responsabilidad si sus “panaceas” generan daño a los inoculados. ¿Se mantienen las vacunas en la temperatura que se exige? ¿Cuál es el medio de transporte adecuado? ¿En cuál courier confiar para que se mantengan en las condiciones que los fabricantes exigen? Muchas dudas.

Se ha creado una gran sospecha contra la vacuna rusa, Sputnik V, que de manera demagógica ya se la colocaron, acompañados por fotógrafos, el presidente Alberto Fernández, la vicepresidenta, el ministro de Salud y otros funcionarios. Todo en medio de un gran desorden porque faltan los prospectos traducidos con las especificaciones bien claras. Negligencia del Estado, muy seria.

Hay muchas vacunas en el mostrador. Los mejores infectólogos argentinos aseguran que todas, sin distinción del país productor, son buenas. Nada hay que temer si se cumplen los recaudos sanitarios.

Al ritmo que se está llevando seguramente gran parte de la población estará a cubierto del virus ya a comienzos del frío. El dilema parece policial, pero las aglomeraciones sin barbijo en Mar del Plata y Pinamar (aunque no en el resto de las arenas de la costa bonaerense) y las reuniones en lugares cerrados de 50 o 100 personas son el espejo del tremendo encierro de la cuarentena.

No hay que exagerar la comprensión: jóvenes y adultos necesitan el intercambio social, base de la condición humana, el contacto, la risa colectiva, el juego, la diversión y muchas cosas más. Los participantes de las juergas ejercen el papel de bombas de tiempo, tan peligrosas como el velorio de Maradona y las movilizaciones callejeras de organizaciones sociales, gremios y partidos políticos.

Se potencia la velocidad del virus, el índice de muertes y enfermos crece con desmesura. Una buena contención sería una comunicación oficial extremadamente eficiente como para guiar a la población. Pero no existe. No hay más información que en los meses de la gripe común, que es diferente, porque muta, se transforma año tras año, pero a menor velocidad que el covid-19.

La economía

En materia económica hubo algunos movimientos. El campo protestó en varias oportunidades. En la última, en la negativa de la exportación de maíz las organizaciones agropecuarias se pusieron en pie de guerra. Fue un clima peligroso: el Gobierno tuvo de dar marcha atrás de un día para el otro.

La inflación del 2020 superó lo previsto. Hay demasiada anarquía en los precios y en los problemas logísticos (decisiones de la familia Moyano, cierre de fronteras en algunas provincias), algo así como " cada uno hace lo que quiere” mientras el Gobierno central guarda silencio. En el último bimestre del año pasado el desplome de las ventas no obedece a una mayor recesión en el mundo (que se está recuperando lentamente) sino a que las expectativas siempre presentes de saltos cambiarios que paralizan las industrias que necesitan insumos extranjeros y otras que posponen los envíos al exterior. Hubo un desplome que casi llegó al 60 por ciento en las cantidades exportadas de productos primarios y de 39 por ciento en los volúmenes de manufacturas de origen agropecuario.

Pese a las movilizaciones de las cámaras empresarias, se impuso el criterio de la Casa Rosada de prohibir despidos de personal. Pero la desocupación ha crecido en decenas de miles de trabajadores. Perduran en sus empleos los que tienen mayor formación educativa (terciario, universitario o superior).

La política exterior casi no ha funcionado en estas semanas salvo la presencia del ministro Felipe Solá en el viaje a Chile de Alberto Fernández. Recién ahora Fernández quiere una unión comercial sólida con un país trasandino que tiene lazos estupendos con todas las zonas productivas del Pacifico. Antes, Argentina le vendía gas sobrante a Chile, ahora Chile es la que envía gas, y eso que no tiene producción porque todo llega en barcos a puertos especiales.

También bregó Fernández por un acercamiento con Bolivia, Perú y Paraguay para dinamizar el Mercosur y posibilitar tratados multilaterales.

La disputa más caliente en enero fueron los preparativos de una elección importante dentro del peronismo. Fernández sería el jefe del partido a nivel nacional, mientras Máximo Kirchner lo sería en la provincia de Buenos Aires. Ello trajo la revuelta de intendentes peronistas que no quieren saber nada de la movida porque tenían otro candidato. Sobre el tema también hubo resquemores en el radicalismo donde hay división de respaldos a dos candidatos para la conducción provincial que nada tienen de común.

En algún momento –se espera para este año– el mundo opositor al cristinismo tendrá que crear una verdadera resistencia ideológica y militante contra La Cámpora, cuyos representantes manejan las cajas nacionales que guardan millonadas.

La Cámpora, que se autocalifica como verdadera expresión del peronismo, data desde los tiempos en los que Néstor Kirchner reunía a los amigos de su hijo y bajaba línea. Su ideología fue teñirse de peronismo mientras recuerdan los sangrientos ’70 como de lucha de “militantes” (que fueron víctimas) en búsqueda del poder político, sin importar demasiado la división de poderes y el sistema democrático y liberal.

Daniel Muchnik
Twitter: @dmuchnik

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