Viernes, 10 Diciembre 2021 12:19

¡El que pierde, gana! ¡y el que gana, pierde! - Por Luis Tonelli

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La Argentina se ha vuelto un país tan paradojal, que hasta el absurdo festejo al que convocó el Presidente, luego de haber perdido por paliza en las elecciones legislativas, aparece ahora como la convocatoria de un visionario.

 

Ambos colectivos políticos, el Frente de Todos, la etiqueta bajo la cual se cobija el archipiélago personalista del panperonismo y la coalición opositora, Juntos por el Cambio, están cruzados por una fuerte tormenta internista, no desde ahora, sino uno podría decía que ella nació desde el día que se organizaron. 

En el peronismo, la interna es más sencilla, aunque no por eso menos intenso o más fácil de domar. El Frente de Todos se caracteriza por su carácter invertebrado. Manteniendo su idiosincrasia movimientista, la disputa es más entre personajes, que, entre partidos asociados, quedando su principal corporación-sostén, relegada por no tener un candidato que aspire a ser presidente, más o menos presentable.

Por su parte, La Cámpora, en su carácter cuasi clandestino, al hacer como si estuvieran viviendo en la clandestinidad necesaria de los 70´tiene como líder fundamental al hijo de la viuda de Kirchner. Y ahí no se discute más. La gran divisoria es entre territoriales que quieren tener peso nacional, y figuras nacionales que pretenden tener arraigo territorial. En el medio, aparecen dos líberos: Alberto Fernández y Sergio Massa.

El agregado oficialista, si ha evidenciado algo, ha sido su dificultad para constituirse en una fuerza de gobierno. Casi, irónicamente, se puede decir que Frente de Todos ha a-gobernado estos dos años. La fuerte interna entre el Presidente Alberto Fernández y la vice presidenta Cristina Fernández ha paralizado al proceso de toma de decisiones a punto de que el Frente de Todos no ha podido aprovechar la cuasi-mayoría legislativa que ostentó en estos dos años.

EL Hiper-vicepresidencialismo ha sido fundamentalmente simbólico y retórico, costándole a la vicepresidenta dirigir el gobierno presidencialista de Alberto Fernández desde su cuenta de Twitter. Por su parte, el Presidente maneja solo la lapicera para firmar, a la que muchas veces le falta tinta propia. Sin embargo, no se necesita de ella para no firmar y hacer que las propuestas enviadas por los otros integrantes oficialistas duerman el sueño de los justos en el abismal cajón de la derecha del escritorio presidencial. La idea de Alberto como Chirolita de Cristina ha sido una fantasía opositora y mediática exitosa, que no se ha manifestado ni desde el discurso de asunción presidencial. Pero esto significa que el presidente haya tenido poder, sino incluso todo lo contrario.

En la oposición ya se registra un enmarado embotellamiento de los que ya se anotan a la carrera presidencial que tendrá lugar en el 2023. Y cada fuerza política tiene varios candidatos presidenciales, y dado que todos se encuentran en estado embrionario, todos creen que pueden llegar, así que la lucha es despiadada. Por el momento, los dos presidenciales más nítidos provienen del PRO: el ex presidente Mauricio Macri, quien busca revancha después de haber perdido su reelección, en un hecho casi inédito en América Latina. Por el otro lado, está el delfín obligado en una fuerza fundamentalmente mediática: el Jefe de Gobierno de la ostentosa CABA, que le proporciona recursos solo el Gobierno Nacional supera.

Pero esa meta a futuro no aplaca, sino que aviva la interna dentro de cada fuerza por su conducción. La interna en el PRO es la interna por su alineamiento entre esas dos candidaturas “naturales”, lo que no evita que Patricia Bullrich se anote en ella, como muleto de los halcones por si Mauricio opta por descansar y pasar las tardes jugando al golf y merendando con Awada, tal como lo hizo durante su presidencia. R582|1234esz

En el radicalismo, tal interna repercute y fuerte, y es en relación a ella que se alinean incluso los candidatos presidenciales propios, aun los que declaman más su independencia y la necesidad de llevar un candidato propio. Sin embargo, la presente conflagración interna, que ha tenido una cobertura mediática comparable con la ruptura que generó Chacho Álvarez al renunciar a la vicepresidencia durante el gobierno de la ALIANZA es un producto vernáculo radical, que no necesita de ningún estímulo externo para dedicarse a la razón de su vida, que es la interna partidaria.

LA UCR sufrió una tragedia en 1989 -a la par que el país-, toda una generación de jóvenes que habían tenido una participación tan rutilante como prematura en el Gobierno de Raúl Alfonsín quedaron marginados de protagonizar ellos mismos la disputa electoral por cargos mayores. Pero su peso relativo era tan poderoso, que el radicalismo gracias a su permanencia pudo hacer un aporte importante a la consolidación de la incipiente democracia. Pero también, sin candidatos se convirtió en un partido burocrático democrático. Su importancia estaba dada por una conducción nacional que manejaba su relación con el oficialismo peronista, y luego con la conducción del PRO, cuando le tocó ser oficialismo.

La conformación de un bloque propio, por parte del sector de Lousteau, Yacobitti y Nosiglia de estos días del bloque de diputados fue exagerada como “se rompe el radicalismo”, o incluso se disgrega Juntos por el cambio, por los periodistas interesados. Cuando se trata de uno de los hechos más habituales de la política legislativa, teniendo varios sub-bloques Juntos por el Cambio, y habiendo protagonizado rupturas de este tipo incluso los que se victimizan esta vez como si se estuviera rente a una tragedia nacional -Gerardo Morales le rompió el bloque de senadores a Alfonsín luego del 2001, y Mario Negri se presentó por fuera del radicalismo en las elecciones a gobernador por la gobernación de Córdoba en el 2019.

La disputa se basa especialmente en el manejo discrecional que hacen las autoridades del bloque sin que de ella tenga participación la minoría partidaria. La rosca se relaciona con los que configuraron al radicalismo como un partido que tiene su poder en ser impotentes a nivel presidencial, pero tallando a nivel nacional, los que le ha permitido florentinamente una supervivencia importante.

Las huestes de Lousteau -tal como Alfonsín lo hizo en 1983- quieren apostar a ser una alternativa de poder, y choca frente a los han ganado perdiendo, y disfrutan una peculiar zona de confort en la derrota.

Por eso, y paradójicamente, la derrota del proyecto para hegemonizar el Frente de Todos, que sufrió Cristina Fernández y La Cámpora en las legislativas pasadas, le ha dado algo de aire al Presidente (hasta nuevo aviso) siendo el fracaso en las urnas un resultado querido por los Intendentes y Gobernadores, que no movilizaron con todos sus recursos al electorado tradicionalmente peronista, los sectores e populares de su electorado.

Y en el radicalismo, el haber aparecido nuevas figuras (gracias a las P.A.S.O.) en las provincias y en la Ciudad ha desestabilizado la hegemonía de los sectores tradicionales. Y es natural que cuando la interacción que se venía dando ya no puede contener a lo emergente, surja la crisis. De esto sabía bocha, un barbudo originario de Tréveris, al que se lo veía seguido en un pub cerca de la British Library de Londres, haciendo gala de un fuerte acento alemán. Pero eso fue hace tanto tiempo y tan lejos que no tienen por qué tenerlo en la cabeza los que se sorprenden de los acontecimientos radicales. 

Luis Tonelli

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