Viernes, 09 Abril 2021 12:51

Del tsunami a las PASO, entre cálculos y simplificaciones - Por Jorge Raventos

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No sólo el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, considera que la segunda ola de la pandemia adopta en el país los rasgos de un tsunami. Con imágenes menos hiperbólicas que se corresponden con su estilo más mesurado, el doctor Fernán Quirós, ministro de Salud porteño, coincide en la notable envergadura de esta etapa de continuidad y reencarnación de la peste, sobre la que él venía alertando hace semanas.

La opinión virtualmente unánime de los especialistas (infectólogos, epidemiólogos, etc.) concuerda en asignar extrema seriedad a la situación y en recomendar medidas tendientes a impedir la circulación del virus.

Manipulación de herramientas

En este sentido el mundo no ha inventado muchas herramientas: el barbijo (de rigor; en España se exige hasta en las playas), el distanciamiento social, distintas formas de confinamiento (localizado en las zonas más afectadas o de alcance nacional) restricciones fronterizas y fuertes limitaciones al tránsito interno.

En Francia, desde el 20 de marzo, el toque de queda en París y un gran número de ciudades y pueblos dejó de ser parcial -por unas horas-   y pasó a cubrir el día completo.  En Bélgica, para comprar hay que solicitar turno en los comercios y las escuelas y universidades permanecerán cerradas por lo menos este mes. La alemana Angela Merkel, partidaria de medidas más estrictas que las ya vigentes (ella propone un confinamiento nacional), por ahora está trabada por la presión de varios estados federados (länder) que no quieren afectar la economía. Varias regiones españolas restringieron la movilidad interna de sus ciudadanos en Semana Santa.

El caso chileno muestra que, en ciertas circunstancias amenazantes, una buena campaña de vacunación no exime de decisiones muy rigurosas. Pese a su gran eficacia para llegar velozmente a la población con las vacunas (en poco más de un mes y medio han alcanzado a seis millones de personas, un 40 por ciento de su población adulta) el país se encuentra con los servicios de terapia intensiva desbordados, un incremento de contagios, de enfermos graves y fallecimientos. En Chile rige el toque de queda desde hace casi un año y ahora se ha vuelto más extenso: a partir del 5 de abril se inicia a las 9 de la noche. El gobierno de Sebastián Piñera decidió cerrar las fronteras.

La Organización Mundial de la Salud advirtió que las vacunas "son sólo una de las herramientas para frenar los contagios y no se puede descansar sólo en ellas, hay que seguir tomando el resto de las medidas (distanciamiento físico, higiene de manos, ventilación, evitar lugares concurridos".

Palos porque bogas

Sectores hipercríticos de la oposición han cuestionado al Gobierno por la falta de vacunas y ahora censuran también las medidas que acaba de sancionar el gobierno. Justamente en una Argentina en la que las vacunas han escaseado resulta evidente que, ante "el tsunami", es más imprescindible aún recurrir a los instrumentos tradicionales. Fue lo que resolvió Fernández, en imprescindibles consultas con los mandatarios provinciales y el jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

Con Horacio Rodríguez Larreta, jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y presidente del Pro porteño, hubo tire y afloje sobre el tema de las restricciones. Larreta siente la presión del ala dura de Juntos por el Cambio y naturalmente debe exhibir una cuota de resistencia. Así, se refugió en su responsabilidad institucional y aclaró que "aunque estoy en desacuerdo, acataré".

"No siento que hayamos tenido diferencias -señaló por su parte el Presidente-, creo que nos pusimos de acuerdo. No sé si a él le gusta más o le gusta menos el cierre del tránsito a la noche, pero lo que sí sé es que cuando habló conmigo compartió que la circulación nocturna, como convoca al vínculo social, tiene un efecto muy perjudicial a la hora de los contagios, por eso se ha cerrado la nocturnidad en todo el mundo, no es que se me ocurrió a mí".

Las restricciones son, en principio, por tres semanas. El gobierno confía en que la vacunación adquirirá velocidad de ahora en más. El ministerio de Salud anunció que ya se han vacunado más de cuatro millones y medio de personas con la primera dosis, dijo que se han recibido dos millones de dosis que serán distribuidas de inmediato, se espera la primera partida de las vacunas provistas por el sistema de la OMS y en mayo estarían llegando casi un millón de Astra Zeneca, en el inicio de una normalización de sus entregas.

En este punto conviene dar el crédito al sistema de la Cancillería argentina, que a través del ministro Felipe Solá y del embajador en Washington, Jorge Argüello, consiguió remover un obstáculo que bloqueaba el mecanismo de producción de esas vacunas.

La firma MABXscience, que produce en Argentina las dosis de la vacuna, debía por contrato hacerlas envasar en México, pero por una disposición del gobierno de Estados Unidos (Donald Trump) la firma no pudo recibir insumos norteamericanos indispensables, de exportación prohibida por esa disposición que Trump hizo aplicar. Y cuya vigencia Joe Biden extendió. Una semana atrás, el canciller Solá conversó telefónicamente con el secretario de Estado de Estados Unidos, Anthony Blinken y en ese cordial intercambio planteó el tema de las dificultades con aquellos insumos. La traba acaba de levantarse y en mayo comenzarán a envasarse en México las vacunas producidas en la planta de Garín, provincia de Buenos Aires, lo que permitirá normalizar la recepción de la vacuna (AstraZeneca comprometió seis millones de dosis "para el primer semestre").

