Jueves, 17 Junio 2021 12:41

El proyecto avanza - Por Carlos Mira

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La Municipalidad de Avellaneda dispuso poner en ejercicio práctico lo que el presidente adelantó como proyecto para el país la semana pasada, en la localidad de Mercedes.

 

En efecto, el jefe de facto de ese partido de la provincia de Buenos Aires -el ministro de tierras y hábitat, Jorge Ferraresi (porque nunca dejó de gobernar Avellaneda pese a su llegada al gobierno de la mano de Cristina Fernández)- mandó al Concejo Deliberante a aprobar sobre tablas una ordenanza por la cual todo terreno improductivo o no edificado durante un término de tres años será, primero, sometido a un incremento impositivo bestial y, luego, al cabo de otros cinco años, expropiado.

 

O sea, el dueño ya no tendrá la soberanía de decidir qué hacer con un bien adquirido como fruto de su trabajo lícito, sino que el Estado se lo sacará si no hace con él lo que el Estado quiere que haga.

Se trata de la entronización de la concepción de vida exactamente contraria a la que los Padres Fundadores pensaron para el país cuando sancionaron la Constitución. Ese perfil siempre privilegió los deseos de los propietarios, más allá de cuáles fueran esos deseos. Si una persona deseaba tener un terreno y no hacer nada en él hasta que quizás un hijo lo herede, esa decisión era sagrada para la Constitución porque el bien había sido adquirido con el esfuerzo propio y era el producto de su sacrificio y mérito.

Esta otra concepción, que bastardea tanto el sacrificio como el mérito, pretende arrebatarle al propietario la soberanía sobre lo que es suyo.

El derecho de propiedad viene siendo sistemáticamente avasallado de hecho en la Argentina hace mucho tiempo: tomas de tierras que nadie restituye, impuestos confiscatorios que la justicia no declara inconstitucionales, ataques a silobolsas que son festejados en lugar de perseguidos, bloqueos a plantas industriales y logísticas para impedirles trabajar; en fin, un abanico de ataques cada vez más evidentes y sistemáticos.

Pero la Municipalidad de Avellaneda es la primera en avanzar sobre la propiedad física de los bienes, en una contradicción flagrante al artículo 17 de la Constitución. Muchos sostienen que si el kirchnerismo no insiste más con la reforma agraria al estilo de los ‘70 es porque si ese acontecimiento ocurriera deberían ponerse a trabajar la tierra robada, entonces han preferido confiscar la renta para tener esclavos que la trabajen por ellos, mientras ellos se quedan con el 80% de la utilidad.

Sea como sea lo que está ocurriendo en la Argentina es gravísimo. Se trata de un combo alarmante: entre el delincuente y el honrado, se está a favor del delincuente; entre las democracias y las dictaduras, se está a favor de las dictaduras; entre los que trabajan y los parásitos se está del lado de los parásitos; entre los propietarios y los ladrones del lado de los ladrones; entre los policías y los asesinos, del lado de los asesinos; entre la libertad y la fuerza bruta, del lado de la fuerza bruta; entre la riqueza y la pobreza, del lado de la pobreza; entre Occidente y Hamas, del lado de Hamas.

El país es la suma de un choque de vocaciones: la vocación por la grandeza iluminó sus primeros 100 años; la vocación por la pequeñez, sus otros 100. Esta última vocación, rastrera, berreta, borró lo mejor de la Argentina. El kirchnerismo es una especie de tiro de gracia a la vocación por la grandeza; el ensalzamiento máximo de lo pequeño.

El kirchnerismo ha convertido a la Argentina en esto: en una inmunda bolsa de estiércol, sin futuro, sin ilusiones, sin alegría, solo empujado por la rabia, el rencor y la envidia al que tiene. Se necesita un esfuerzo ciclópeo primero para detener el deterioro y luego para intentar una recuperación.

Si la oposición no llegara a estar a la altura del momento estos pueden ser los últimos años de algo parecido a un país libre. Todo lo que hoy nos impacta será un detalle al lado de lo que vendrá. 

Carlos Mira
https://thepostarg.com/editoriales/el-proyecto-avanza/#.YMt3Q2hKg2w

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