Viernes, 05 Febrero 2021 11:23

Vacunas, "tiempo, real" y malestar público - Por Jorge Raventos

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El martes último la eminente revista científica The Lancet dio a conocer los resultados de los exámenes de la fase 3 de la vacuna Sputnik V. El arbitraje de la afamada publicación fue rotundo.

 

The Lancet es una de las publicaciones científicas más prestigiosas e influyentes del mundo y su juicio sobre la vacuna es, para decirlo con las palabras del doctor Adolfo Rubinstein, ex ministro de Salud del gobierno de Cambiemos y uno de los críticos más pertinaces de la actual gestión, "un reaseguro a la comunidad científica, las entidades regulatorias y el público en general".

En un comentario publicado junto con el estudio sobre la vacuna Sputnik V, The Lancet, señala: "El resultado que se reporta aquí es claro y el principio científico de la vacunación está demostrado". El estudio atribuye a la vacuna una eficacia del casi 92% y efectos secundarios negativos de muy baja significación, es decir resultados que superan a todas sus competidoras.

Se verá si el sólido veredicto disipa una atmósfera enrarecida que se había creado alrededor de la vacuna de origen ruso, en la que se combinaban estrategias empresariales, lógicas geopolíticas y, en algunos países, embanderamientos políticos superpuestos o ensamblados con aquellas.

El virólogo clínico de la Universidad de Leicester, doctor Julián Tang, admitió con franqueza: "A pesar de las dudas anteriores sobre la forma en que esta vacuna rusa Sputnik V fue implementada, este enfoque se ha justificado hasta cierto punto ahora. Debemos tener más cuidado de no ser demasiado críticos con los diseños de vacunas de otros países".

LAS GRIETAS SUPERPUESTAS

En la Argentina la discusión sobre la vacuna rusa se transformó en otra excusa para la polarización de la grieta. Los vuelos de Aerolíneas Argentinas a Moscú en busca de las ansiadas dosis fueron pintados por sectores del oficialismo con pinceladas de épica y comentados con sarcasmo por la oposición, que subrayaba el incumplimiento parcial de las cargas comprometidas por Rusia, omitiendo que­ incumplimientos análogos eran cometidos por marcas de otros orígenes en desmedro de compradores de diverso poder e influencia por el sencillo motivo de que la capacidad de producción de todas las farmacéuticas fue superada por la demanda simultánea del mundo entero. De hecho, Rusia ha tenido que tercerizar la producción a través de empresas de India y de Corea del Sur para cubrir la demanda de otras regiones y analiza ahora hacer lo propio en Centro y Sudamérica (donde Argentina podría instalarse como nodo productivo).

Al comentar el éxito de la vacuna rusa (y la apuesta argentina por una estrategia de provisión plural que incluyó tempranamente la Sputnik) el diario español El País informa con cierta perplejidad la virulencia que adoptó la disputa por la vacuna en nuestro país: "La dirigente de la oposición argentina Elisa Carrió, denunció al presidente Fernández por posible ´envenenamiento´ de la población". Tras presentarse en el Congreso para rendir un informe sobre el tema a los legisladores, el ministro Ginés González García también se refirió a la campaña de sospechas que, con centro en la vacuna rusa, ha azotado al gobierno y lo identificó como "un sistema de noticias falsas que erosiona permanentemente la confianza pública y somete a que a uno lo acusen de asesino, generando una fiebre en el ánimo colectivo".

INFLUENCERS E INFLUIDOS

Efectivamente, los públicos involucrados en la lógica de la grieta pierden paulatinamente los ejes conceptuales para encerrarse en sus burbujas ideológicas que pueden tornarse por momentos delirantes o agresivas.

El fenómeno no es una exclusividad argentina, se monta en el malestar creciente de la sociedad con las dirigencias políticas y en la tensión entre los ritmos vertiginosos que imponen las noticias y las plataformas tecnológicas y los tiempos necesariamente más pausados, complejos y de mayor duración que demandan los procesos de la realidad y los cambios sociales consistentes. Esa tensión amenaza los sistemas políticos. "La democracia representativa corre el riesgo de quedar desbordada por una democracia de opinión cuyos estados de ánimo, reglas y calendarios determinan los medios", escribía ya con inquietud veinte años atrás el francés Alain Minc, intelectual, empresario y asesor de grandes firmas. En aquella descripción faltaba aún incorporar a las redes sociales, otro temible acelerador, hoy ineludible.

La tarea de la construcción política se vuelve más complicada en el hábitat de la aceleración permanente y del llamado "tiempo real" que incita a resultados instantáneas, acciones inmediatas, simplificación y tonos extremos, como desvaloriza la reflexión, la calibración, la flexibilidad, la conversación. Y el verdadero tiempo de la realidad.

