Jueves, 22 Abril 2021 07:34

¡Con la educación, no! - Por Luis Tonelli

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En casi todos los países la pandemia del COVID 19 ha causado estragos y los sigue causando. Graves problemas en el presente y gravísimos problemas a futuro que ni siquiera imaginamos. Consecuencias tremendamente negativas humanas, sociales, económicas y políticas.

Dos casos en las antípodas: el régimen de administración total que es China, de ser el país de origen del virus pudo controlar la pandemia en una población de 1400 millones de habitantes gracias a aplicar tecnología de vigilancia, medidas draconianas y órdenes ejecutivas sostenidas por las fuerzas de seguridad. El gobierno chino brindó seguridad sanitaria del mismo modo que controla las protestas sociales, persigue a los opositores, dirige la economía (decidiendo donde hay Estado y donde hay “Mercado”). Etc., etc. La seguridad basada en inseguridad absoluta que implica el cercenamiento completo de las libertades políticas.

Frente a esta eficiencia de gestión que asombra, tenemos el caso de Reino Unido. Su primer ministro Boris Johnson creyó encontrar la mejor medida que podía dictarse dentro de la filosofía de la libertad que impera en esas islas: lograr la inmunidad de rebaño, protegiendo solo a los grupos de riesgo, y manteniendo abierto casi todo, lo que terminó en un desastre.

Les cuento una anécdota: en los 90 viviendo allí, me paró un policía en una ruta perdida del Oxfordshire. Me pidió si era tan amable de hacerle llegar en la semana mi licencia de conducir a la estación del Thames Valley de Oxford -donde trabajaba el Inspector Morse- pasando el Christ Church, el college donde daba clases Lewis Carroll. Le dije que la tenía conmigo y le entregué mi licencia otorgada por la Municipalidad de Quilmes, totalmente válida para conducir allí. ¡Primero dijo “Superb!” Y después me pregunto dónde quedaba ese “Cuilmes” y que hacía por allí. Le dije “en Buenos Aires, Argentina, y estoy estudiando aquí en la Universidad”. Ahí exclamo que era un privilegio que de todo el mundo viniera gente inteligente a estudiar en la Universidad, a lo cual, le contesté al estilo británico. “Bueno, siempre hay excepciones”. ¡Me dijo “Indeed!”, y que aprovechara ese extraño día soleado y “lovely”. Más allá de que obviamente el policía no estaba armado, que fue extremadamente amable, lo verdaderamente chocante para mí, criado en la infancia bajo la dictadura argentina, es que no fuera obligatorio llevar ningún documento encima. Ni siquiera, la licencia de conducir, que, por otra parte, era el único documento con foto en UK (cosa resistida por los grupos libertarios). No por nada, Reino Unido fue el país que se cargó inicialmente con la tarea de detener a Hitler y defender la libertad, y sufrió 400.000 muertos, entre soldados y civiles).

La solución compatible con ese valor supremo para los británicos que es la libertad vendría de la mano de la vacuna (precisamente elaborada en Oxford, como fruto de investigar muy tempranamente las características del COVID 19. Las muertes de redujeron en forma abrupta. Ahora sí, la vacunación fue en serio, distribuida y aplicada con celeridad, facilitada por el tamaño reducido de las Islas y el sistema unitario de gobierno.

Para los que la libertad no un valor, obviamente China es el sistema que elegirían para luchar contra la pandemia. Para los que la libertad es un valor supremo, con sus abuelos y bisabuelos yendo a pelear por ella, obviamente no adoptarían el esquema británico -post facto- aunque llevados forzosamente a elegir entre uno y otro, lo preferirían sobre el chino, a pesar de los estragos. Es preferible, como en la guerra, que mueran algunos o muchos a que no exista democracia y la libertad.

Por supuesto que no hay que llevar las cosas a esos extremos. Por ejemplo, en la Argentina, no se aplicó ni uno ni el otro modelo. Eso sí, la caída de la economía fue ligeramente superior aquí, y los muertos por millón de COVID allá fueron 1900 y aquí 1300 (aunque falta la segunda ola con la dificultad que tenemos de conseguir vacunas), En la Argentina se aplanó la cuarentena, cosa que sirvió para amesetar la curva de mortalidad, pero no reducirla a cero, de allí que pese a no colapsar el sistema de salud tenemos niveles muy altos de mortalidad.

¿Por qué esta larga introducción? Porque las políticas públicas no se basan solo en datos científicos (que hay que tener totalmente en cuenta), sino también en valores. Y basta una mirada a vuelo de pájaro para darse cuenta de que la educación para el Gobierno del Frente de Todos no es algo que signifique un valor prioritario.

