Miércoles, 09 Junio 2021 12:17

El Instituto Patria y la “voluntad popular” - Por Carlos Mira

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El instituto Patria es una empresa creada de exprofeso para producir una jerarcocracia en la Argentina, es decir, la solidificación de un régimen en el que una casta de jerarcas accede a todo el poder y a todos sus privilegios de la mano de haber vendido previamente el verso de la supremacía de la “voluntad popular”.

El Patria ha emitido varios documentos en donde expone expresamente esta tesis. Lo hace abiertamente. No lo esconde: lo divulga, lo alardea, lo ostenta; hace de ello una bravata. Presenta esa impostura como una proclama y la vende como un canto de rebelión popular.

Tiene a la democracia representativa como un enemigo a sus planes de instalar una jerarcocracia. Y no están errados en ese antro presidido por Cristina Kirchner e intelectualmente elaborado por Ernesto Laclau y Chantal Mouffe.

Para que un esquema de jerarcocracia se instale (es decir, para que se transforme en realidad el sueño de un conjunto de delincuentes de vivir como reyes gracias al esfuerzo esclavo de la sociedad) se debe demoler el sistema que limita el poder del presidente.

En uno de sus “documentos” los ideólogos del Instituto dicen textualmente: “la democracia representativa ha sido más permeable al poder fáctico que a la voluntad popular. Hay ciertas intermediaciones entre la voluntad popular y la decisión gubernamental que interrumpen esa voluntad popular”.

¿Cuál es el razonamiento que hay detrás de este párrafo?

Respuesta: “las instituciones de control que organiza la Constitución para compensar los resultados electorales y que las minorías no sean arrasadas por las mayorías, son alquimias creadas por los poderosos para evitar que ‘el pueblo’ ejerza su poder”.

Cierta vez le preguntaron a Néstor Kirchner por cuánto debía ganarse una elección para considerarla como un “mandato” expreso de la ciudadanía. La respuesta del ex presidente no se hizo esperar: “por un voto”, dijo.

Es decir, según esta concepción antidemocrática y fascista el que gana una elección (aunque sea por “un voto”) ES EL PUEBLO.

El que perdió (siempre que sean los demás) debe ser arrasado, desconocido, sepultado, ignorado, desaparecido.

Cuán lejos está esta concepción de identificar a los opositores con estrellas amarillas como los nazis distinguían a los judíos, para cercenarles todos los derechos y que sean presa fácil de la fuerza bruta de los ganadores, no lo sabemos. Pero es indudable que ambas cosmovisiones tienen la misma raíz.

La democracia constitucional fue justamente ideada para compensar la voluntad popular, para restringirla, para ponerla en su lugar, para encauzarla y -sobre todo- para evitar que la fuerza bruta (o lo que Tocqueville llamaba “tiranía de la mayoría”) ultraje los derechos y las libertades de los que pierden.

Todos los que se alistan detrás de estos adefesios totalitarios -que entre nosotros, encarnan Cristina Kirchner, Kicillof, el “Patria” y La Cámpora- tratan de camuflar sus verdaderas intenciones que no son otras que la de ser ellos los que se encaramen en el poder para gozar de sus privilegios, objetivo que, cuando está cumplido y materializado hace olvidar como por arte de magia quién es “el pueblo” (y si no pregúntenle al pueblo cubano, al venezolano, al ex pueblo soviético o al ex pueblo alemán oriental). Tratan de vender, en definitiva, el verso populista sobre la base de la supuesta existencia de un grupo de “poderosos” que está en contra del “pueblo” que busca su desgracia y que quiere evitar que su “voluntad” se imponga.

Así, en otro pasaje, el Patria, cuando se refiere a la alternancia en el poder, dice: “Esas determinaciones venidas del capitalismo retrógrado y explotador del eje euroatlántico que nos dice que los mandatos gubernamentales deben ser cortos y alternados no es más que una fantasía, una imposición para mantener su hegemonía”.

Es decir, tratan de usufructuar la envidia y el resentimiento (que previamente se encargaron de sembrar y estimular) al capitalismo para que la gente simpatice con ellos y les dé el salvoconducto para eternizarse en el poder para su propio beneficio.

Estos impresentables suelen darle una pátina intelectual a lo que no es otra cosa que un plan totalitario para instalarse a sí mismos como una casta de jerarcas desiguales, pretendiendo sustentar sus posiciones en el pensamiento de Jean-Jacques Rousseau.

En efecto, en otro lugar (“La Idolatría del Estado”, Ediciones B, Buenos Aires, 2009) calificamos a Rousseau como el que quizás haya sido primer relacionista público de marketing que conoció el mundo, por haber logrado pasar a la historia como un defensor de la libertad cuando en realidad fue poco menos que el fundador del fascismo moderno.

Efectivamente, Rousseau popularizó la idea de la “voluntad general” a la cual, según él, debían someterse todos. Cualquiera que no la integrara tenía dos posibilidades: o se sometía e integraba a ella o moría civilmente. Esa es la concepción detrás del “Patria”.

Otra táctica usada intensamente por esta tendencia es la intención de transmitir la idea de que “el mundo financiero” está en contra del “pueblo”. Lo dicen así: “el sistema de reproducción de ganancia financiera que provocó todos los males en nuestros países está sostenido por un modelo político y por tanto la democracia representativa ha sido más permeable al poder fáctico que a la voluntad popular”.

Cómo se ve, de nuevo se conecta a los supuestos enemigos del pueblo con la “democracia representativa”.

Y por si no hubiera quedado claro, agregan: “la democracia representativa ha sido más permeable al poder factico que a la voluntad popular. Hay ciertas intermediaciones entre la voluntad popular y la decisión gubernamental que interrumpen esa voluntad popular”.

Es decir, según ellos, (siempre que los ganadores sean ellos) los que ganan deben concentrar todo el poder (el legislativo, el ejecutivo y el judicial). Cualquier recorte a ese poder total debe entenderse como una claudicación “ante los poderes fácticos”.

La primera táctica de estos totalitarios es transmitir la idea de que ellos no son el poder; los “poderosos” son otros ante los cuales “el pueblo” (encarnado en ellos) se le planta de manos.

La táctica no es de creación argentina. Pero no hay dudas de que aquí encontró una base de sustentación que hizo posible la instalación de estos delincuentes en el gobierno de la República.

Esa base de sustentación fue plantada, germinada y alimentada durante décadas y está hoy a punto caramelo: una sociedad empobrecida, embrutecida, resentida, creída que la culpa de sus males la tienen otros, llena de envidias y deseosa de que “alguien” venga a poner “justicia”.

Se trata de un plan exitoso; de un plan del que viven muchos vivos y del que incluso depende hasta la libertad ambulatoria de la más encumbrada de sus jerarcas, Cristina Fernández de Kirchner.

La Argentina está ante un peligro supremo. Todo el edificio institucional sobre el que fue construida está en peligro. Si las fuerzas de la libertad no unen sus esfuerzos para sepultar este monstruo, el monstruo se entronizará para siempre en el poder.

Carlos Mira
https://thepostarg.com/editoriales/el-instituto-patria-y-la-voluntad-popular/#.YMDeZflKg2w

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