Viernes, 24 Diciembre 2021 15:00

Gerundio perfecto - Por Luis Tonelli

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La Presidencia de Alberto Fernández pareciera estar basada en la afirmación de los pragmatistas estadounidense que sostenían que a los problemas se los olvida por ser reemplazados por nuevos problemas, antes que por haberles hallado solución. Con la pequeña diferencia que aquí los nuevos problemas se suman a los viejos, que siguen siempre presentes.

 

Si en los dos primeros años de Gobierno, contando con un poder de fuego superior en el Congreso, y con las manos libres que le dejó el manejo de la pandemia, es difícil encontrar un gol límpido y claro que haya embocado Alberto en el arco, uno no puede sino preocuparse de cómo serán los dos años que le quedan sin esas capacidades. 

Siguiendo con los pragmatistas (John Dewey, Williams James, Charles Peirce) hay ciertas locuciones que tienen la particularidad de generar hechos, tema que sería profundizado por John Austin con su teoría de los actos de habla: los speech acts perlocucionarios tales como “Te prometo”, generan al momento de enunciarlos también un hecho.

En cambio, en el gobierno de Alberto, toda acción de gobierno se convierte en un enunciado vacío, y que es conjugando en un “gerundio “perfecto”.  Así, el lema del gobierno parece ser “hay que ir llevándola”. ¿Adonde? Bueno, a ningún lado, solo llevarla.                                                                                          

La forma que ha encontrado el Presidente de sobrevivir paradójicamente es no gobernar. Tomar una dirección concreta, en una coalición tan heterogénea y contradictoria como el Frente de Todos, sería desatar una interna destructiva, ya que ningún sector ni ninguna personalidad, aparece con la capacidad de imponerse a los demás.

La heterogeneidad del Frente de Todos, alimenta un ciclo interminable a su interior, en donde nadie finalmente decide. Alberto, Cristina y La Cámpora, Massa, los gobernadores, y muchísimos jugadores menores, dan la posibilidad de coaliciones contradictorias y cambiantes que se auto anulan. Lo que se conoce matemáticamente como “intransitividad”: A le gana a B, B le gana a C, pero C le gana a A. Todo puede pasar y, entonces, no pasa nada.

Una de las últimas estampas del año político, el debate sobre el presupuesto, amenaza con ser el modo en que se den las cosas en la segunda parte del gobierno Fernández & Fernández. Todos se supieron ganadores: la oposición por haber bloqueado un presupuesto “imaginario”, La Cámpora, por haber dinamitado la resolución de un acuerdo con el FMI, los gobernadores, porque siempre ganan en la negociación sin reglas, y Alberto Fernández, porque puede el al FMI y decirle “Cristalina, los nenes malos de la oposición me bloquearon el presupuesto, tenerme paciencia y lo vamos viendo”. A lo cual, la mandamás del FMI respira agradecida, porque no tiene que llevar una propuesta impresentable al board de su organismo, que a esta altura no quieren encontrarse con la Argentina ni en Wikypedía.

Todos ganaron, menos el país. La acumulación de problemas, y el seguir haciendo las cosas como siempre, lleva que esa supervivencia al costo de no gobernar haga que todos los días estemos peor. No se trata de un cero a cero, que da empate. Esta es la calma chicha que enfrenta un velero cuyos tripulantes se están quedando sin víveres.  Tiempo ganado, es así tiempo perdido.

De todos modos, Alberto, sabe que su gobierno es malo pero que todas las alternativas a su presidencia son peores para todos. Y así discurren sus días en la Casa Rosada, gerundiando, que es también jugar con fuego. Hay que ser muy hábil para no quemarse.  Adentrarse en semejante incertidumbre global sin el sello IRAM del FMI y sin soja, es estar siempre a tiro de una corrida, sin las reservas en el Banco Central necesarias para apagar el fuego antes de que se expanda.

Y en esta lógica de la supervivencia, el Gobierno se entusiasma con una nueva suba de precio de las commodities (siguiendo la ancestral línea de que “con una buena cosecha, nos salvamos”. Y si no, la idea es sobrevivir, y pasarle la bomba activada a los que se atrevan a diputar la Presidencia.

Claro que para eso faltan dos larguísimos y difíciles años.

Luis Tonelli

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