Jueves, 13 Mayo 2021 12:11

Vergüenzas - Por Carlos Mira

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Si hay algo que está surgiendo al lado de los dos grandes temas que gobiernan la atención del país en estos días (la salud y la economía) es la enorme sensación de papelón que los argentinos sensatos están sintiendo por su propio país cuando las circunstancias lo exponen a nivel internacional.

Cuatro hechos han impactado en ese sentido en las últimas horas.

En primer lugar, ver al presidente Fernández -con su eterno saco desabotonado- parado al lado del presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, mientras este le daba una lección gratuita de Derecho Constitucional diciéndole en la cara que ninguna ley ordenaría podía pasar por encima de la Constitución Española, no puede menos que apenar a una sociedad que ve cómo lo representa en el exterior lo peor que ha dado el país, una muestra gratis de lo menos refinado, de lo menos instruido y de lo menos culto que el país ha producido.

Pensar en la alternativa es aún peor: suponer que Fernández no necesita esas lecciones pero dice y hace públicamente las sandeces que dice y hace en cuanto al funcionamiento constitucional argentino porque especula con los incautos a quienes se ha propuesto engañar para que sigan dándole sustento electoral al plan kirchnerista de mantenerse en el poder para seguir robando, consolidando su impunidad y completar su plan de venganza contra las clases sociales que ellos odian, es aún más repugnante.

En segundo lugar, la declaración de la cancillería argentina que, de la mano de Felipe Sola -el dirigente que pasó a la historia por haber dicho que para sostenerse en política había que “hacerse el boludo”- salió a criticar a Israel por haberse defendido del ataque que recibió de la organización terrorista Hamas con 130 misiles.

Hamas estaba considerada por la Argentina cómo un grupo terrorista cuando gobernaba Mauricio Macri.

El gobierno del Frente de Todos la retiró de esa lista y ahora emite una declaración que debe entenderse directamente como un endoso a su ataque, toda vez que en lugar de condenarla, reconviene al país agredido.

El tercer caso, si bien ocurrió con una figura política argentina y su mayor repercusión sucedió en el interior de la Argentina, el hecho que le da nacimiento también se produjo en el exterior y nada más y nada menos que con un ex presidente.

Hace unos días Mauricio Macri asistió invitado a un Congreso que se desarrolló en Miami. Allí, aprovecho el viaje y se vacunó con una dosis de la corporación farmacéutica del grupo Johnson & Johnson, el laboratorio Janssen.

El jefe de gabinete de la provincia de Buenos Aires, Carlos Bianco salió a decir que esa era una “prueba más del accionar de los poderosos y los ricos” que se vacunan en el exterior y que “mientras ellos envían esos mensajes de odio” los suyos “inoculan vacunas que es una forma de inocular amor”.

Si Bianco se hubiera mantenido callado y la gente hubiera podido observar solo la cara del funcionario, no habría sido necesaria ninguna referencia al odio para saber quien odia y quien no.

Habría que recordarle a Bianco que fue su gobierno, su partido, su coalición, sus militantes los que se robaron las vacunas y los que falsificaron su condición de “personal de salud” para acceder a la vacunación pasando por delante de aquellos ciudadanos a los que les hubiera correspondido.

No sabemos cuántas vidas se habrían salvado si los militantes de Bianco no se hubieran vacunado cuando no les correspondía.

Lo de Macri puede resultar criticable a la luz de lo que él mismo había dicho en el sentido de esperar el turno que le correspondiese. Pero lo suyo no fue un delito. La vacuna que se aplicó el ex presidente en Miami tampoco le faltará a ningún argentino por el hecho de que se la haya aplicado él.

En cambio, los kumpas de Bianco si llevan en sus brazos las dosis de otros argentinos que quizás estén muertos ahora.

El cuarto hecho también sucedió en España en ocasión de la visita del presidente. Allí por primera vez, en la reunión de empresarios de ambos países, había más argentinos que españoles: es que las inversiones en el país se han desplomado como un piano. Más de 20 empresas multinacionales han dejado el país en el último año y eso quedó reflejado en la ausencia de empresarios españoles en la reunión. El valor de mercado de las compañías privadas en el país es el más bajo de los últimos 20 años.

El kirchnerismo está, literalmente, destruyendo el país, moral, sanitaria y económicamente.

El mundo observa estos comportamientos de los representantes argentinos y, a sus ojos, es la Argentina la que se expresa: es la Argentina la que no comprende el principio de la supremacía de la Constitución, no Fernández; es la Argentina la que brinda su apoyo a una organización terrorista y no un gobierno o un canciller ignorante; es la Argentina la que habla de odio refiriéndose a un ex presidente y no un jefe de gabinete delirante de un gobierno provincial; es la Argentina la que expulsa inversores por la vía de maltratarlos y no un gobierno clasista impresentable que solo busca el empobrecimiento del pueblo para explotarlo en su favor.

El precio que el país está pagando no solo a nivel material sino en lo que hace a su reputación y prestigio internacional (si es que aún le queda alguno) por estar en manos de una banda impresentable es incalculable. Probablemente mucho más difícil de revertir que el enorme daño económico al que está plaga condenó a la Argentina.

Carlos Mira 
https://thepostarg.com/editoriales/verguenzas-2/#.YJ1FCqhKg2w

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