Viernes, 19 Noviembre 2021 06:11

Motivos razonables de una celebración paradójica - Por Jorge Raventos

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El diario español El País, que no milita en la grieta local, publicó el lunes 15 un título que revela tanto ciertas expectativas opositoras que las urnas frustraron, como la alegría oficialista por haber evitado un desastre mayor: "Una remontada electoral inesperada mantiene con vida al peronismo", puso. Evidentemente, hubo "remontada", aunque no fue suficiente para evitar la derrota.

 

Pero ¿estaba a punto de morir el peronismo? Esa partida de defunción se empezó a escribir (fallidamente) incluso antes de que el peronismo existiera: el 10 de octubre de 1945, cuando el presidente Farrell ordenó la detención de Juan Perón, su secretario de Trabajo y Previsión, el diario Crítica tituló "Perón ya no constituye un peligro para el país". El peligro se haría patente siete días más tarde. 

La tradición político-organizativa del peronismo consiguió el último domingo movilizar a un gran número de votantes que se habían abstenido de concurrir en las primarias y que ahora participaron. Aunque estos comicios fueron de los menos concurridos de la etapa democrática, la participación creció más de un 3 por ciento entre septiembre y noviembre. Y la proporción más grande de ese incremento de votantes sumó sufragios al Frente de Todos.

Por caso, en la provincia de Buenos Aires Juntos por el Cambio obtuvo el mismo porcentaje que en septiembre, mientras el Frente de Todos mejoraba su cuota en un 2,5 por ciento; en la Capital, Juntos por el Cambio retrocedió en su porcentaje un 2,6 por ciento, mientras el Frente de todos recuperaba 0,6 por ciento (y Milei, un 3 por ciento).

El oficialismo consiguió revertir el mal trago de las PASO en Tierra del Fuego y en el Chaco (donde recuperó el primer puesto), en comunas del conurbano como Quilmes y San Martín. Y, si se quiere, en territorio bonaerense aun perdiendo la elección consiguió una victoria legislativa importante al recobrar el control del Senado provincial que, ahora empatado en números, deja el desempate en manos de la vicegobernadora Verónica Magario.

Es cierto que esos son consuelos menores ante los golpes recibidos. Un soldado de guardia que captura al último de cien invasores enemigos no podría aspirar a una medalla al mérito. El gobierno de Alberto Fernández celebró como una victoria una elección en la que perdió el control del Senado, fue derrotado por 9 puntos en el cómputo general, cayó en los distritos más poblados y económicamente competitivos y en la mayoría de las capitales.

No es menos cierto, sin embargo, que evitó que el desastre sufrido en las primarias de septiembre se agigantara, ahora en el comicio "de verdad".

La euforia oficialista que escandalizó a algunos analistas tiene ese trasfondo: la Casa Rosada temía una debacle y, en la vereda de enfrente, una legión de adversarios jubilosos vaticinaba (y se preparaban para festejar) la añorada muerte, no del mero kirchnerismo, sino lisa y llanamente del peronismo, el "hecho maldito" nacido "hace 70 años" como solía contabilizarse hace un tiempo. Y fue la resistente vitalidad del fenómeno peronista la que, pese a su crisis de liderazgos y al desconcierto que cunde entre sus representaciones, hizo posible "la remontada". Por eso el festejo. Por eso y porque la remontada barría a un costado si no a todos, sí a muchos importantes "mariscales de la derrota".

Ganadores y perdedores

En el ranking de ganadores y perdedores del oficialismo hay que contabilizar como perdedor neto al kirchnerismo: al descalabro que habían producido las cifras de las primarias en el sistema de poder vigente se sumó el daño autoinfligido a través de las iniciativas de la señora de Kirchner (amago de renuncia de la parte adicta del gabinete nacional, obstáculos a la gestión económica) y ahora la pérdida de confort de la vicepresidenta en un Senado que pierde su control automático. La Cámpora quedó al margen del acto peronista del miércoles 17. El cristianismo está aislado.

