Enseguida se sumó a la movida “ricotera” en redes el jefe de gabinete, Santiago Cafiero, que, junto al certificado de vacunación de Solari, citó el título de otra de sus canciones: “Maldición va a ser un día hermoso”. Un tuit que también generó bronca colectiva, porque lo que es hermoso para uno no lo es para todos.
Es conocida la edad y estado de salud de Solari, por lo que nadie debería criticar que haya sido beneficiado por la vacuna, a pesar de que miles de bonaerenses, adultos mayores y con morbilidades aún no contaron con la suerte de poder acceder a la dosis, como el músico, de reconocida pertenencia política al oficialismo. Por eso irrita a mucha gente la celebración de los funcionarios que fue leída como una bravuconada de parte de quienes están fallando en su tarea de conseguir vacunas para comenzar a tener un plan masivo de vacunación y no uno endeble que, además, funciona a cuentagotas.
Gollan, Cafiero y todos los funcionarios que se muestran ensalzando es una evidencia, justamente, de lo que carecemos. Deberían animarse a entender que aún duele e indigna el caso del vacunatorio vip, los militantes jóvenes de La Cámpora inoculándose y mostrándose con los dedos en v en sus posteos en redes, o las vacunas que recibieron los allegados al poder, familiares, choferes, incluso funcionarios del ministerio de salud que se vacunaron y lograron vacunar a los suyos antes de presentar un plan efectivo para toda la sociedad.
Ese egoísmo, basado en el privilegio de pertenecer al poder en medio de una pandemia, expuso la peor cara del gobierno del Frente de Todos. ¿Será ese el logro distintivo de esta gestión que perdurará por muchos años?
Pero hay algo que no se entiende: ¿Cómo pretenden estos funcionarios que la sociedad comprenda una celebración por la vacunación de uno de los suyos, así lo identifican a Solari, cuando son responsables de tener incompleta la vacunación del personal sanitario o de adultos mayores? Si ni siquiera se entiende cómo enviaron 8 vuelos a Rusia para conseguir poco más de la mitad de las vacunas que Chile consiguió en uno solo.
No se cuidan, al menos, de exhibirse sin la sensibilidad de comprender que los anuncios sobre millones de vacunas que nunca llegaron no es responsabilidad de quienes critican sino de quienes se aventuraron a ilusionarnos con un plan serio que nos permita atravesar de la mejor manera la pandemia y el tan mentado y peligroso rebrote. No son solo opositores los que se manifiestan enojados, es una gran parte de la sociedad que, luego de unos días, sigue sin entender el mensaje por cadena nacional que dio el Presidente la semana pasada, algo así como “la cadena nacional más inexplicable de la historia”. No hubo anuncios, solo un intento infructuoso de deslindar responsabilidades.
La buena noticia es que la comunicación va mejorando, al menos ahora nos advierten, toman recaudos, como el de ayer, cuando el presidente Alberto Fernández anticipó que “a fines de abril estará vacunada toda la población de riesgo, si logramos concretar los últimos acuerdos”. Esta última salvedad indica que ya no aseguran, solo anuncian intentos de mejoras. Si así no resultase como lo planificaron y notificaron, ya no será un “mentimos en el anuncio”, sino solo un triste “lo intentamos”.
En ese escenario de incertidumbre, de anuncios malogrados, de fracasos de gestión con un tema tan sensible y necesario como es la falta de vacunas, no suma, al contrario, irritan, enojan los mensajes alegres de funcionarios responsables como el de Daniel Gollan, que respondió bloqueando masivamente en Twitter a quien criticaba su actitud, o del mismo Santiago Cafiero.
Además, en el tiempo que les sobre, no estaría mal que repasen la letra de la canción del Indio Solari citada por el jefe de Gabinete. En ella, justo antes de señalar: “Maldición, va a ser un día hermoso”, el tema repara en la misma estrofa en que: “Pintan mal las cosas para él, mi viejo, pintan mal”.
Tan mal como “pinta” el plan de vacunación oficial.
Daniel Santa Cruz



