Viernes, 14 Mayo 2021 09:47

La gira Fernández-Guzmán: ¿hay cartas para un retruco? - Por Jorge Raventos

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La gira europea de Alberto Fernández dejó por una semana a la vicepresidenta a cargo del Poder Ejecutivo. La señora de Kirchner ha cumplido hasta aquí ese vicariato con una notable discreción (sin robar cámara, dirían en el ambiente televisivo), muy consciente tanto del poder real que ejerce (y de sus efectos) como de las resistencias que produce la eventualidad de formalizarlo.

Maíz por maíz

 

El Presidente, entretanto, ha buscado alivio en esta turné. En principio, le sirvió para tomar distancia del episodio Basualdo, es decir de la desautorización infligida a su ministro de Economía y a él mismo cuando ambos amagaron apartar de su cargo a un subsecretario enrolado con la señora. El viaje también le permitió hilvanar respaldos de influencers extranjeros. Portugal y España le prometieron ayudarlo en sus gestiones ante el Fondo Monetario Internacional. No se trata de socios decisivos, pero, como decía Perón, "maíz por maíz se come un maizal".

Francia pesa más, y allí Fernández encontró el aliento de Emmanuel Macron: en la negociación con el FMI -le dijo el presidente francés- "estamos al lado de la Argentina". Lo que se necesita de Macron es, sobre todo, que ayude en la conversación con el Club de París, con el que hay que afrontar un vencimiento de 2.400 millones de dólares (que expira este mes aunque dentro de las reglas podría extenderse hasta el fin de julio). Lo que quieren Fernández y el titular del Palacio de Hacienda, Martín Guzmán, es que se permita al país atrasarse unos meses más sin incurrir en default. Se verá qué puede hacer Macron, que llamó "mi amigo" al presidente argentino. La llave principal del asunto, sin embargo, parece estar en el FMI: si del Fondo surge un guiño favorable, el Club de París podría acompañar.

Macrón le regaló a su huésped un libro de Simone Veil con una dedicatoria -en castellano- amable, pero, si se quiere, envenenada: en vísperas del encuentro de Fernández con el Papa, lo felicitó por "otorgar a las argentinas el derecho al aborto".

Macron, Fernández y el chavismo

El presidente francés entregó asimismo un tributo inesperado que Fernández bien podría exhibir ante los críticos locales que le imputan chavismo o simpatías por el régimen de Nicolás Maduro: "Quiero recalcar -dijo con énfasis Macron- su acción determinada, pacificadora en el tema de Venezuela. Nosotros también tenemos apego a la estabilidad de toda la región y a que se encuentre un camino pacífico en ese país, que es un país querido para ambos". En este tema el líder del neoliberalismo francés, un líder bien informado, tiene sobre el inquilino de la Casa Rosada una opinión que difiere marcadamente de la de sus congéneres argentinos. Seguramente ese elogio incomoda también -por la otra punta- al jacobinismo oficialista; el hecho es que esa singular frase de Macron no fue destacada por medios, voceros o propagandistas de ninguno de los dos extremos de la grieta.

Ayer, el Presidente se entrevistó con su colega italiano, Sergio Mattarella y con el jefe de gobierno, Mario Draghi, que también ofrecieron su respaldo a la Argentina en sus negociaciones financieras con el Fondo. Draghi, un economista de gran prestigio que presidió durante ocho años el Banco Central Europeo, es una figura de fuerte influencia en los círculos financieros del viejo continente y su palabra puede tener peso en las entidades con las que la Argentina negocia su deuda.

Diplomacia franciscana

El encuentro de Fernández con Francisco, en El Vaticano, fue cordial pero conciso. Hablaron de las iniciativas, impulsadas por el Papa y sostenidas por la Argentina, de liberar las patentes de las vacunas contra el covid y de facilitar, en principio, el acceso a las vacunas a los países que no reciben o lo hacen con cuentagotas.

Para la Argentina las vacunas y la renegociación de la deuda con los organismos financieros son dos claves para recuperar salud y posibilidades de crecimiento. El mercado está aportando otro puntal: el alza del precio de las exportaciones agroalimentarias.

Para desconsuelo de quienes vaticinaban un desaire del Papa a Fernández hubo foto del encuentro -y hubo ratificación de que la Santa Sede ayudará al país en la búsqueda de una solución con el Fondo. De hecho, hace meses que lo está haciendo.

En rigor, el primigenio huésped de esta visita, Martín Guzmán se verá hoy, viernes, con la jefa del FMI, la búlgara Kristalina Georgieva, en un seminario organizado por la Pontificia Academia de Ciencias Sociales, cuyo canciller (director) es el monseñor argentino Marcelo Sánchez Sorondo. El Vaticano ofrece un ámbito discreto e informal en el que el ministro puede conversar con la directora general del Fondo, algo que ya ha hecho antes en el mismo espacio.

Se espera también la presencia de la secretaria del Tesoro de los Estados Unidos, Janet Yellen, de obvio ascendiente sobre las decisiones del FMI e, incidentalmente, muy relacionada en lo profesional con el tutor académico de Guzmán, el premio Nobel Joseph Stiglitz. Que ese encuentro se produzca bajo el manto de la Santa Sede es, quizás, un milagro, pero uno ayudado por una diplomacia avezada.

Fernández recibirá frutos de ese cruce, se verá con Giorgeva y podrá agregar, a los argumentos técnicos que esgrima su ministro, sus propios razonamientos políticos. Es una pena que uno y otro lleguen a estos encuentros decisivos devaluados por la erosión interna, pero es posible que esta gira les permita a ambos cargar las pilas para afrontar los desafíos que quedaron abiertos antes de la partida y también los que surgen naturalmente de la difícil situación argentina.

En cualquier caso, si buscaban cartas para jugar, sus interlocutores se las han otorgado. Las palabras de Macron, son una prueba. Las reuniones suscitadas por El Vaticano, otra. También lo es esta declaración del vocero del Fondo, Gerry Rice: "Estamos muy comprometidos en esas discusiones con el ministro Guzmán. Es nuestra contraparte en esas conversaciones. Estamos completamente comprometidos con él en este momento''. ­Las cartas están. Hay que saber jugarlas.

Jorge Raventos

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