Alberto Fernández, que por errores no forzados y por ausencia de decisión fue derramando el poder que le otorga el cargo, adquiere quizás una nueva ventana de oportunidad en la nueva etapa. El debilitamiento relativo del kirchnerismo le vuelve a ofrecer la posibilidad de poner la institucionalidad presidencial al servicio de una apertura política y de una reconstrucción del sistema. Gobernadores, intendentes, movimientos sociales, sindicatos esperan que el presidente reoriente, convoque y tome decisiones. El acto del miércoles, lanzado desde la CGT, quizás es un primer movimiento en esa dirección. A diferencia de lo que hizo después de las PASO, cuando frenó una movilización convocada por el movimiento Evita en defensa de la institución presidencial, esta vez Fernández respaldó el llamado y pareció jubiloso de subirse a él. En su discurso adelantó que los cargos electivos del peronismo no se decidirán por el dedo de nadie, ni por vía de "los aparatos", sino por la elección de los afiliados.

Sobre los movimientos sociales, la CGT y los poderes territoriales recae ahora un peso mayor. La organización que ellos proveyeron para la remontada muestra que están dispuestos a jugar ese partido.

Entre los gobernadores que ganaron en sus provincias (incluyendo a los que ganaron relativamente, como el cordobés Juan Schiaretti, cuya fuerza quedó lejos de Juntos por el Cambio, pero muy arriba del kirchnerismo y que, además recuperó un senador propio) puede haber competencia en el horizonte por legítimas ambiciones políticas, pero en primera instancia están empujados a promover políticas que fortalezcan una transición constructiva durante estos dos años.

No hubo una presencia notoria de gobernadores el miércoles en Plaza de Mayo. Es posible que esa irrupción se haya postergado hasta que se pueda garantizar una presencia medianamente masiva y calificada de mandatarios. En esta ocasión seguramente era difícil o prematuro para Schiaretti (o para Bordet, o para el santafesino Perotti) participar en una manifestación cuyos límites y alcances se desconocían previamente (aunque era notorio que los organizadores habían dejado fuera de la invitación al cristinismo, las vacilaciones y cambios de dirección previos de Fernández no les ofrecían demasiadas garantías).

Lo que es indudable es que el envión iniciado el miércoles necesita, para prosperar, sostenerse en un rol creciente de los gobernadores.

Los intendentes del conurbano, que recuperaron para el peronismo parte del caudal electoral perdido en los últimos dos años, adquieren también un peso que se ejercerá sobre el gobierno provincial de Axel Kicillof. De hecho, eso ya está ocurriendo.

El centro de los aparatos políticos deberá ceder protagonismo a las periferias. La dimensión federal estará presente en los acuerdos internos e interpartidarios que se empiezan a discutir ya mismo.

Números y miradas de la oposición

En la oposición los resultados tienen algunos aspectos paradójicos. La diferencia alcanzada en los cómputos aumenta la exposición y empuja al conjunto hacia una necesaria asunción de responsabilidades, un tema que genera tensiones internas (entre los más propensos al diálogo y los más intransigentes)

Horacio Rodríguez Larreta fue un gran ganador, porque la jugada de imponer candidatos en la provincia de Buenos Aires y en la Ciudad autónoma (Diego Santilli, María Eugenia Vidal) terminó bien. Sin embargo, la remontada del Frente de Todos en la Provincia amenazó la victoria de Santilli y pudo haber frustrado la operación de Larreta. Suspiro de alivio en la calle Uspallata, pero también debilidad mayor en las negociaciones que se avizoran.