La cuestión del cierre o no temporario de las escuelas pasa a ser un detalle en esta discusión de fondo. Esa discusión es un colateral de haber subordinado a la educación a cuestiones políticas. En primer lugar, la cuestión sindical, ya que los poderosos sindicatos ligados a la educación son parte integran y activa de la coalición oficialista. Hace años, bloquean toda modernización del sistema educativo, especialmente los instrumentos evacuativos y el sistema de licencias. El año pasado, lograron un récord mundial: la Argentina no tuvo un solo día de clase presencial, siendo los chicos más pobres (que son el 57% de los niños en el país, un escándalo, que es más importante que todo).

En segundo lugar, la política territorial: además de esa dependencia de los sindicatos, el Gobernador Axel Kicillof ha simbólicamente constituido su “gestión” confrontándola con la de Horacio Rodríguez Larreta, y el madrinazgo de Cristina Fernández que tiene Axel termina convirtiéndose en paternidad sobre el Presidente. Primero difundió a través de sus ministros de Educación y Salud que las escuelas serían lo último en cerrarse y lo primero en abrir. Pero de repente, sucedió un cambio de opinión presidencial -uno ya puede decir “típico”-y en el decretazo escrito en soledad, pero bajo la mirada escrutadora de CFK determinó el cierre temporal de las escuelas.

Terminemos esta nota con obviedades. La pandemia es un problema mayúsculo, pero como problema al fin, demanda de una gestión eficaz apoyada en un amplio consenso político. Uno imagina que primero se da una reunión con los especialistas de las cuestiones involucradas -no solo infectólogos- y de allí sale un borrador que tanto es discutido por las fuerzas políticas como por las autoridades de los tres niveles de gobierno (con la celeridad necesaria).

Pero no, se prefirió ya desde el vamos el año pasado, la Infectadura y la decisión sumaria, en donde toda ya no crítica, sino tibia sugerencia, era amonestada con el Cuarentena o Muerte del oficialismo o de los infectólogos, como el Dr. Can´t, perdón Kahn (prohombre de la lucha contra el SIDA, pero que el guardapolvo blanco, a cierta edad, parece que se convierte en el uniforme de Dios). Disimulada por la presencia de gobernadores y jefe de la ciudad, que para la Constitución son agentes del gobierno federal, pero nunca se convocó a la oposición. Ni se discutió esto en su lugar natural, el Congreso.

Después de tanto bien pensantismo, déjenme hacer uso de mi divisa “piensa mal y te equivocarás menos”. Me parece que el gobierno intentó disimular sus deficiencias y carencias con la táctica de apagar los pozos petroleros incendiados: con una explosión. Asimismo, apostó a generar una nueva grieta dentro de la oposición al tensar con un tema que no le había importado a nadie los años pasado. Pero esta vez, la educación le importó a muchos. Obviamente, a lo que mandan a sus hijos a colegios privados, pero también a una porción de los que mandan a sus hijos a colegios públicos, y saben que allí está más protegidos que en el hacinamiento de sus casas o comunitario. Hoy largas colas sin muchos protocolos reclamaban a los colegios la vianda. Pero en la escuela se cumplen protocolos (salvo que a una maestra/maestro se le escape que un chico se está intercambiando con otro el barbijo).

El gobierno defiende su acción muy mediocre contra la pandemia en el contrafáctico indemostrable que “con Mauricio hubiéramos estado peor”, con promesas incumplirles, tipo “la cuarentena total es posible y va a ser exitosa” (en un país con la mitad de las actividades en negro, esa afirmación era una quimera), o bien, “en febrero vamos a estar todos vacunados”, a la que aparece ahora “estamos a un tris de fabricar la vacuna”, y también acomodando las estadísticas a picacera (como ya se advirtió en sus legendarios powerpoint).

Moscú no cree en lágrimas (por eso se aseguró cash la compra de las vacunas que nunca envió en las entregas pactadas). Y ya la gente no cree más en promesas. Está cansada, hastiada, hambreada. Y por eso, esa maniobra de distracción pergeñada en el conflicto con la CABA resulta un verdadero boomerang en contra de Alberto Fernández. Mucho del electorado de la coalición oficialista cree que la educación es un valor.

Después, todas las maniobras judiciales sobre la apertura de las aulas solo pueden ser asociado a algo de lo que también careció el anterior gobierno: el momento de la política, el del diálogo y el acuerdo. Para luchar contra la pandemia, y para el futuro del país, no hay peor cosa que la G.R.I.E.T.A.

Luis Tonelli

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