El misterio de la (falta de) vacuna

El episodio permite comprender mejor todos los entreveros que condicionan la obtención de vacunas a los países que no son potencias. Desde la competencia descarnada de quienes están en mejores condiciones de pagar más alto o presionar políticamente a la aplicación de normas internas de un país poderoso que pueden frenar una línea de producción por un detalle.

Conviene, pues, no banalizar los temas serios. Una explicación simplificadora que solía ofrecerse en las últimas semanas desde usinas hipercríticas consistía en afirmar que el gobierno "monopolizaba" con un interés faccioso la compra de vacunas y prohibía a distritos o a sectores privados (institutos o farmacias) hacerlo. Ese argumento, urdido con interés político, era luego amplificado sin mayor verificación por repetidoras mediáticas. El último miércoles el jefe de gabinete, Santiago Cafiero, lo desmanteló con elegancia: "Ese es un error que se está magnificando. Las provincias y el Gobierno de la Ciudad pueden comprar vacunas por su cuenta y los privados también. No está prohibido en Argentina. En la ley de vacunas que se aprobó el año pasado está muy claro".

Algunos lo tenían claro desde antes. Por ejemplo, el ministro de Salud de la Ciudad de Buenos Aires: "El debate para acceder a una vacuna que pueda ser aplicada en los próximos dos meses es un debate que no es posible de resolver a través de contrataciones -explicó el doctor Quirós-, porque serían recién para fin de año o el año que viene". Seguramente el eficaz titular de la cartera sanitaria porteña no quiso extenderse en la respuesta (ni usarla anticipadamente) para no herir a sectores de su propia coalición (o de su periferia propagandística) que son los que han venido batiendo ese parche para explotar la cuestión vacunatoria, en la que el gobierno ha afrontado dificultades de otro orden (así como grandes errores no forzados).

Jueguito para la tribuna

Otro costado de la siembra de sospechas sobre las restricciones antipandemia es el del designio político: se usa ese argumento para cuestionar la posibilidad de que cambie el calendario electoral de este año, con una postergación de las elecciones primarias "simultáneas y obligatorias" (PASO). La apelación al coronavirus sería una "manipulación electoralista".

Un prestigioso analista político a quien nadie podría señalar como afín al oficialismo, Carlos Pagni, desplegó el último jueves una serie de argumentos inapelables sobre el tema.

"La razón en la que se justifica la manipulación del calendario electoral es la disparada de la pandemia. Algunos dirigentes de la oposición no se animan a discutir en público esa presentación del problema. Más aún: las autoridades porteñas la comparten".

En rigor, de la información que prodiga Pagni parecería deducirse que el interés en modificar las fechas no es una exclusividad del oficialismo.

La Coalición Cívica, con Elisa Carrió a la cabeza- observa Pagni - no se opondría a la postergación porque "en la medida que se pueda, hay que eludir el conflicto" ya que, según Carrió, "la democracia corre el riesgo de que un desencanto generalizado provoque un colapso que abra puertas a lo desconocido." Además, entre otros criterios menos dramáticos para aceptar la postergación estaría que "Juntos por el Cambio necesita más tiempo para ordenar su situación interna".

No sólo Carrió y Larreta, según este enfoque, acompañarían la idea de cambiar la fecha electoral. Hasta Mauricio Macri se habría mostrado predispuesto: "Esperemos a que nos digan qué quieren. Si es algo razonable, no tendremos formas de rechazarlo". Quizás esto explique por qué el primo Jorge -intendente de Vicente López y una de las cabezas del grupo de barones Pro del conurbano que articula con el expresidente- fue uno de los dos dirigentes cambiemitas que una semana antes coversó sobre el tema  con Sergio Massa, Máximo Kirchner y los ministros Wado de Pedro y Gabriel Katopodis en la Casa Rosada. Iría a ver si oía algo razonable.

En definitiva, más que ante una manipulación electoralista del gobierno se estaría ante el lento, trabajoso tejido de un acuerdo político, todavía enredado porque, como señala Pagni, en la oposición "aún no se ha logrado un consenso sobre lo que conviene hacer".

Seguramente Patricia Bullrich, que ha decidido expresar al antioficialismo más exaltado, y un sector de la UCR son los más reticentes. "La posición de la UCR, expresada sobre todo por Alfredo Cornejo, es -considera Pagni- aferrarse a las pautas actuales, al menos para que el oficialismo pague un costo mayor con el cambio".

Pero el analista señala un hecho curioso: "la negativa a una postergación se basa, en muchos casos, en una coincidencia con el Gobierno: el paso del tiempo mejorará el clima económico y social. La inflación cederá un poco por el atraso cambiario y con el transcurso de los meses habrá más gente vacunada".

Menos inflación y más vacunas: una perspectiva optimista, si se quiere, (y a no tan largo plazo).

Jorge Raventos

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