En la ciudad de Buenos Aires las cosas tampoco anduvieron óptimas. La victoria disimula los defectos, y mucho más si se produce con tanta ventaja como la que obtuvo María Eugenia Vidal sobre Leandro Santoro. Pero: ella no pudo llegar al 50 por ciento a que aspiraba y, además, perdió porcentualmente en comparación con el resultado de las PASO, dos datos que Patricia Bullrich facturó antes de que el gallo cantara tres veces. Que lo que perdió Vidal haya sido una cifra similar (3 por ciento) al crecimiento de Javier Milei entre uno y otro comicio podría sugerir que, a su manera, Mauricio Macri y Bullrich fueron triunfadores indirectos el domingo: ellos levantaron las barreras para facilitar el tránsito de votantes del PRO al postulante de la línea "libertaria", quizás interesados en que el previsible triunfo de Vidal no fuera arrollador y no aportara al fortalecimiento de Larreta. Tanto Macri como Bullrich son competidores de Larreta y Vidal para 2023 y han trabajado con ese lejano objetivo en esta campaña.

El radicalismo ha crecido en fuerza política y en candidatos potenciales dentro de Juntos por el Cambio, lo que augura una competencia fuerte por la fórmula presidencial dentro de dos años.

El empate virtual institucional dictado por el escrutinio empuja hacia acuerdos responsables para repechar la crisis. En primer lugar, hay que resolver la deuda con el FMI.

Alberto Fernández pidió una actitud patriótica de la oposición, quejándose de la autoexclusión del diálogo que expresaron Mauricio Macri y Javier Milei. Macri había definido como "un acto oportunista" el llamado a dialogar que empezó adelantando Sergio Massa y que el presidente confirmó el miércoles. Fernández prefirió centrar su crítica en Macri (subrayando su relación con Milei), antes que, en Patricia Bullrich, que es institucionalmente jefa del PRO. O que, en Horacio Rodríguez Larreta, a quien espera tener como interlocutor próximamente.

Golpear a Macri, por otra parte, permitió establecer una exclusión simétrica a la que había insinuado Larreta unos días antes. El jefe porteño admitió que había cosas que dialogar con el oficialismo, pero puso una barrera a Cristina Kirchner. Fernández hizo lo propio con Macri: más allá de cómo sean los hechos cuando llegue la hora, esas dos declaraciones son una coincidencia: ambas apuntan contra las figuras emblemáticas de la grieta.

Responsabilidad y nueva etapa

En sus discursos del domingo 14 y del miércoles 17, Fernández empezó a dar forma a la nueva etapa. Anunció que pondrá a discusión con las fuerzas políticas, económicas y sociales tanto un proyecto de presupuesto plurianual, como un listado de asuntos sobre los que espera alcanzar acuerdos. En ese listado está, implícitamente, lo más importante: el acuerdo con el FMI. Desde la derecha, el liberal Espert adelantó que él lo votará, porque "sin ese acuerdo, el país se incendia".

¿Acaso Juntos por el Cambio puede rechazar ese acuerdo? Una actitud de ese tipo es impensable, por el costo político que le demandaría. Habrá, seguramente, manejo político. Los halcones de Cambiemos quieren saber si Cristina Kirchner y sus seguidores lo respaldarán. ¿Y qué pasaría si no lo hicieran? No es imposible que sectores del cristinismo prefieran "quedarse con la bandera" de la intransigencia. Es improbable que la señora de Kirchner acompañe ese comportamiento. Pero (inclusive) si eso ocurriera, ¿podría el PRO oponiéndose o absteniéndose obstaculizar el arreglo con el Fondo?

Se requiere, es obvio, una conducta responsable y patriótica. El llamado círculo rojo se encargará de recordárselo a todos los actores.

En principio, a quienes ejercen el gobierno. También a la oposición, que tiene derecho a pensarse como posible gobierno en dos años a la luz de los resultados del domingo. Del mismo modo se exige responsabilidad de los sectores de la producción y el trabajo.

La patria necesita el esfuerzo y la conducta de todos. Hasta el domingo último la intransigencia pagaba réditos electorales. A la hora de gobernar se requieren otras cualidades.

Jorge Raventos

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