Muchos políticos optan por desertar de las tareas arquitectónicas y prefieren la vida más tranquila de los influencers que suelen ser menos "influyentes" que "influidos" y, en fin, eligen jugar como voceros de una clientela demandante y­ combativa, pero fiel, antes que construir puentes para entenderse con la otra costa y ampliar el horizonte común.

En el tema de las vacunas aquellos se inclinan por y los clichés y las teorías conspirativas, aunque se pueda, con poco esfuerzo o un poco de paciencia, encontrar información interesante más allá de las grietas superpuestas.

SECRETISMO, SOSPECHAS Y VOLUNTARISMO

La semana última, por ejemplo, una investigación de periodistas del New York Times subrayaba el marcado secretismo impuesto por las empresas farmacéuticas a las negociaciones con los países compradores de vacunas para el Covid, una demanda de hermetismo que derivó en exigencias de confidencialidad sobre temas cruciales como los precios por dosis, el cronograma de distribución y las sumas pagadas por los compradores como adelantos.

"Los gobiernos han invertido miles de millones de dólares para ayudar a los laboratorios a desarrollar vacunas y ahora gastan miles de millones para comprarlas -comenta el diario neoyorquino-...y los gobiernos y organizaciones de salud pública bajan la cabeza y se someten a las exigencias de confidencialidad de las farmacéuticas". Muchos contratos habilitan a las empresas a cortar los suministros en caso de que la confidencialidad exigida se rompa. Eso no impide filtraciones: las cifras recibidas por las empresas para afrontar los costos y riesgos económicos de la investigación se filtran parcialmente pese al hermetismo. Moderna, por ejemplo, admitió que su proyecto fue financiado en su totalidad por el gobierno de Estados Unidos (es decir, por los contribuyentes de ese país).

También trascendió, por caso, que Europa pagó a AstraZeneca 2,19 dólares por dosis, la mitad de lo que debió pagar Sudáfrica (5,25 dólares) y también menos que los casi 4 dólares que paga Estados Unidos. Según precios publicados por una miembro del Gobierno belga en su cuenta de Twitter, los países de la Unión Europea pagan 12 euros por cada dosis de la vacuna de Pfizer y BioNTech. Esto supone 4,5 euros menos que el importe que habrían acordado con los laboratorios por los Gobiernos de Reino Unido -publicado por The Times- y Estados Unidos (16,5 euros por dosis).

Las negociaciones de Argentina con Pfizer se interrumpieron -según informó el ministro García al Congreso- porque la empresa no quiso admitir que se incluyera la palabra "negligencia" como una salvedad para los casos en que el país aceptaba hacerse cargo de eventuales responsabilidades civiles por problemas con esa vacuna. En cuanto al precio, las empresas consideran ese dato un secreto comercial. En esa opacidad, los países deben negociar con las farmacéuticas sin saber cuánto están pagando otros compradores.

La competencia entre éstos le hace el campo orégano a las empresas. Y esa competencia está a la orden del día ya que todos los gobiernos quieren asegurar la vacunación oportuna de sus sociedades.

Tedros Ghebreyesus, el director general de la Organización Mundial de la Salud alertó sobre esa situación: "La estrategia del yo, primero será contraproducente ya que hará que suban los precios y llevará a la acumulación de vacunas. Al final, estas acciones prolongarán la pandemia, las restricciones necesarias para contenerla y el sufrimiento humano y económico".

La OMS alentó la plataforma COVAX para garantizar acceso a las vacunas en los países en desarrollo con ayuda financiera de los países desarrollados, y unir a los países en un bloque que tenga mayor poder a la hora de negociar con las farmacéuticas. Un esfuerzo de cooperación en un clima competitivo, hostil, confuso y conflictivo. Argentina se ha asegurado 9 millones de dosis a través de la plataforma COVAX, de las cuales la cuarta parte estará disponible en el primer semestre.

Con más lentitud que lo que se prometía (y de lo que exigen los apresurados) la Argentina está recibiendo las vacunas. El gobierno ha abusado de los pronósticos voluntaristas y se ha visto defraudado -como le ha ocurrido a la mayoría de los gobiernos- por las demoras de las farmacéuticas. Ha tenido que aceptar condicionamientos de éstas (una vez más: igual que la mayoría de los países, más allá de su jerarquía o tamaño). Y todavía le falta rendir el examen de organización interna que ocurrirá cuando las vacunas finalmente lleguen en la cantidad necesaria para una vasta vacunación masiva.

Al aproximarse esta etapa, y ya despejadas las incógnitas (y las sospechas sembradas) sobre la vacuna rusa, empieza a ser hora de que las franjas moderadas de la política nacional impongan una mirada constructiva para encarar en paz la lucha por la inmunización. Hay tiempo sobrado para la legítima competencia política, pero primero, lo primero.

Jorge Raventos

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