Jueves, 17 Junio 2021 12:56

Nuevos Huérfanos de la Política - Por Luis Tonelli

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La vacunación viene a todo vapor, y es una gran noticia para todos los que vivimos en estas playas. La experiencia en la vacunación masiva se hace notar y estos reservorios de capacidades profesionales que tiene el país siempre nos permiten abrigar esperanzas de poder salir de este des-desarrollo que viene de décadas.

 

La Argentina hoy se ubica en la mitad de la tabla de personas vacunadas cada 100 habitantes, lo cual después del desaguisado de los gourmets de vacunas del gobierno nacional, es un logro. El gobierno desechó opciones porque, como lo expresó implícitamente el ex Ministro Gines González García, creyó en lo que le decían los laboratorios proveedores. Contra fácticos conmocionantes: ¿cuánta gente se hubiera salvado si la vacunación comenzaba en Enero, tal cual la prometió el Gobierno?

 

Pero por el lado de la salud, lo que sucede en la opinión pública es lo que ese economista sabio (o sabio economista) que era Albert Hischman denominó el “efecto túnel”. Él que se da cuando en un embotellamiento de mucho tiempo, de repente, comienza a moverse la fila de al lado de la de uno. Eso desata nuestro optimismo del “¡por fin!”, ya que estimamos que pronto nos tocará a nosotros también avanzar (claro que la impaciencia original puede convertirse en un enojo infinito si solo pasa la fila de al lado, y nosotros quedamos varados sin noticias).

Se está vacunando a los de 50 años y una fracción de los vacunados tienen las dos dosis recomendadas, pero la intensidad de la vacunación lleva a que la preocupación por la pandemia (cuando todavía estamos en muertes récord, y de cada vez personas más jóvenes) se traslade a la cuestión económica.

Las restricciones obvias que tiene que poner el gobierno ante la magnitud de los contagios generan bronca y rechazo. Especialmente en la clase media cuentapropista por una simple cuestión estadística: el Covid mata a una fracción de la totalidad de los afectados por la situación económica inédita.

Se comparan cifras frías de esta crisis con otra, pero aquí no se paralizó la economía, aquí se metió a la sociedad entera en un coma cuatro inducido, dándole al paciente suero y teniéndolo inmovilizado en la cama por mucho tiempo. En el 2001, en el violento estallido de la convertibilidad, la devaluación hizo estragos, redujo el PBI y quedaron afectadas muchas actividades que dependían de un dólar barato. Pero no hubo destrucción de la economía sino un tremendo trauma por el cambio abrupto en los precios relativo.

El congelamiento de la actividad social atrofió todos los músculos que mantenía activos la sociabilidad presencial. El dinero que circuló fue de enorme ayuda, como los son los envíos de víveres por paracaídas a los náufragos que encuentran refugio en una isla desierta. Pero ese abastecimiento de emergencia no permite reproducir la vida que llevaba esos refugiados antes de que se hundiera el barco. Con el dinero que se imprimió, se sobrevivió, pero los emprendimientos no se recuperan de un día para el otro, los trabajadores se dispersan, los empresarios pierden las ganas, y los mercados se reducen, especialmente si se encontraban en el exterior, con otra opción que nuestros productos. Claro que, afortunadamente, los productos agropecuarios, base del ingreso de nuestros dólares, siguieron saliendo en barco – que hoy es más importante eso de que “descendimos de los barcos”, cuando casi todos los vivos hijos de la inmigración que vino en paquebote son argentinos de varias generaciones-,

Lo que en castellano básico quiere decir que hay gente de clase media cuentapropista desesperada. Siguen en la isla desierta, pero no le llegan ningún tipo de víveres, y lo único que los salvan es la solidaridad familiar y de los amigos, y rebuscándosela con changas.

Si se quiere, un resultado paradójico para el Gobierno, ya que la Grieta funcionaba para retener a los votantes propios más con el tema de la vacuna (donde no le había hecho demasiada mella la cuestión del Vacunatorio VIP que indignó a los opositores, mientras se tardó en comprender (y todavía no se comprende bien) la maraña de la negociación de las vacunas, que fue el problema material -no ético- que postergó la vacunación anunciada.

Pero la clase media baja no está acaparada completamente por Juntos por el Cambio, muchos de esos votantes son peronistas o filo peronistas que oscilan entre el oficialismo donde está el mainstream del peronismo o alguna alternativa que no se inscriba en la dialéctica gorila vs peronchos. Obviamente, si los candidatos no son ostensiblemente peronistas, pueden también cosechar votos del polo no peronistas (como hicieron Francisco de Narváez y Sergio Massa respectivamente. Aunque al tener esas dos experiencias su bastión en los desencantados bonaerenses de clase media baja votantes del peronismo, los candidatos no peronistas le entraron por el medio exitosamente el “peronismo B” pudo configurarse como opción creíble en la provincia de Buenos Aires. Así logró el triunfo la hoy ex gobernadora desencantada con la provincia, María Eugenia Vidal, perdiendo en el 2019, pese a sacar más votos que en el 2015, pero enfrentando al peronismo unificado (y aquí tuvo algo que ver la negativa del entonces presidente Mauricio Macri a “cerrar” con Sergio Massa.

Y el gobierno, que no hace provisiones de nada, si muestra a veces reflejos para la política largando una batería obvia de medidas para su clase media baja conurbana, la cual quizás la principal fue salir de la posición política de mantener cerradas las escuelas del conurbano -solo para estar en contra de Horacio Rodríguez Larreta y también por ceder a la presión sindical. Claro está, justificado en un poco de estadística creativa, que siempre ha sido un fuerte kirchnerista, y no importando retroceder en chancletas y de rodillas. Así se pasó de la “presencialidad mata” a “la presencialidad educa (más)”. Lo divertido es que no le avisaron al Señor Ministro de Educación de la Nación, Nicolas Trotta que se despachó tildando de “irresponsable” a Señor Jefe de Gobierno de la Benemérita Ciudad de Buenos Aires, apenas hora que se conociera la decisión del Gobernador Kicillof.

Las encuestas demuestran esa tradición del votante peronista bonaerense que no se mueve hacia el otro polo político, sino que, a la espera de las elecciones, queda en el limbo del no sabe o no contesta (que hoy están “huérfanos de la política” para parafrasear el título de un artículo de ese gigante de las ciencias sociales argentinas que es Juan Carlos Torre). Si llegado el momento de colocar el voto en la urna, hay en la góndola un producto no gorila (mejor que el oficialismo) ese elector, hoy huérfano quizás lo vote. Cosa que hoy está verde, en la iniciativa de Florencio Randazzo, aunque madurando.

Pero como todavía falta tan poco para las elecciones (porqué aquí en ese poco tiempo puede pasar mucho) es mejor que cada fuerza se aboque a lo suyo y no den ganadas las elecciones (que eso ha sido la clave, precisamente, para perderlas).

Luis Tonelli

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