Jueves, 29 Julio 2021 12:27

La auto fagocitación de la argentina - Por Luis Tonelli

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La Argentina es un país donde TODO puede pasar, pero finalmente, TODO sigue igual. Deberíamos decir que es un “país donde todo puede pasar, incluso NADA”. Y finalmente, como pasa de todo, no pasa nada. Seguimos en nuestra deriva, que da como resultado un vector siempre descendente.

 

Me doy cuenta de que todo esto manifiesta una ausencia inquietante de un elemento ya de por sí maldito en nuestra historia. Que es el de “límite”. Ausencia de la que hablaba Ortega y Gasset cuando nos alertaba sobre el peligro de instalar esa contemplación del infinito que era mirar al mundo desde la Pampa: el horizonte siempre presente, sin que se interpusiera nada. Todo futuro, nada presente. Todo realizable, nada realizado.

 

Y hoy, en la ausencia brutal de la idea de futuro, ponemos reversa, pero aplicamos el mismo método, solo que ahora conduciendo por el retrovisor. Como el Angelus Novud de Klee, de quien Walter Benjamin imaginaba que volaba mirando hacia atrás la historia de horrores de la Europa de la Guerra y de los campos de concentración. La Grieta como ejemplo absoluto de intensidad nimia. Discutimos infinitamente reinterpretando lo que pasó. Una disquisición sobre el culpable de nuestras tragedias pasadas, lo que se convierte en garantía absoluta para que la tragedia descomunal presente se haga cada vez más enorme.

Decir límite era ir en contra de lo que considerábamos la quinta esencia de nuestra argentinidad, un país bendecido por el cuerno de la abundancia, la isla de Utopía hecha realidad. Y en donde esa riqueza, imaginada y potencial, nos hacía ya sentirnos ricos. Y, si no lo éramos, era porque alguien se llevaba la “nuestra”. El “límite” era siempre represivo.  El límite era la dictadura, que en su afán de imponerlo había paradójicamente -como siempre sucede-, cruzado todo límite.

Ortega colocaba el acento en el problema de entronizar nuestra relación con un hábitat, la Pampa infinita, como el modo privilegiado de ver las cosas. Un punto de vista, si se quiere romántico y autoreferentemente intelectual, sobre nuestras cüitas. Pero nuestra historia no se inicia en las Pampas, pero si tiene que ver con los intentos políticos de como doblegar esa inmensidad territorial a la que se enfrenta la conquista española.

El descubrimiento de la plata del Potosí a mediados del siglo XVI resolvió la cuestión de los recursos financieros, por lo que el dominio obtuvo financiamiento fácil, convirtiéndose en un problema meramente administrativo, que se resolvió finalmente con el sistema de Intendencias, y a la postre, con la borbónica creación del virreynato del rio de la Plata. Paz y administración, diría Roca después, que lo demás viene solo. Limitemos la anarquía, y el nuevo límite solo el cielo lo será.

País de vacíos y burocracias, que encontró su contraparte ideal en la logocracia: el país como hijo de una epopeya pensada, de una aventura intelectual. El proyecto de una Nación para el desierto argentino.

La infamous burguesía pampeana, se nos presenta así, no como la clase hegemónica que supimos destruir, sino simplemente como la gallina de los huevos de oro que encontró esa conjunción de burócratas e intelectuales que fue nuestra Argentina inicial. Las libertades y garantías como un instrumento de progreso, no como un principio ético.

La constitución estadounidense fue escrita por los farmers. Aquí, por nuestra clase política en ciernes. Intelectuales y burócratas, pensando el problema desde arriba. Si por algo se caracteriza la Argentina es por la ausencia de una dirigencia social que resulte un límite natural a la actividad política, que consiste en siempre decir que SI.

Sin límites en la sociedad civil, que es creada aquí desde arriba, desde el Estado. En los westerns la caballería entraba en el último minuto para salvar al Little Boy. Aquí entra primero, para crear ciudades, y poblaciones. En los países capitalistas, el si de la clase política encuentra el límite que le impone la clase dirigente de la sociedad. Aquí es al revés.

Todo se vuelve política, y la actividad privada consiste tanto en aprovecharse de ese “si” fácil del Estado como esquivar su larga mano extractiva. La plata del potosí puede ser reemplazada por el trigo, la carne, el petróleo patagónico, o lately, la soja.

Todos somos clase política, todos somos piqueteros y sucede lo que no podía ser de otra forma. Nos eautofastamos fagocitado a nuestro país.

Luis Tonelli

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